Gran noche para el metal de la vieja escuela la vivida en el Gong Galaxy Club de Oviedo el pasado sábado con la venida de los pujantes thrashers portugueses Toxikull y los alemanes de culto SDI. De lo primero que cabría hablar es de la buena afluencia de público que registró la noche. El arrastre que tiene una banda como SDI y las ganas de fiesta y thrash que tiene el público se notaron y de qué forma en la coqueta sala asturiana.

Toxikull darían inicio con las 22:00 horas marcadas exactas en el reloj y arrastrando desde el comienzo ciertas carencias en cuanto a sonido, centradas especialmente en el bajo de Antim. Los de Cascaes (Lisboa), quienes además estrenaban batería, suplieron con entrega y ritmo estas carencias, entregando un repertorio centrado en su último disco de estudio, aquél “Cursed And Punished” de 2019. El bajo de Antim volvería a la vida mediado el show, pero con un volumen demasiado alto, que terminaría por opacar en parte la labor de sus compañeros. En especial un Michael Blade a la guitarra solista verdaderamente inspirado la noche del sábado.

Para tratarse de una banda semidesconocida por estas tierras es de destacar la buena conexión con el público que tuvieron. “Surrender Or Die”, “Killer Night” o “Speed Blood Night” fueron puntos álgidos de un show donde la guitarra de Lex Thunder acabaría por abandonar, dejando a Michael Blade solo durante la final “Metal Defender”. Dejaron buenas sensaciones y si bien su propuesta no resulta nada original, ésta parece conectar en buena medida con la audiencia, que es de lo que se trata.
Y llegaría el turno de los alemanes de culto SDI en un show que fue claramente de menos a más, en lo que tardó Reinhard Kruse en calentarse y calentarnos. Cincuenta y ocho años le contemplan, quién lo diría, y parece no tener interés alguno en bajarse de los escenarios. Ni mucho menos. Acompañado esta vez de la firme pegada de Christoph Olbrich y la guitarra de Chris Friedl, quien parece cualquier cosa menos un integrante de una banda de thrash, hay que decir en honor a la verdad que dieron uno de los mejores bolos en lo que va de año en Asturias. Y hemos visto unos cuantos.
La inicial “80s Metal Band” que titula su último álbum da inicio al show. Y como digo, es un inicio algo frío. Su clásico de culto “Sign Of The Wicked” tiene mucho peso aún y pareciera que la elección de un tema nuevo como inicio del show cogiera con el pie cambiado a más de uno. Por ahí, que siguieran con “I Don’t Care” casi sonó a declaración de intenciones.

Cabe destacar lo que ganan canciones de su irregular último disco sobre el escenario. “Free Ride” y en especial “Action” fueron muy bien recibidas por los suyos. Pero aquí mandaron, y de qué forma, sus clásicos de siempre. “Alcohol”, “Violence” o “Comin’ Again”. Un set list equilibrado, que no baja el pistón apenas un segundo y que coronan con una “Megamosh” ante una audiencia ya enardecida. Desde luego demostraron que si hoy por hoy gozan de ese estatus de banda de culto no es por capricho.
No faltaron circle pits, saltos desde el escenario, golpes, empujones y la sensación, mascarillas al margen, de estar en un concierto pre-pandémico, cuando no hace ni cuatro días que abandonamos las dichosas sillas. Bienvenido sea.
Texto: David Naves
Fotos: H.M.B.