Reseña: Nothing Scared «No Gods» (Rockshots Records 2021)

Toda una resurrección la que hoy nos llega de la mano de Rockshot Records. Y no es la primera que acude a estas líneas. En este caso se trata de los australianos Nothing Sacred, nacidos como Vengeance en 1982, que evolucionarían a Heresy al año siguiente y, finalmente, abrazarían su actual denominación aquél mismo año. Y que estarían todo un lustro para firmar su debut en largo, aquél “Let Us Prey” de 1985, editado bajo el paraguas del ya desaparecido sello de Melbourne Cleopatra Records. En activo hasta el 89, La banda viviría un primer conato de reunión allá por 1993, para volver al off y regresar por fin en 2015. Ahora, seis años más tarde, y con la vieja guardia que conforman Karl Lean (bajo), Sham Littleman (batería) y George Larin (guitarra) más la savia nueva que representan Stu Bedford (guitarra) y James Davies (voz) nos llega este “No Gods”, que veía la luz a mediados de julio.

La inicial “Final Crime”, que junto con “Oracle” fue escrita para un hipotético segundo álbum de finales de los ochenta que jamás llegó a editarse, da el pistoletazo de salida a este “No Gods”, donde lo primero que llama mi atención es el infeccioso tono que exudan las guitarras. Llamativa es también la dualidad tonal de Davies al micro, así como la construcción de un corte tan clásico como directo y ganchero. En el habitual puente se situará la habitual avalancha de solos y en el epílogo toda la funcionalidad que se le presupone a un tema apertura que también fue adelanto del trabajo.

Virus” trae consigo un riff de raíces setenteras, así como un tono más apaciguado y tranquilo. El groove que arrastra la batería de Littleman y la buena línea vocal de Davies configuran un corte apenas decente en lo técnico, pero diferencial por por tono y de escritura agradable. “Cold Black” se constituye sobre un riff a la Judas Priest de primera mitad de los ochenta que se embrutecerá, aunque sin excesos, camino del puente. Ahí surgirá la cara más rocosa de los australianos para dar el debido apoyo a la consiguiente ración de solos. Muy lograda.

First World Problems” redundará en uno de los cortes más diversos en lo que a composición se refiere. Aquí conviven por igual thrash del más trotón con estribillos a medio gas y más que acertados y llamativos riffs de guitarra. Y todo mientras desprende una más que curiosa cadencia rockera que le sienta como un guante. De mis favoritas del álbum. Así las cosas, “Killing You” resultará mucho más clásica. Más comprensible para un disco que te han vendido como thrash metal. Y aún así, no dejará de ser algo peculiar, en especial durante estribillos, si bien sus estrofas son, en el fondo, puro Testament de su etapa más reciente. A ratos lo más academicista del álbum, sin alcanzar a aburrir en ningún momento. Al menos en mi caso.

False Prophets” baila continuamente en el alambre entre el clasicismo del corte que la precede y la escritura más rupturista de cortes como “Virus”. Todo ello aumentado, y de qué forma, por la curiosa serie de riffs en que se apoya. Buenos detalles técnicos en el puente central y un epílogo, cierto es, más formal y predecible. “Ice” recupera la faceta más acelerada del quinteto, para un thrash ligero, bien construido y disfrutón… pero breve. Es de hecho el corte más rácano de todo el trabajo y bien merecía algo más de desarrollo.

En “Cult” el tono es de nuevo apagado. Casi apesadumbrado en el registro de Davies. Medio tiempo conciso, técnicamente resultón y que tendrá en “Virus” su mayor rima en cuanto a tono de todo el trabajo. Es, además, una de las apuestas más interesantes y satisfactorias en el aspecto técnico. A mil millas de lo que te esperarías antes de echar a rodar el álbum y aún así relevante. “Oracle” recupera parte del vigor perdido, ofrece un más que agradable dinamismo en sus gramáticos y porta una de las líneas de voz más conseguidas de todo el álbum. Y algo de groove en su puente central, que se consolida como uno de los más curiosos de todo “No Gods”. Ojo a la línea de batería de Littleman en puente y tercio final.  Ejerce como cierre el que fuera otro de los anticipos, una “Stoner” que, como decía al principio, la banda ha tenido en barbecho durante más de treinta años. Y desconozco las mutaciones que ha podido sufrir con el paso del tiempo, pero cierto es que en ella se adivinan no pocas cadencias propias del rock y el metal de los años noventa, flirteando siempre entre el grunge y el thrash más pesado para ofrecer un corte muy curioso y que, al menos a quien escribe, le funciona. 

Sin medias tintas: quien acuda a este “No Gods” buscando única y exclusivamente un disco de thrash clásico y académico se puede llevar un chasco de proporciones bíblicas. Y sería una pena porque no estamos, ni mucho menos, ante un mal trabajo. Hay diversidad las más de las veces, cierto dinamismo incluso, apoyado por esa agradable variedad tonal que arrastra el disco a lo largo de sus 40 minutos. Y muy poco thrash, es verdad, si como tal entendemos las grandes catedrales del género que grabaran los no menos grandes nombres de los 80. Un álbum al que habría que llegar libre de prejuicios, y que si bien ya digo no resulta en ningún caso espectacular, sí que puede encontrar su propio nicho en las orejas de los menos prejuiciosos. Avisados quedan.

Texto: David Naves

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