El viernes 12 de noviembre pudimos asistir a una particular misa de ocho en la Sala Sir Lauren’s de Oviedo, gracias al concierto de El Altar del Holocausto, programado dentro del ciclo musical Ciudad Sonora, el cual está impulsado por el Ayuntamiento de Oviedo y va a venir muy bien para volver a poner en marcha los conciertos en las distintas salas de la capital asturiana tras los duros años de la pandemia.

Ya antes de la apertura, prevista a las 20:00, se agrupaban algunos asistentes que querían asegurar su entrada (era gratis hasta completar el aforo) para disfrutar de la homilía, aunque finalmente no se colgó el cartel de completo la sala presentaba un buen ambiente, más si tenemos en cuenta la cantidad de eventos de ese día en la región.
Un poco más tarde del horario previsto para el inicio, justificado el retraso por el aluvión de gente en el puesto de merchandising, gestionado por los propios miembros del grupo, salieron a escena los cuatro integrantes, ataviados con sus características túnicas blancas y pidiendo silencio y que el público se acercase al escenario, aprovechando esta nueva normalidad, tras varios conciertos de público sentado.
Venían los de El Altar a presentar su EP Trinidad y así arrancaron con «Caridad» y su característico sonido pesado y poderoso, pero con partes sosegadas que sirven para que la gente se vaya metiendo en situación de manera progresiva. Intercalando varias de sus canciones más queridas de anteriores trabajos nos fueron dando a conocer los otros dos temas que componen esta trilogía de canciones que son «Fe» y «Esperanza» (títulos muy acordes al tiempo que vivíamos cuando el disco salió a la luz). Aunque en realidad, para aquellos que hayan adquirido el disco en formato físico hay dos temas (ya publicados anteriormente) que también pudimos sentir en el directo del viernes. Destacó el sonido compacto y sin fallos de toda la banda, en especial la contundencia de las cajas del batería Reaper Model.

Tras la comunión entre público y banda, llegó el momento del primer cierre de concierto con la poderosísima “El que es bueno, es libre aún cuando sea esclavo; el que es malo, es esclavo aunque sea rey” que permitió ver hasta un tímido “wall of death” aunque todavía mucha gente está reacia a soltarse del todo, cosa totalmente comprensible.
Parón, aclamación por parte de la gente, entregada y con ganas de más (se llegó a oír el ya famoso grito de “queremos ir a misa”), y retorno de la banda al escenario para cerrar el concierto con «Lucas I 26-38«, quizás su corte más popular que dio buena muestra del poderío de esta banda instrumental de corte post-rock que no tiene nada que envidiar a las propuestas que nos vienen de fuera.
Bolo con un sonido impecable y que cumplió las expectativas de los asistentes, que al terminar volvieron nuevamente a dejar patente su satisfacción pasando por el puesto de discos y camisetas a llevarse para casa unos cuantos recuerdos.
Texto: Alberto Sánchez
foto: H.M.B.