Reseña: Rascal Whack «Maliveni» (Autoproducción 2021)

Después de su debut con “Gameroller” allá por 2015, vuelven al fin los chicos ateniensese de Rascal Whack con una nueva y flamante obra de nombre “Maliveni”, que significa “bosque de cedros”, nombre dado a una zona suburbial de Atenas. En sus propias palabras: “El disco describe la expansión arrogante de la ciudad, su carácter sofocante y el efecto que tiene en la gente, exigiendo cada vez más y ofreciendo cada vez menos. “Maliveni”, por tanto, es la antítesis de este caos. El regreso a las raíces, el objetivo de prestar atención a nuestro interior como seres humanos, la necesidad de vivir con autenticidad, lejos de supuestos patrones e ídolos”.

Recordemos que a bordo de este barco se encuentran Spiros Ladas (guitarra solista), Gregory Tourvas (voz y guitarra rítmica), Stathis Skaloumpakas (voz), Chris Ladas (bajo) y Akis Delaportas (batería). El álbum ha sido producido por la propia banda en comandita con Theodore Zefkilis, grabado y mezclado por este último y masterizado por Apostolos Siopis de Siopis Masters.

Carved Ignorance” es un buen arranque. Atmosférico en estrofas, donde brilla la buena línea de batería de Delaportas y más arrastrado y gordo durante unos estribillos donde el registro de Skaloumpakas no deja en ningún momento de recordarme a Michael Poulsen (Volbeat). Quintaesencial en lo gramático, alberga muchos más detalles como digo en un plano técnico si no soberbio, sí interesante. “Raging Groove” sorprenderá por su indisimulada deriva grungera que verterá todo tipo de tics sobre una escritura, de nuevo, de lo más aseada y clásica. Su parte central y el fortísimo aroma a Alice In Chains que desprende son, a la vez, lo mejor y lo peor de este segundo corte. Dependerá de cada oyente.

Encuentro más atractiva una “Hallucination” que destacará en no pocos planos. Su estructura más diversa, los efectos que acompañan a la línea vocal o el buen trazo de su puente central, para nada acomodaticio ni tampoco exhibicionista. Si acaso, no me termina de encajar del todo el excesivo acento de las guitarras en su epílogo, pero con eso y con todo una de mis favoritas del disco. “Not Enough” tiene unas hechuras mucho más acomodadas. Tanto, que parece otro de tantos cortes trazados con el directo como leitmotiv. Por ahí emergerán de todos modos unas estrofas juguetonas, estribillos con el debido gancho y un resultón solo de guitarra en su parte final.

Slipping Away”, con toda su sencillez, vendrá a aportar varios de los riffs más interesantes del disco, así como una mayor pesadez en unos estribillos de puro stoner rock. Entre uno y otro, un corte que me atrae más por el buen hacer en lo interpretativo que por estructura o desarrollo. “The Fly”, oferta más alargada de “Maliveni” y cuyo prólogo alberga una más que formidable línea vocal por parte de Skaloumpakas, vuelve a ser otra de esas entregas que basan su atractivo en una composición dinámica y diversa, de sonido a veces un tanto desequilibrado pero de resultados más que notables. Ojo a la línea de bajo de Chris Ladas, pero también al agradable uso de contrapuntos con que nos encaminan al calmo y elegante tronco central y el fantástico solo del epílogo. Fenomenal.

Pennies From Heaven”, adelanto del disco allá por las postrimerías del mes de junio, resultará claro, mucho más evidente y elemental en sus propósitos. Y no pasará nada porque es un corte bien cuajado, con gancho, buenas ejecuciones y el punto justo de peculiaridad en su cierre.

El cierre “Space Cowboys” es quizá lo más cadencioso y sexy que habita dentro de la nueva obra de los atenienses. También aquél donde mejor brilla la producción de Zefkilis y, sin reinventar la rueda ni pretenderlo tampoco, finiquita “Maliveni” dejándome con ganas de más.

Porque es verdad, se me queda un poco corta esta nueva obra de los griegos y es una pena pues en su interior se cuecen ideas que bien podrían haber alumbrado un par de canciones más. Sea como fuere, lo que ha llegado a mis oídos agrada las más de las veces en cuanto a trazo y casi siempre en lo referente a su desempeño como músicos. La hibridación entre géneros logra no perderse en la más pura dispersión y la transición entre rudeza, elegancia, gancho y sensualidad está más que lograda. Un logro en definitiva tan interesante como breve.

Texto: David Naves

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