
Tercer disco y cierre de su particular trilogía para dúo doom Famishgod, esto es, Pako Deimler (Deimler, Dimenssion, Itnuveth, Morkulv…) y Dave Rotten (Avulsed, Holycide, Putrevore…). “Rotting Ceremony”, donde cuentan con la colaboración del guitarrista mallorquín Vicente Payá (Bis•nte, Unbounded Terror, Golgotha…) y que fue mezclado en los Moontower Studios (Barcelona) por el Balmog, Teitanblood o Körgull the Exterminator Javi Bastard (Altarage, Vidres a la Sang, Conjureth, Foscor, Lóstregos…), salió al mercado vía Xtreem Music el pasado 2 de septiembre.
“The Sun, The Death” no trae grandes sorpresas desde el plano tonal, oscuro y envilecido a conciencia, pero atraviesa por los suficientes detalles técnicos como para, aún en su lentitud y pesadez, mantenerse sabiamente lejos del letargo y el sopor. Implementa pequeños cambios de ritmo, donde relucirán buenas líneas de batería, todo siempre bajo el registro cavernoso y apagado de un Rotten en tesituras, claro, más cerca de sus desempeños en Golgotha o Putrevore. Algo más de luminosidad en su tronco central y apreciable acelerón final, en especial gracias al solo que emergerá durante el epílogo. Un arranque más que interesante.
Aún cuando su pequeño prólogo anticipa otro corte en derroteros oscuros y pesados, lo cierto es que “Ascension” no dudará en añadir algo más de luz a su tono imperante, sazonándolo además de una escritura más rica y diversa, lo que desde luego le resta solidez al tiempo que le suma carisma y gancho. Portadora de algunos de mis riffs favoritos de todo el álbum, en especial los que la encaminan hacia su tronco central, en suma termina convertida casi en un subibaja que amalgama muchos de los leitmotivs presentes en “Rotting Ceremony”. Y si bien su tronco central peca de predecible, si acaso de poco original, lo cierto es que no quita para que me parezca una de las entregas más certeras de todo el trabajo.
Al prólogo de “Fear Your Own Shadow” le restan eficacia esas guitarras de sonido un tanto comprimido, máxime tratándose del género que se trata. Su sonido, en líneas generales, peca de cierta falta de equilibrio. Nunca cerca de la catástrofe, es cierto, pero que empañan un conjunto que, por otra parte, vuelve a estar bien trazado y aún mejor ejecutado. La voz del vocalista madrileño ganará en matices mientras construye una de las mejores líneas de todo el trabajo sobre un corte, como digo, bien plantado, que pierde en diversidad lo que gana en solidez y buenas hechuras, a lo que ayuda una presencia más notoria del bajo en la mezcla, especialmente durante su tercio final.
“Deep Fall”, que fuera anticipo allá por primeros de julio, trae otro ejercicio de doom oscurecido pero ágil gramáticamente, en clara rima con la anterior “Ascension” y que, desde luego, vive lejos de la predecibilidad que suelen destilar los temas adelanto, resultando finalmente tan poliédrico y retorcido como le permiten sus casi seis minutos y medio de duración. Magnífico epílogo, por cierto.
Como queriendo contrarrestar la viveza estructural de su predecesora, “Rotting Paradise” surge pesada y monocromática en un prólogo denso y oscuro, envilecido, atroz. Con mucho la cara más descarnada del dúo, de nuevo con Dave alternando registros y a la que pronto se sumará un doble bombo en clara lucha por sacar a esta quinta entrega del letargo. Superada su primera instancia, vira dramáticamente hacia territorios, quién lo diría, más pegadizos. Siempre sin abandonar el escenario predominante pero llevando su propuesta más cerca de los márgenes del death metal más pesado. Interesante por sí misma pero además muy eficaz como contrapunto dentro del álbum.
El buen prólogo de “Crystal Palace” reconduce hacia trazos más lentos, desesperanzados y pesados donde Rotten habrá de oscurecer su registro, para después, en viraje un tanto brusco, irrumpa la cara más ¿animosa? de la banda. El contrapunto aquí vendrá dado por unas guitarras que llegarán a entregar riffs de corte machacón, casi marcial, inéditos hasta ahora. Y aunque su trazo me resulte nada brillante, está llevada a buen término con más que sobrado oficio.
La final “Earthly” será la entrega más extensa del álbum y también, a su manera, la más adornada del mismo. Da fe de ello ese prólogo de corte más atmosférico y, desde luego, reverberante, y la forma en que éste conducirá hacia el poco original pero más que efectivo mal café que surge después, donde por cierto, irrumpe una base rítmica perfectamente empastada y que echo a faltar en momentos anteriores. Enigmática por la forma en que se encamina al tronco central, con esos riffs casi monocordes, y más interesante después, en especial por cómo el registro más negruzco del vocalista de Avulsed colisiona a su vez con el contrapunto producido por las dos líneas de guitarra. Nada que Evoken y bandas similares no hayan hecho con anterioridad, claro. Eficacia por encima de originalidad.
Tercera entrega del dúo y la más rácana en duración, que no en oscuridad ni pesadez. Famishgod han echado el resto en pos de finalizar su peculiar trilogía por todo lo alto, y si bien hay ideas un tanto difusas o cortes un tanto predecibles, tampoco puedo decir que el conjunto me decepcione o me aburra. Como otros discos del jefe de Xtreem Music, es un trabajo de género con todos los pros y todos los contras derivados de ello. Algo disperso en cuanto a producción en ocasiones, nada revolucionario en cuanto a ideario, pero lo suficientemente bien escrito y ejecutado como para no resultar fallido ni redundante. Para fans de la banda en concreto y del doom más pesado en general.
Texto: David Naves