Reseña: Last Days Of Eden «Butterflies» (El Puerto Records 2021)

Ya está en nuestras manos “Butterflies”, la nueva obra de los sinfónicos asturianos Last Days Of Eden. Recordemos que la banda la conforman Leo Duarte (batería), Javi González (bajo), Sara Ember (violín), Andrea Joglar (flautas y gaitas), Dani G. (composición, guitarra y voz) y Lady Ani (voz). El disco, todo queda en casa, se grabó mezcló y masterizó en los Dynamita Studios del propio vocalista, si bien contó con grabaciones adicionales en Zardonic Studio, Synonym Of Sound Studio y Vocalbase Studio. Las fotos de Nat Emede adornan el libreto y el arte de Daniel Alonso hace lo propio con la portada. Todo para conformar una obra que tiene prevista su salida al mercado través de El Puerto Records para el 15 de octubre.

Hay una introducción, “Cast The Spell”, que ya es noticia en un disco de la banda, pensada de cara al directo y que aquí conduce hacia una “Abracadabra” que ya me dejara un buen sabor de boca en primeras escuchas y que me sigue pareciendo, aún en su sencillez, el tema casi perfecto para inaugurar un álbum como este. Gancho, buen nivel ejecutivo y una Lady Ani que sigue creciendo como vocalista a cada disco. “The Garden”, que anticipó al álbum allá por las primeras fechas de septiembre, funciona bien como vehículo para un tono más parsimonioso, adornado por una una gramática tan clásica como bellamente arreglada, con esas clásicas estrofas desnudas como contrapunto a estribillos poderosos, que resultan finalmente tan elementales como eficaces. El epílogo en clave grandilocuente, la guinda ideal.

Silence”, otro de los adelantos, sin tampoco reinventar la rueda, ni falta que le hace, resulta en uno de mis cortes favoritos de todo “Butterflies”. Lujosamente ornamentado, trazado con mimo, acomodo de un buen solo de guitarra de Dani y redondeado con el que es, a juicio de este modesto juntaletras, uno de los mejores estribillos que la banda haya parido en toda su carrera. Engancha, tiene un background interesante y funciona. Vaya si funciona.

Sin aburrirme, ni mucho menos, es cierto que “Mirror, Mirror” no me altera los biorritmos con la misma intensidad. Y aún así aprecio los buenos coros que implementa, esa construcción ágil y diversa repleta de buenos crescendos, la buena línea vocal de Lady Ani y, en especial, el duelo de solos durante su puente central.

Moments” es la pequeña introducción a piano que nos llevará hacia una “The Secret” que tiene el honor de ser el tercer previo al álbum en forma de videoclip (y que ya tuvimos el privilegio de visionar durante la visita a sus estudios). Corte ampuloso y grandilocuente, casi cinemático, de producción a la par poderosa y cristalina, al punto que resulta increíble pensar que algo así está facturado a la vuelta de la esquina de no haberlo visto y oído uno de primerísima mano. Lady Ani deslumbra con sus tonos altos durante estrofas, pero también Andrea Joglar con unas impecables líneas de flauta, por no hablar de la forma en que Dani G. remata el puente central con un medido solo de guitarra. Estupenda.

La balada “Crown Of Thorns”, con Julia Martínez al cello y su distintivo doble juego vocal, calma tanta algarabía y, desde su sencillez, termina funcionando más que dignamente como contrapunto a tanta pompa y boato. Esa calma maximiza el impacto que producirá una “To Hell & Back”que resultará en uno de los cortes más exógenos, a la par que enérgicos, de todo “Butterflies”. Gracias en parte a la colaboración del Serenity Georg Neuhauser, pero también al uso de ciertos riffs que no llegarían a desentonar en un disco de metal industrial. Tan llamativa como diferencial.

Entramos en la decena con la instrumental “Traxel Mör”, que recorrerá territorios mucho más reconocibles, dejando por el camino interpretaciones más que dignas de la pareja formada por Andrea Joglar y Sara Ember. “Save The World” traerá otro de los grandes estribillos del disco en un himno a la conservación de este maltrecho planeta nuestro, donde Lady Ani vuelve a atreverse con un gran despliegue vocal pero donde, por momentos, su trazo resulta un tanto predecible y el fondo llega a parecer y/o resultar más importante que la forma.

El prólogo de “Abandon” trae de vuelta la faceta más abiertamente cinemática de los asturianos, que habrá de dar paso a uno de los cortes mejor construidos de todo “Butterflies”. Distintivo por su tono más melancólico, temática obliga, y aunque si bien pienso que el solo de guitarra de su parte final merecía algo más de desarrollo, lo cierto es que el equilibrio que muestra en el uso de sus arreglos y la forma en que fijan y dan esplendor me resultan ampliamente satisfactorios. Y claro, como contraste a ese tono más apagado, la fiesta de gaitas (Joglar está magnífica aquí) de una “The Journey” con todos los ingredientes cara a convertirse en toda una celebración sobre las tablas. El cierre es para la sensacional “Fallen Angels”. Bella en su prólogo liviano y desnudo, que no hará sino contrastar con la desmesura que irrumpirá más adelante. Una desmesura coherente con la lista de buenos amigos que colaboran aquí. El final a lo grande que una obra de estas características desde luego merecía.

Escuchar el disco al vuelo en el propio estudio en el que vio la luz y oírlo después en casa, lo quieras o no, son experiencias diametralmente distintas. Detalles que pasas por alto en una primera pasada afloran en la tranquilidad del hogar, para bien o para mal, lo cual puede desembocar en una cierta pérdida de encanto. No es el caso. El sonido pulcro, casi cristalino a veces, que ofrecen las canciones, brilla siempre y cuando no sea uno tan patán como para escucharlo en unos auriculares del todo a 1 €. Pero el álbum sale ganador, sobre todo, porque tiene canciones. Buenas canciones. Sin salirse de su habitual metal sinfónico de marcado acento folk, es capaz de pergeñar todo un viaje tonal que va desde el intimismo a la fiesta más desbocada en una travesía que, a término, no parece ni mucho menos rozar casi la hora de duración. Algo tienen estas canciones que consiguen ir a más con el paso de las escuchas y anidar en tu subconsciente, al contrario de no pocos trabajos del género que he tenido a bien, o a mal, escuchar durante los últimos años. Y eso tiene más que ver con la buena labor llevada a cabo en cuanto a composición pero también con la forma en que esas composiciones están llevadas a término y no tanto con el sonido logrado en el estudio (aunque también). Sea como fuere, mi más modesta y sincera enhorabuena.

Texto: David Naves

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