Ya han pasado unos días desde el mazazo en forma de noticia que desvelaba el trágico e inesperado final de Manuel Ángel Mart, voz y líder de la banda Estirpe. Desde el año 2014 luchando contra el maldito cáncer, acababa de presentar hace escasas fechas «A pesar«, primer single de «Tierra y Fe», su primer álbum en solitario. Nuestro homenaje a su persona viene del puño y letra de David Naves, fiel seguidor del músico cordobés desde sus inicios y que desnuda a continuación su rabia y pesar por el fatal desenlace.

“Quiero ser magnético, frenético, distinto. No tengo miedo de la atracción. Sigo mi camino gobernado por instinto, es mi secreto, mi salvación”.
Y así era. Cara a quienes seguíamos sus andanzas, Manuel Mart siempre caminó movido más por instinto que por razón. Y eso le hacía especial. Mucho. Basta con arrimarse a su música. En particular de “Buenos Días Voluntad” hacia delante. La enorme panoplia de géneros distintos que su banda madre, Estirpe, llegó a acoger, les separaba de la media. Una particular forma de componer que les hacía tan atractivos al mal llamado público entendido como invisibles a la masa. Porque en una situación donde lo fácil habría sido seguir la estela de su padre, acomodarse, seguir el viento de cola y terminar siendo uno más, Manuel, para bien, eligió no ser uno más. Porque “el corazón tiene razones que la razón no entiende” que diría Blaise Pascal.
“Puedo ahora en mis latidos, aprender que estoy tan vivo”.
“Infinito” acudió inmediatamente al subconsciente de muchos. Eso que llaman la mente colmena, tal vez. Aparecía originalmente en aquél estupendo “Neurasia” de 2013. El videoclip, sin embargo, lo estrenarían dos años más tarde, con Mart siendo ya consciente de su enfermedad, por lo que adquiere ahora unas resonancias que no nos habríamos imaginado. Que nadie con corazón deseaba imaginarse.
“Son esos sueños de verdad, demasiado fuertes para abandonar. Nos van doliendo y van luchando, van, van… Van buscando lo que nunca tendrán”.
Barriendo para casa con el paralelismo fácil, a Estirpe en general y Mart en particular les ocurrirá, espero, como a uno de mis vecinos ilustres: Tino Casal. Al de Tudela Veguín le ha llevado no poco tiempo alcanzar un estatus que, desde luego, tenía bien merecido. Y a los cordobeses les tocará, espero más pronto que tarde, si es que aún quedan oídos inquietos y algo de justicia divina en esta tierra, un sentido homenaje a todas sus virtudes.
“¿Qué va ser de mí? Tendré que cambiar y afrontar sin dejar de creer”.
Qué va ser de mí. Qué va a ser de nosotros. Quién va a llenar este vacío. Quedan los discos, suele decirse, de hecho uno aún por ver la luz (“Tierra y Fe”) y que, tristemente, hará de hacerlo de manera póstuma. Créeme que lo disfrutaré. Seguiremos creyendo. Un abrazo y hasta siempre.