Nueva visita dominical a unos estudios por parte de Heavy Metal Brigade, que parece le estemos cogiendo el gusto, esta vez para escuchar el nuevo álbum de los prog/blues/hard rockeros asturianos Mad Rovers. “Times of Revelation”, que así se llama el recién nacido, se grabó en los Redgain Studios, con Carlos Suárez (guitarra, coros) al mando de todas las tareas asociadas, esto es, producción, grabación, mezcla y master. Con unas sesiones que abarcan ni más ni menos que desde febrero de 2020 hasta casi casi cuando servidor escribe estas líneas, mudanza de estudio incluida. Se espera que este nuevo trabajo de los asturianos vea la luz el 29 de octubre vía The Fish Factory Records.

Claro que la banda, que completan José Mora (batería, percusiones, coros), Javier de Coupaud (bajo, coros) y Miguel Vallinas (voz) no ha estado sola en este empeño, pues junto a ellos encontramos a Ángel Ruiz (pedal steel), Marija Krstevska, Guadalupe Bódalo y Marcos Nogueiro (coros), Pablo García (guitarra), Sergio Pevida (percusiones), Chema Menéndez (saxo, teclados) y Pepe Rodríguez (teclados).
Y lo primero que me llama la atención tras finalizar una primera escucha rápida es la riqueza gramática que desprende. Temas cortos y directos conviviendo junto a entregas más extensas o incluso aportes más intimistas. José y Carlos nos comentaban que la democracia es quien manda dentro del seno de la banda y por ahí quien ha salido beneficiado es este tracklist ágil, diverso, entretenido y casi diría audaz. Si incluso alguien con un background mucho más metálico como servidor es capaz de apreciar la magnitud que opera dentro del disco, intuyo que las gentes con un oído más hecho y unos gustos más cercanos a sus influencias le sacarán aún más jugo si cabe.
Acordes que hilan canciones, a modo de pequeños vestigios de lo que, en algún momento, llegó a concebirse como un disco conceptual, hilvanan toda una serie de influencias que van desde Queen a Black Sabbath pasando por Diamond Head, Rainbow, UFO o Alice In Chains. Incluso creí oír algo cercano a unos Porcupine Tree del “Deadwing” en la final “Jester And Puppets”, a falta de confirmarlas, o desecharlas, cuando tenga el álbum en mi poder y pueda darle unas cuantas vueltas cara a una futura reseña.
En cualquier caso, encontrarte con obras tan curradas y honestas como la que han tramado los chicos de Mad Rovers tiene un valor difícilmente mensurable, por no hablar del cariño que éste demuestra al rock en concreto y al mundo de la música en general. Que sí, que vale, que luego el disco podrá ser mejor o peor, gustar más o menos, arrancar o calarse. Que a veces pequeños detalles marcan diferencias casi insalvables y uno nunca sabe por dónde van a tirar el público y/o eso que llaman ‘la escena‘. Pero el trabajo y las horas que le han metido al disco están ahí y no se las va a quitar nadie. Once temas, cada uno de su padre y de su madre, que conglomeran un álbum de 70 minutos incapaz de aburrir, de un nivel técnico a tener en cuenta y de una riqueza en cuanto a detalles que uno no acostumbra a ver de forma habitual. Y estamos hablando de lo que uno pudo apreciar con apenas una escucha al vuelo. Escucha no exenta, además, de algún que otro contratiempo de última hora. Inconvenientes del mundo digital.
Desde luego y es innegable: un paso de gigante con respecto al debut, que supongo que era lo que se les pedía, y una obra que vendrá a enriquecer un panorama en constante reinvención y resurrección como es el asturiano. Que falta nos hace.
Como nota al pie, sorprende la cantidad de bandas, buenas o malas, que eso ya irá en los gustos de cada uno, que operan actualmente en Asturias. Porque ecosistema más insalubre para las músicas ‘no populares’ que el asturiano, ahora mismo, no se me ocurre. Que si el circuito ya estaba prendido con alfileres antes de la pandemia, os podéis imaginar cómo luce a día de hoy, por lo que no queda más que desearles la mejor de las suertes a quienes siguen plantando cara a circunstancias tan terriblemente adversas.
Texto: David Naves