Reseña: Bloodyclerks «Doldrums Combustion» (Autoproducción 2021)

Bloodyclerks vuelven tras más de diez años desde su anterior trabajo de estudio, aquél “No Sun After The Storm” que viera la luz en 2010. La formación, actualmente un trío, la componen Vicente (teclados), Santi (guitarras, batería) y Óscar (guitarras, bajo). “Doldrums Combustion” se grabó en el Llofu Studio (Alicante) y Casarolina Studio (Valencia), para posteriormente ser mezclado y masterizado por la propia banda en el Casarolina Studio. Cuenta con fotografía de Juan Sáez (sombrasdelachina) y artwork del propio trío alicantino. En la calle desde el mes de abril.

Uno cae en la cuenta casi de forma instantánea con sólo echar un vistazo al artwork que adorna este “Doldrums Combustion” en que no está ante el típico álbum de doom metal. No ya por tratarse de un disco instrumental, que también, sino por la forma en que un tema apertura como “Yearning For Seagull Wings” transpira una calma apaciguada, teñida de tristeza y apuntalada por la dosis justa de atmósfera, rota abruptamente por un bien armado dúo de guitarras. La una con riffs no espectaculares pero desde luego sí concisos. La otra sobrepuesta con melodías de doom noventero en donde resonarán los ecos habituales. Anathema, Paradise Lost, My Dying Bride… Es relevante la forma en que construyen canciones extensas como esta de tal forma que no se hagan pesadas ni monótonas pese a lo acostumbrado que está tu oído a escuchar melodías como estas siempre aparejadas a una voz más o menos rugosa. Ahí resultará fundamental ese leve cambio de ritmo que experimenta alrededor de los cuatro minutos. Hay un tranquilo pero interesante solo de guitarra en este tronco central que tomará la delantera al resto de instrumentos. A medida que se encamina hacia su recta final, emergen unos bloodyclerks algo más virgueros. Igualmente en tonos tristes y apagados, pero en cierta manera más elegantes y efectivos. Lo peor, ese fade out final, pero de todos modos un estupendo arranque.

Vicente a las teclas hace suyo el buen prólogo de una “Under A Fender Skirt” que contrapondrá en este inicio guitarras eléctricas y acústicas, ahondando en el tono de su predecesora, tiñendo la composición de pura la melancolía y abatimiento, a caballo ahora del doble bombo de Santi y mostrando una gramática ágil, diversa, dueña de un dinamismo de riqueza innegable, a costa de lo cual resulta algo menos cohesiva de lo esperado. Y da igual porque en su estupendo tronco central, siempre bajo la fuerte atmósfera que propician las teclas de Vicente, se suceden algunos de mis momentos favoritos de todo el trabajo. Al igual que sucediera con el tema inicial, propiciados por la buena labor ejecutiva de Santi y Óscar a las guitarras. A destacar los contrapuntos melódicos que construyen en el largo epílogo y la forma en que se fusionan con todo el entramado atmosférico del trío.

Made Of Darkness And Light”, entrega más reducida del trabajo, resultará mucho menos poliédrica desde el aspecto compositivo. Y no obstante eficaz. Aquí emergen la solidez y la cohesión de la que que puedan adolecer los cortes más extensos y diversos. Y funciona además porque las interpretaciones rayan a buen nivel, y los riffs, más allá de algún que otro deja-vu, carburan y funcionan. La cierta relajación de su puente central y el buen trabajo melódico que atesora, no anticipan la pequeña serie de blast beats que surgirá a continuación, ni ese viraje tonal hacia territorios más descarnados y opresivos que surgirán ante de un epílogo más convencional y académico. Fenomenal en cualquier caso.

Con “Heartless Triumph” vuelven los largos desarrollos y el dinamismo gramático mientras persiste su apatía tonal y la sensación de tristeza y desencanto. Pero aquí hay cierta épica, entendida siempre desde el punto de vista del género, que me lleva a pensar en bandas monumentales como Evoken o Esoteric. Descarnada, casi furibunda, los riffs adquieren aquí una crudeza inusitada, brillando con inusitada fuerza por la forma en que se contraponen a toda la amalgama atmosférica de la canción. Desde el punto de vista puramente compositivo, es verdad que ese crescendo que anticipa el epílogo no cogerá de nuevas a nadie a estas alturas, pero no es menos cierto que está perfectamente escrito y ejecutado. Todo contrastará con la mayor luminosidad de un final con toda la pompa y el boato que un disco movido en estos tonos oscuros podría permitirse.

Mulsanne Straight”, en referencia imagino al circuito de Le Mans (pero si no, ahí abajo tenéis un bonito cajón de comentarios para sacarme del error), coge parte del luminoso final precedente para alumbrar un prólogo encendido y vivaz, prácticamente inédito en el disco y que no hace sino ahondar en la sapiencia gramatical de los alicantinos. Más adelante se irá por desarrollos más diversos, propios del par de temas iniciales, de tono igualmente apagado y donde se adivina una pesadez casi arenosa a tiempo que se encamina hacia su casi monolítico tronco central. De ahí al final vendrán buenos riffs de guitarra y una de las bases rítmicas mejor empastadas de todo el trabajo. Si bien es verdad que su epílogo no me resulta tan convincente como el de algunas de sus compañeras, acusando ya cierta redundancia rítmica, se mueve en cualquier caso lejos del error o el desastre.

El prólogo de “Hideaway Headlights” es de una elegancia casi magnética. Será por la forma en que el tono adquiere algo más de luz o por esa cumplidora línea de guitarra que atesora, pero lo cierto es que empatizo y conecto con él. También con las guitarras dobladas de después y, si bien es verdad que hay momentos en que parece avanzar un poco a trompicones, al final está resuelto con el suficiente tino ejecutivo como para no descabalgar del todo. A su tronco central lo salva un buen up-tempo justo cuando parecía derivar hacia el más burdo de los conformismos. Su epílogo, no obstante, sí resultará más predecible y acomodaticio.

Buenos contrapuntos tonales apuntalan el prólogo de una “Iconic Flyline” de riffs clásicos y académicos, que no obstante alimentan una producción más que interesante, donde vuelve a tomar gran protagonismo la cara más atmosférica del trío y donde se adivina de nuevo otra escritura elástica y diversa, infectada de bruscos cambios de ritmo, precisa como el mejor reloj suizo, bien adornada por las teclas de Vicente y que dejará por el camino varios de los momentos más intrincados de todo “Doldrums Combustion”. Una tímida línea de piano introducirá un epílogo donde aparecerá una mayor riqueza arreglística así como también la cara más insistente de su heterogénea forma de entender el metal.

Para el final queda esta “Another World Dreams”, cuyo brumoso epílogo bien merecía algo más de desarrollo, y al que desluce en cierta forma la abrupta irrupción de guitarras, base rítmica y demás. Engarza en cuanto a arreglos con el tema previo, aúpa al bajo en la mezcla y su trazo, siempre imbuido del obligado tono apagado y melancólico, sirve como eficaz resumen de todo lo oído previamente. Vicente hará suyo el build-up hacia el puente central, quedando éste en manos de la buena labor de Santi y Óscar a las guitarras. Su epílogo me resultará, además, de los más logrados del disco. Acertado desde el punto de vista melódico y perfectamente escrito. Buen final.

Estoy lejos de saber el mercado que pueda tener ahora mismo un disco como este y ya sólo eso les honra. Es habitual encontrarse con discos de doom metal que superan ampliamente la barrera de los sesenta minutos como este, pero no que lo hagan sin entregar líneas vocales de ningún tipo. Una vez salvada la peculiaridad, lo que resta es un ramillete de canciones entregadas las más de las veces a una más que meritoria agilidad gramática que contrasta, claro, con la sobriedad tonal que inunda el álbum. Yéndome un tanto por la tangente, un trabajo del que podría decirse que es un poco al doom metal lo que Liquid Tension Experiment es a Dream Theater.

Texto: David Naves

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