Reseña: Mad Rovers “Times Of Revelation” (The Fish Factory 2021)

Segunda venida de estos hard rockeros asturianos. Aunque no sé si esa etiqueta en concreto se les empezará a quedar pequeña a raíz de este álbum. Son Mad Rovers, o lo que es igual: Miguel Vallinas (voz), Javier De Coupaud (bajo y coros), José Mora (batería y coros) y Carlos Suárez (guitarra y coros). Y “Times Of Revelatión”, que así se llama el retoño que tuvieron a bien presentarnos semanas atrás en sus propios Redgain Studios, verá la luz salvo catástrofe el 29 de octubre vía The Fish Factory Records.

Como os contamos con motivo del studio report del disco, éste ha sido producido, grabado, mezclado y masterizado por el propio Carlos Suárez en Redgain Studios y adornado por el arte de Héctor Herrería. Cuenta con una nutrida serie de invitados que le aportan no poco color al mismo, pero vayamos por partes.

Todo arranca con esta “Revelation” con Marcos Nogueria (coros) y Chema Menéndez (teclas) como primeros invitados. De comienzo ya una de las entregas más extensas del disco, rozando los siete minutos, un poco para marcar distancias y de paso sentar las bases de una obra ya de por sí extensa. Su prólogo, con sus aires de progresivo clásico, se me antoja el arranque ideal para un álbum de estas características. Destacarán después la tibieza desnuda de sus estrofas pero sobre todo, la forma tan elegante en que su ganancia en intensidad va conduciendo hacia el solo de Suárez. Estupendo este, y llamativa la línea de batería que lo sujeta. Me dejó muy buenas sensaciones en el estudio y me las vuelve a dejar ahora.

Fallin’ Down”, con Pepe Rodríguez (teclados) y Pablo García (guitarra) a bordo, sube enteros en intensidad sin perder de vista las gramáticas ágiles, el tono elegante y ese gusto por la diversidad, que parece casi imperativo en este segundo trabajo. Así volverán estrofas desnudas en contrapunto a estribillos más enérgicos y guitarreros. Llamativa en cuanto a riffs, rica en coros y muy precisa a la hora de seguir un camino si bien similar, no idéntico al de su predecesora. El WarCry y Alderaan dejará un solo en la parte final que es pura marca de la casa. Preciso por construcción y epatante por ejecución, resultado de dejar a sus anchas al que es hoy por hoy uno de los guitarristas más preclaros y a la vez efervescentes del panorama nacional.

Today”, de nuevo con García y Rodríguez a bordo, persiste en esa fructuosa búsqueda del hard rock más engalanado y distinguido, sirviéndole a Vallinas para trazar una de las líneas vocales más atractivas y ricas de todo el disco. Arranca en un atractivo prólogo casi en clave funk rock, que derivará en un rock híbrido que alberga coros que recuerdan a Queen, contiene ecos a Porcupine Tree atravesados en ciertas melodías y al que terminará por redondear la estupenda labor de Coupaud al bajo. El solo de guitarra esta vez resulta mucho más comedido, en gran medida más solidario a la canción a la que acompaña.

Después de un trío inicial de composiciones entre retorcidas e intrincadas, bien está una “Fulltime Slave” que vendrá para desatar la cara más directa, enérgica e incluso visceral de Mad Rovers. Agradecido giro de timón, que descarga en su trazo sencillo un gran solo de Suárez y deja por el camino la sensación de que podría funcionar como un tiro sobre las tablas. Por cierto, no descarto ser el único al que su epílogo le recuerda fugazmente a Tool.

Sign Of The Times”, de nuevo con Rodríguez a las teclas y esta vez con Marija Krstevska en coros, destapa en gran medida la faceta más liviana de la banda asentada en Gijón. Una cara más amable que se contrapondrá a unos estribillos más pesados y arenosos, poderosos incluso, y que le sirven a José Mora para añadir una muy atractiva línea de batería. Su tronco central reconduce hacia terrenos más vigorosos si cabe. Y si bien echo en falta un registro algo más enérgico por parte de Vallinas cuando la intensidad alcanza la zona roja del cuentarrevoluciones, el cuidado con el que está escrito y ejecutado este largo tronco central me disipa cualquier duda.

Atención especial merece “I Will Be There”, apuesta más extensa del disco y donde regresan Marcos Nogueiro y Chema Menéndez para apuntalar estos nueve minutos largos de lo que en primera instancia es un rock con todo el ADN de la banda, que con elegancia y nunca de manera brusca o forzada, coqueteará con el progresivo menos indulgente primero y con la calma más apaciguada después. Una calma que no es sino el preludio al gran solo que Suárez despliega en el corazón mismo de esta sexta entrega del disco. Su tercio final huirá de conformismos y mostrará, de nuevo, una construcción ágil y dinámica, atractiva y para nada recurrente. Guinda perfecta para un corte ambicioso como este.

Con Chema Menéndez dejando un solo de saxo y Pepe Rodríguez ayudando desde detrás del teclado, “Secret’s Garden” exhibe un prólogo calmo, apaciguado, donde Vallinas exhibe lo más aterciopelado de su registro y todo tiene un aroma a pequeño club de jazz que resulta tan llamativo como arrebatador. El Hammond que se deja sentir bajo la voz de Miguel, el sonido tan cristalino de sus guitarras y el envolvente sustento de su base rítmica. Puede pecar, y seguramente lo haga, de resultar menos atrevida, aka menos original que buena parte de sus compañeras de disco, pero por un lado funciona como un reloj a la hora de refractar con todo lo oído hasta este punto en “Times Of Revelation”. En cualquier caso, el cenit llegará con ese engarce entre saxo y guitarra que ocupa buena parte de su trazo final. El ex-Tierra De Nadie dibuja aquí un solo que presumo satisfará a los más sibaritas.

Claro que si hablamos de refracciones, aquí emerge una “Free Me” cuyo riff principal no escapa a comparaciones con el doom más embrionario de los británicos Black Sabbath. Ese contraste entre su riff monolítico y la personal forma de componer de los asturianos devendrá en otra de las entregas más curiosas del álbum, enriquecida, diría incluso que sustentada, por los buenos coros de Krstevska y las teclas de Rodríguez. Menos retorcida en comparación a otros temas largos del tracklist, funcionará más que eficazmente como gran contrapunto dentro del mismo.

Supongo que “I’ll Miss You” ya la conocíais pues introdujo al disco hace días. De lo contrario ya estáis dando al play:

Por aquí irrumpirán Sergio Pevida en percusiones y Ángel García con el pedal steel. Colaboraciones éstas que ayudarán a apuntalar el regusto sureño de este medio tiempo distinguido y afectuoso. El registro estirado de Vallinas aquí embellece unos estribillos de inevitable tinte melancólico pero que dan la razón a quienes la eligieron para ser la punta de lanza de este segundo trabajo de la banda. Porque quizá no sea la canción que mejor representa al disco en que está incluida (¿alguna lo es?) pero desde luego se trata de una de las mejores integrantes del mismo.

Se me iba la cabeza en los Redgain con el riff de “Rats In A Race” y se me vuelve a ir ahora. En rima con la anterior “Full Time Slave”, lo que tenemos aquí es otro corte sencillo, que no significa fácil, y que me recuerda, aunque de manera lejana, a la anterior banda de Carlos Suárez, Tierra De Nadie. Ojo al bajo de Coupaud aquí, pero también a esos coros del estribillo. Sencilla, pegadiza sin alcanzar a resultar pegajosa, puro rock and roll.

El inconfundible pedal steel de Ruiz volverá a resonar en la final “Jesters And Puppets”. También las teclas de Pepe Rodríguez. De quien no hay rastro en este final es de las baterías José Mora, pues lo que tenemos aquí es una balada tranquila, de inevitables ecos clásicos, estupenda en cuanto al tratamiento de voces, sencilla por trazo y que culmina “Times Of Revelation” en la clave más calmada posible. Habrá quien diga que no resume al disco pero creo que en cierta manera lo que hace es complementarlo, además de cerrarlo con una gran dosis de clase.

Más allá de consideraciones más puramente subjetivas, se trata de un disco monumental. Nada menos que hora y cuarto de música donde, en líneas muy generales, lo que abunda son composiciones a priori poco amables por duración, pero que dejan claro que estamos ante una serie de músicos que, a estas alturas y con todo el bagaje que arrastran detrás suyo, no tienen nada que demostrarle a nadie. Es por ahí que “Times Of Revelation” parece todo un alegato. Un sincero canto a la música. A una forma de hacerla y de entenderla. Supongo que ayuda el poder componer y grabar en tus propios estudios, a tu aire, alejado de las prisas que se imponen cuando haces lo propio por cuenta ajena. No lo sé, pero el caso es que en este segundo de los asturianos, sin perder sus grandes esencias, cabe casi de todo. Desde los flirteos con el doom hasta claros guiños progresivos, cuando no aires sureños o arranques más cercanos al metal. Que una obra tan extensa no solo no resulte aburrida sino que además tenga gancho y alcance, solo se entiende desde la sabiduría y el esfuerzo. Y por ahí no cabe más que congratularse por ello. Hay Mad Rovers para rato.

Texto: David Naves

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