
Segundo esfuerzo para los chicos suecos de Myronath. El dúo de miembros originales Bjarkan (guitarras) y Hellcommander Vargblod (bajo y voz) se ha visto complementado ahora por las adiciones de Myrkheim (guitarras) y Fredrik Andersson ex de Amon Amarth o Therion Fredrik Andersson a la batería. La banda, por aquél entonces en formato dúo, editaría bajo el paraguas de Non Serviam Records un “Into The Qliphoth” no del todo mal recibido por los medios especializados para volver ahora con un segundo álbum de donde la ambición parece haberse agrandado con respecto a aquél trabajo del mismo modo en que lo ha hecho su propia alineación. Es el jovencísimo sello noruego Hellstain Productions quien edita este “Djevelkraft”, grabado el pasado otoño en el Endarker Studio bajo la atenta mirada del ex-Marduk Devo Andersson (The Legion, SubRosa, Dødsfall…).
Viniendo de Suecia y contando con Devo en controles, cuesta poco adivinarle las intenciones a una “Evil Unchained” que no hace más que honrar su propio nombre. Black incesante, trotón, directo y muy funcional para abrir un disco que rozará la hora de duración. La producción del que fuera bajista de Marduk otorga aquí el debido protagonismo a todos los instrumentos, en detrimento de producciones más edulcoradas o pomposas tan en boga últimamente. Directo y al pie, con el dinamismo suficiente en una escritura nada arriesgada pero bien trazada en su alternancia entre lo atmosférico y lo veloz. Un muy buen arranque. “She Who Dwells In Flames” constriñe su duración y, no obstante, ofrece grandes detalles en lo técnico, primer tercio mediante, y siempre una escritura fresca y atractiva. Dinámica incluso, apoyada casi siempre en el incesante doble bombo de Fredrik Andersson. Algo más grandilocuente en su epílogo y siempre interesante.
Sin cesar en su black metal encendido y veloz, sí que se adivina una mayor carga melódica en una “Radix Diaboli” que resultará algo más plana en el aspecto compositivo pero cuyo tono otorga algo de aire a este, por otro lado, entretenido primer tercio de álbum. Más pesada y algo más marcial en su buen tronco central y más convencional conforme transcurre por su tercio final. “Effigy Of Malediction”, que adelantó al disco allá por el mes de febrero, tiene toda la rabia, el mal café y la velocidad de la escena sueca, alternada por pasajes lentos donde vuelve a emerger el recurrente doble bombo de Andersson. Sin parecerme, ni mucho menos, un corte fallido, sí que encuentro demasiados convencionalismos en escritura. Sí brilla, y de manera irreprochable, en lo ejecutivo, en especial durante el bien construido puente central que arrojará un contrapunto de mérito para finalmente confluir en un cierre con voces que guiñan al Attila Csihar de los mejores tiempos de Mayhem.
“Till Aska” oxigena en parte el tronco central del álbum apostando primeramente por un medio tiempo muy bien cuadrado que terminará salpicado del acostumbrado black metal encendido y poderoso de los suecos. En la forma de variar, levemente, el tono del disco, está su mayor virtud, pero tampoco pasa por ser uno de los puntales del mismo que digamos. “The Sword Of Satan” recuperará bríos gramáticos de comienzos del álbum, en gran contraste con su inmediata predecesora y aprovechando para entregar algunos de los pasajes más tranquilos y digeribles de todo “Djevelkraft”. Estupenda en el plano técnico, además, mientras configura la que es una de mis entregas favoritas de todo el trabajo.
Otro del par de adelantos fue este “Evigt Mörker” allá por el mes de abril donde hace acto de presencia todo lo mejor de una banda como esta. Su prólogo, sin alcanzar a ser extraordinario, funciona bien en base a la atmósfera creada, destila buenos detalles melódicos al tiempo que arrastra una melancolía hasta ahora desconocida en el disco. Igualmente su tronco central y su epílogo ejercen un fortísimo contraste no ya con el tema en sí, sino con todo el álbum. En definitiva una de las entregas más avezadas en lo gramático y más exógenas en lo tonal.
“To Walk The Paths Of The Dead” ahonda en esa faceta más explorativa que irrumpiera con “Evigt Mörker”, esta vez recuperando los aires marciales que ya entregara “Radix Diaboli” para ampliarlos hasta conferirle a este octavo corte una entidad propia y reconocible. Escritura clásica y simple pero una entrega más que notable desde el punto de vista técnico. Con “Reborn In Chaos” todo vuelve a la normalidad. Black rápido y cerril, abruptos cambios de ritmo e incluso algún toque d-beat para una entrega animosa, bastante convencional en su construcción pero cuyos bailes tonales funcionan con la precisión del mejor reloj suizo. El prólogo “In Regno Tenebris” apaciguará tanta mala baba para después entregar una de las escrituras más interesantes, por diversa, de todo el álbum. Aquí convivirán pasajes a medio gas con el d-beat y la cara más decididamente atmosférica. Fenomenal. El cierre vendrá dado por los algo menos de tres minutos de una “Beyond The Veil Of Death” donde reinará, por fin, la calma y el sosiego.
“Djevelkraft”, poder del diablo en el idioma de Ingmar Bergman, representa todo lo mejor del black metal sueco en los tiempos que corren. Todos sus tics, sus defectos y virtudes. Tiene un tercio inicial más poderoso, un tronco algo más apagado y un final más diverso. Apoyado casi siempre en buenos desarrollos técnicos y aportando dos o tres gramáticas no diferenciales pero sí bastante dignas, lo que tenemos al final es casi una hora del mejor black metal nórdico de nuestros días. Que no es poco.
Texto: David Naves