Reseña: Bólido «Against The World» (Fighter Records 2021)

Años y años de leer la cantinela del “vengan a Chile” cuando los foros en internet eran una cosa, pues ahora es Chile quien viene a nosotros. Bólido, sí, proceden de Puente Alto, capital de la provincia de Cordillera, perteneciente a la región Metropolitana de Santiago. O eso me cuenta la wikipedia. Nacidos allá por 2012, operan a día de hoy como trío, el compuesto por Johnny Triviño (guitarra y voz), Vic Deimos (bajo) y Chris Von Daniken (batería). Debutarían en 2014 con un primer largo de nombre “We Are Rock” que les llevaría a firmar con Fighter Records tres años más tarde y, finalmente, editar su segunda entrega “Heavy Bombers”. Ahora en 2021 nos llega por fin su tercer trabajo, este “Against The World” lanzado al mercado por el mentado sello madrileño a mediados del pasado mes de junio.

El breve tema título inaugura esta fiesta y pronto queda patente el gusto del trío chileno por el heavy metal en su encarnación más primaria y elemental. Un viaje hacia la génesis de un estilo en tiempos recién escapados de los primeros álbumes de UFO, Scorpions o Judas Priest. Triviño sale vencedor de este sencillo y elemental primer corte no tanto con su registro, casi siempre tendente al gorgorito, como con una serie de riffs y melodías no memorables pero sí bastante funcionales. Introdujo al disco hace escasas fechas. 

MIG Alley”, nombre dado por los pilotos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos a la parte noroccidental de Corea del Norte, donde el río Yalu desemboca en el mar Amarillo (wikipedia), representa un paso más en todos los aspectos con respecto al corte inicial. Desde el aroma maidenesco que desprende su arranque hasta la extensa demostración de cualidades técnicas que inunda su extenso puente. Un corte vigoroso, que adolece eso sí de una producción con algo más de pegada y consistencia. El prólogo de “Time To Be Yourself” marca el primer punto de inflexión del álbum. Es un viraje brusco hacia postulados más rockeros, escenificado en la tibieza que mostrará la guitarra de Treviño aquí y que engrana mejor con la producción del álbum. Ligera, agradable y hasta cierto punto ganchera. Todo un acierto.

Angel In Black And White”, claro, vuelve al tono predominante del álbum para entregar un corte bien construido, de cadencia agradable y repleto de buenos detalles melódicos. Mucho de los Iron Maiden más clásicos y ecuménicos en estribillos y llamativo despliegue técnico durante el puente para otro corte con gancho, de los que anidan en tu cabeza durante días. “BHWF”, a excepción hecha del tema título el corte más rácano del disco en cuanto a duración, perpetúa el ideario de su predecesora, sin alcanzar a hacerme tilín igual que aquella. No tiene malos riffs, su línea vocal es decente y tampoco es que tenga una escritura cien por cien predecible y clásica, pero lo cierto es que no me engancha.

Mucho más ambiciosa, “In Dreams” representa el primero del par de saltos al vacío que contiene el disco. En primer término es un medio tiempo arrastrado y pesado, cimentado en la fina base rítmica de Deimos y Von Daniken y que habrá de marcar una clara disonancia con el resto del tracklist. En su tercio final virará hacia una suerte de metal acelerado y gritón donde resulta muy evidente la semblanza de unos Judas Priest de primera mitad de los ochenta. Al final volverá a la parsimonia inicial y dejará por el camino una de las entregas más curiosas y llamativas de todo el álbum.

Así las cosas, “Turbo” reconducirá hacia patrones más sencillos e identificables. Su escritura de trazo clásico y sencillo empuja a uno de los cortes más interesantes a nivel melódico de todo el álbum. Se pueden extraer de ella, además, buenos detalles en cuanto a ejecución, en especial durante el pegajoso acelerón que acometen en su estupendo puente central, al punto que uno termina disculpando su escritura evidente y tontorrona. En “Heartbreaker” regresa aquél gusto por el rock más elemental que destilaba “Time To Be Yourself” en otro corte de escritura sencilla que el trío salva en gran medida gracias a una notable labor en lo técnico. Tema parapetado en un punto indeterminado entre ZZ Top, UFO y Status Quo para regocijo de los más clasicistas.

El cierre será para el otro salto al vacío del álbum. Esto es, los veintialgo minutos de una “White Hell” cuyo prólogo pondrá en solfa la cara más épica del trío chileno. Épica en cualquier caso lejos del empalago y la sobreproducción, que no esconderá en ningún caso la buena escritura y la notable ejecución detrás del corte más ambicioso, al menos en cuanto a duración, de toda su carrera. Y aunque a la garganta de Triviño se le vean las costuras de tanto en cuanto entre tanta ida y venida, lo cierto es que Bólido han tejido un corte que pese a lo extenso de su escritura no aburre en ningún momento. Al menos en mi caso. Durante su estupendo tronco central, me vienen a la cabeza los Fates Warning de aquél maravilloso “No Exit”, pero también Rush en cuanto a la construcción de ciertas líneas vocales y Cirith Ungol por según que ambientaciones. Ambiciosa y extraordinaria en el más amplio sentido de la palabra.

Desde luego uno de los discos más interesantes y certeros que nos hayan llegado desde Fighter Records. Tiene su punto flaco, si acaso, en una producción poco lucida, que adolece de falta de pegada en no pocos momentos y desnuda a veces las carencias del trío chileno. Lúcida es, por otro lado, buena parte de la escritura y, casi siempre la ejecución, en muchos de los cortes. De manera muy pronunciada en “White Hell”, claro, pero también en “In Dreams”, “Angel In Black And White” o incluso aquella juguetona y clasiquísima “Heartbreaker”. En resumidas cuentas Bólido se sirven inteligentemente de cánones muy clásicos, en el punto justo entre la influencia y el abuso o el plagio  para tejer un disco que, pese a sus pronunciados peros, es capaz de vencer en su conjunto. Una más que agradable sorpresa.

Texto: David Naves

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