Crónica: Skuld + Drunken Buddha en el Gong (Oviedo 12/11/2021)

Gran noche de rock and roll en el ovetense Gong Galaxy Club con Skuld y Drunken Buddha como anfitriones de la que sería una velada con sabor a todo aquello que la pandemia y el confinamiento nos arrebataron y que, paso a paso, terminará por volver florecer.

Skuld, con Roberto Peláez en batería, José Carlos Peláez al bajo, la pareja Roberto J. García y Chinky Peláez en guitarras y Lorena González al micro serían los encargados de romper el hielo.

Para los profanos, son una banda que planea firme entre el hard rock y el heavy metal de antaño, de lo que dan buena cuenta tanto los temas propios pasados como alguno futuro que nos presentaron. Y también, claro, las innumerables versiones que desarrollaron sobre el escenario de la sala Gong. Desde “Can I Play With Madness” (Iron Maiden) a “Heaven Can Wait” (Gamma Ray), pasando por “Rainbow In The Dark” (Dio), con miembros de Drunken Buddha acompañándoles, o “Diamonds And Rust” (Joan Baez) en clave Judas Priest.

Su puesta en escena es sobria, los temas, propios y ajenos, son ejecutados con gracia y hay buena conexión con el público durante su actuación. Por contra, bien es verdad que el brillo de las versiones opaca en parte a la producción propia. En cualquier caso, un buen primer plato y atentos ya a próximas producciones discográficas por su parte.

Venían Drunken Buddha a presentar su segundo álbum de estudio (del que podéis leer una reseña aquí) y su remozada base rítmica, esa que ahora forman Fran Fidalgo (bajo) y Kay Fernández (batería). Junto a ellos siguen en este tinglado Diego Riesgo (guitarra), Michael Arthur Long (voz) y Mario Herrero (teclados).

Calcando el arranque de su estupendo “II” aparecen sobre las tablas con el público metido ya en el bolsillo casi antes de sonar la primera nota. Ventajas de jugar en casa. La puesta en escena es clásica y todo lo lucida que permite una sala como la Gong, y al final, “es solo rock and roll pero nos gusta”. Con “Devil’s Breath” subsanando algún que otro desajuste en cuanto a sonido, la banda encarrilla un show que no obviaría recuerdos a su primer disco ni versiones de grandes clásicos.

Purple Skin” pondría un poco la pausa y “Can’t Hold Your Gaze” el primer recuerdo al debut. Todo con un gran sonido, un Michael en gran forma y el impulso de la renovada base rítmica. De repente Drunken Buddha son una banda de un nivel superior.

No faltaría invitado (Álvaro Cocina, guitarra de Nuevecondiez) ni el ya clásico baño en champán de Michael sin el que los conciertos de los Buddha no serían lo que son. Tampoco versiones, en forma de “Mr Big” (Free), “Walking In The Shadow Of The Blues” (Whitesnake) o “Highway Star” (Deep Purple), ésta última en concreto recibida con notable algarabía por un público ya totalmente entregado.

La pesada “Monster” y la melancólica “Three Shots” serían otras de los momentos álgidos, al menos en lo que a acogida por parte de la parroquia se refiere, demostrando que su producción viene sobrada de gancho y carisma.

Al final la sensación que queda es la de estar ante una banda que aún no ha traducido en cuanto a asistencia a sus conciertos el nivel que estos arrojan. Algo que con noches como la del viernes no dudo sucederá más tarde o más temprano. Y es que Drunken Buddha, más allá de consideraciones puramente estilísticas, se comen las tablas a bocados, como si cada concierto corriese el riesgo de ser el último, y al final uno sale con una sonrisa y un agradecimiento. Que vengan más noches como esta.

Texto: David Naves
Foto y Vídeo: H.M.B.

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