
Toca seguir escudriñando al death metal finés. El turno esta vez es para Mask Of Satan, cuarteto de la ciudad de Tampere formado por los enigmáticos M (bajo), O, (batería), S (guitarra) y Brother W (voz). La banda, que debutara en 2017 con el largo “Silent Servants – Chants of Lovecraftian Horror” (Star Spawn Society), regresa ahora con un segundo álbum bajo el brazo, este “Underneath The Mire” grabado en Womit Cave y Ravenbay Limbo Studios y posteriormente mezclado y masterizado por W. Horepreacher en otoño del pasado 2020. Adornado por el arte de Mortensis Artwork y estrenando logo cortesía de Jenglot Hitam, el sello mexicano Iron, Blood And Death Corporation se encargó de ponerlo en la calle el pasado 15 de julio.
“Ritualistic Incantation” hace buen honor a su nombre e inaugura el álbum con un prólogo ritualista y extraño para después propiciar un viraje hacia un clásico death a la sueca de patrones sencillos y riffs fácilmente identificables. No obstante bien construido en lo gramático, con especial acento en su tramo final, siempre plagado de notables cambios de ritmo y únicamente falto de un sonido con más pegada que unifique mejor el conjunto. Así las cosas, “Bloodmountain” añade más dosis de melodía a la mezcla, también de pesadez, situando a los de Tampere más cerca de paisanos suyos como Purtenance o Funebre, todo ello sin abandonar esas guitarras rasposas con las que identifican su propuesta. Deslizará cierto groove al cierre, confiriéndole una identidad tan poderosa como extraña, a lo que ayudará ese final desnudo y abrupto.
El curioso prólogo de “Languish” aún irá más allá en lo que a lentitud y pesadez se refiere, para después transitar hacia terrenos más reconocibles, donde una buena serie de riffs quedarán en parte empañados por una producción con una considerable falta de equilibrio. Y es una lástima porque es uno de los cortes que más me engancha de todo el disco. “Moonless Night (October 31st)” retomará donde lo dejara el corte inicial para entregar un death del de toda la vida. Corte que podría haber firmado Rogga Johansson en cualquiera de sus innumerables proyectos y que se mantiene a flote, de nuevo, gracias a una acertada composición y a una ejecución, si no excelente, sí al menos digna.
El buen inicio de “Bloodpact” caminará por una onda más death ‘n’ roll como si de unos Entombed post “Wolverine Blues“ se tratase, en un corte no obstante que ofrecerá algunos de los pocos blast beats del disco. A un tiempo afianzado gracias a su buena ejecución y al otro lastrado por una duración un tanto escasa. “Corpsewitch”, que introdujera al disco hace escasas fechas en forma de lyric video, traerá curiosamente uno de los riffs más extraños del álbum para un prólogo que encuentra difícil rima entre el resto de temas que le rodean. Después ofrecerá un death por momentos marcial pero sencillo, clásico, machacón y funcional.
“Abyssal Servant” juega al despiste en base a una gramática mucho más afinada de lo que su simplón riff inicial hace prever. Corte inteligente, desde luego no sorprendente pero sí de un mayor brillo que buena parte de sus coetáneos, más atmosférico incluso durante su tercio final y que dotará de una mayor versatilidad a este segundo de los fineses. “Underneath The Mire” es otra de esas que bien merecía algo más de desarrollo. Ese aire pesado, el buen riff que la adorna y ese transitar casi marcial confirman uno de los cortes más avezados del álbum, que como digo, se queda un tanto a medias por extensión. Duración que sí tiene la final “The Black Goat”, que representará la mayor apuesta de este “Underneath The Mire” por la pesadez y la crudeza. Ritmos acompasados, una estupenda línea de batería y un puente central más brioso y animado como puntas de lanza de un cierre tan poco sorprendente como efectivo.
Ideas de sobra conocidas las que plantea este segundo de los tamperinos. Bien trazadas las más de las veces y casi siempre faltas de una producción que empaste mejor el producto resultante. Bien es verdad que habrá quien aprecie ese sonido old school que derrocha el álbum, pero no es menos cierto que éste termina por empañar varias de las composiciones aquí reunidas. Un disco, finalmente, para los muy cafeteros, para auténticos espeleólogos del metal extremo nórdico.
Texto: David Naves