
Celia (batería), Iker (bajo) y Johny (voz y guitarra) forman el trío Crazy Keys, responsable de este “Mystical” que hoy diseccionamos. Gasteiztarras y hard rockeros, este segundo álbum cuenta con producción del Tierra Santa Dan Díez, ingeniero habitual de bandas como Aposento, Zenobia o Dünedain.
“Living In Sin” esconde la energía que desplegará el disco en un prólogo tranquilo, melódico y muy elegante, que virará más tarde hacia el más habitual hard rock de la banda vasca. Sencillo y bien armado rock añejo, donde conviven riffs fácilmente asociables a Thin Lizzy con una producción de Díez que supura verdadero clasicismo. Quizá por ello un tanto falta de punch, claro, pero que no emborrona el resultado final en ningún caso. Estupendo solo durante el puente y buenos adornos de ahí al final. Un buen arranque. “The Eye Of The Storm” entristece el tono a la par que lleva su gramática un par de pasos más allá. Es un corte a todas luces más abierto en este aspecto, más diverso, más amplio de miras, que pierde cierta visceralidad de su predecesora pero brilla más allá en cuanto a desempeño técnico. Escucha ese puente central más acelerado y reverberante y dígnate a contradecirme.
Es cierto que en “Wild Side” echo en falta un registro un tanto más aguardentoso que termine por cuadrar dentro de este hard rock directo y sencillo donde, por otra parte, brilla con especial fuerza la atractiva base rítmica que forman Celia e Iker. Mucho más predecible en cuanto a estructura, claro, pero igualmente digna desde el apartado técnico. Un tema que, intuyo, les podría funcionar muy bien sobre las tablas. “Strong For Love” vuelve a juguetear con el tono imperante, siguiendo en parte donde lo dejase “The Eye Of The Storm” pero a la vez divergiendo de ella en gran medida gracias a la forma en que la producción de Díez trata al sonido de guitarras aquí. Con mucho uno de los cortes con los que más he empatizado de todo el trabajo. Atrevido en su técnica y agradable en su estructura. Entretenido y estupendo.
“Mystical” encargada de dar nombre al disco, esconde en su corto desarrollo no pocas buenas ideas en el terreno compositivo, donde se atreve incluso a divergir con el leitmotiv imperante y acercándose con levedad a otros géneros, para finalmente culminar en un epílogo tan clásico y evidente como bien resuelto. “Nothing Lasts Forever”, revestida de una mayor carga arreglística, recupera el gusto por el hard rock más pomposo de finales de los ochenta en un corte cuyo tono más melancólico y apaciguado me resulta de lo más irresistible. Estrofas desnudas, mucho adorno y uno de esos estribillos que apenas a la primera escucha ya sabes que va a habitar en tu cabeza durante días. En contra, claro, que sus gramáticas resultan algo previsibles. Todo está donde debe, para bien o para mal.
El registro cristalino de Johny encuentra en esta “Close Your Eyes” uno de sus mejores acomodos. Habita mucha ligereza en el tono predominante que la impulsa, que a su manera prosigue donde lo dejara el corte anterior y que porta uno de los estribillos más certeros del disco. Tan elegante como melosa. Tan agradable como liviana.
“Save The World” reniega de tanta parafernalia para desnudar de nuevo su elemental rock duro y transitar hacia terrenos más setenteros donde, ahora sí, Johny enfanga su registro para un corte que es puro aguardiente. Agradable, además, por la forma en que recupera aquél brío compositivo que portaba el disco en su inicio y rematado con no poco lujo de detalles en el aspecto técnico. Un necesario chute de adrenalina tras el par de cortes precedentes y, pese a ello, para nada un corte previsible o conformista.
Con “No More Lies” me ha costado más empatizar. Curioso pues tampoco le adivino errores de bulto que convenga desterrar, más allá de su trazo simplón, pero hay algo en este sencillo y casual hard rock con lo que no termino de conectar. Más centrada por escritura y atrevida por tono me resulta la final “Under The Gun” donde todo me atrae. Desde el tranquilo piano que adorna su prólogo hasta el doble registro vocal que incorpora pasando por ese desvergonzado aire a lo “Blaze Of Glory” de Jon Bon Jovi que lo aúna. Brillante Johny a la guitarra aquí, guardándose para este corte postrero uno de los mejores solos del álbum y quedando en el aire la sensación de que estamos ante el mejor de los finales posibles para un trabajo de estas características.
No claro, no es un disco original. Ni lo pretende tampoco. Entrega todo aquello que prometió en primera instancia y por ahí sale vencedor las más de las veces. Pero también porque en sus canciones cabe más amplitud y sabiduría gramática de la que se pudiera intuir en un primer momento y no pocos desempeños técnicos de gran valor. A la contra una producción equilibrada pero a veces un poco por debajo de lo que me gustaría en cuanto a pegada, así como unas líneas vocales elegantes las más de las veces pero faltas de una pizca más de mal café. Con eso y con todo un trabajo dignísimo que debería ayudar al trío gasteiztarra a subir un par de peldaños más en una trayectoria que estaremos encantados de seguir.
Texto: David Naves