
“Kivshan” es el cuarto disco ya para los death melódicos israelíes de Haifa, Prey For Nothing. O lo que es lo mismo: Iftach Levi (bajo, batería y voces adicionales), Michiel Rutten y Dima Kogan (guitarras) y Yotam Defiler Avni (voz). Las baterías y las voces de este “Kivshan” se grabaron en los Bardo Studios de Ramat Gan por Yonatan Kossov (Amorphis, Orphaned Land, Therion…), mientras que fue el propio Iftach Levi quien hizo lo propio con bajo y guitarras en su propio estudio de Hadera. Finalmente, el Triptykon, Noneuclid y Dark Fortress Victor Santura se encargaría de mezclar y masterizar las pistas resultantes en su Woodshed Studio de Landshut. Con una portada corriendo a cargo del cada vez más solicitado artista también israelí Eliran Kantor (Atheist, Testament, Despised Icon, Ex Deo…), veía la luz el 7 de mayo vía autoedición.
“Angels Of Atheism” en realidad lleva intrínsecas en su ADN unas cadencias más propias del thrash más melódico, donde eso sí, Avni ya da buena cuenta de la versatilidad que ofrece su garganta, con ese registro siempre rasgado pero más grave o agudo según convenga, lo que termina por dotar a la línea vocal de este primer corte de un más que atractivo gancho en este sentido. En gramáticas es simple, típico tema apertura que, además, fuera adelanto del mismo. Queda la cara más virguera de los israelíes para un largo epílogo, sabiamente alejado de exhibicionismos recalcitrantes y/o ególatras, cocinando en definitiva un más que correcto arranque.
Y como si del negativo de una foto se tratase, Prey For Nothing colocan justo a continuación uno de los cortes más ambiciosos de todo el disco. Este “The Sword Devours” con el cuarteto ampliando los horizontes de su particular visión del death melódico. Desde una producción más rica y detallada hasta un mayor despliegue de riffs, llegando hasta bordear parajes progresivos, pasando por una variedad tanto rítmica como tonal que terminara por propiciar, como digo, una de las ofertas más complejas, entretenidas y llamativas de todo el trabajo. “Ocean Of Tar” profundiza en el tono más apagado de su predecesora, caminando a tientas entre la pesadez y la elegancia mientras la dupla guitarrera no ahorra en detalles de sobrada calidad técnicos. Más enfurecida conforme camina por su tronco central, donde Levi dejará incluso algún blast beat ocasional, y más atmosférica a la par que virguera mientras transita por su epílogo. Buenos duelos de guitarra en esta parte, de nuevo bien pensados y medidos, nada autocomplacientes y siempre al servicio de la canción que los contiene. Y no al revés.
“Each Other’s Throats” recupera aquellos aires thrash de comienzos del álbum, si bien aquí los reviste de una mayor agilidad en el trazo, a la par que los acompaña de una amalgama mayor de detalles. Pesada primero, algo groovie incluso, más retorcida después y en general tan diversa que por momentos puede parecer poco cohesiva. Papel fundamental para las diferentes afinaciones de guitarra que se muestran, y los contrapuntos que surgen de esa disparidad. Con mucho una de las entregas más curiosas, por atrevida, de todo el trabajo. El tema título“Kivshan”, por su parte, engaña con un prólogo de lo más académico que torna después en medio tiempo de gran elegancia y termina convertida finalmente en un melodeath de mejor encaje con el tono imperante dentro del álbum, donde hay lugar tanto a una calma de voces cristalinas como al retorcimiento más técnico y exuberante.
A continuación tenemos una “The Pinnacle” que se dividirá en cuatro partes. A saber:
- “Peshat” no sorprende en sus vaivenes tonales, si bien está ejecutada con el mimo suficiente como para captar la atención hasta del oyente más distraído. Hay buenos riffs, un más que interesante uso de los contrapuntos y, como guinda, una de las líneas de voz más interesantes, por su elasticidad, de todo el disco.
- “Remez” entregará en su prólogo un pequeño acercamiento a riffs más propios de bandas como Gojira o incluso Meshuggah, para después mutar en un thrash moderno, acelerado, repleto de alternancias vocales, rayano en el prog durante su puente central y más que eficaz a la hora de insuflarle aire fresco al disco. Atención al elegantísimo solo de guitarra que antecede al epílogo.
- “Derash” es con mucho lo más marcial que contiene esta última obra de la banda israelí, lo que no quita para que adornen su trazo partes más veloces, así como otras de un groove más evidente, aunque siempre lejano de la caricatura. Mucho más académica, blast beats mediante, mientras traza su llamativo puente central. Algo exhibicionista, cierto es, pero nunca aburrido.
- “Sod” ahonda de primeras en la cara más técnica de P.F.N. para después derivar en un melodic death metal de ambientes nórdicos y tono acechante, a lo que contribuye en gran medida la sequedad casi monocromática del riff en que se sustenta buena parte de su primer tercio. Sorprende, por tanto, un tronco central remansado, que no tranquilo, y que anticipa el trazo más Åkerfeldtiano del epílogo. Magnífico cierre.
En la calle desde hace meses no obstante creo que bien merecía esta reseña aunque sea un tanto a contrapié. Al final, casi una hora de música donde, partiendo de los cimientos del death melódico más tocón, Prey For Nothing construyen una amalgama de canciones más que interesantes en cuanto a ejecución y diversas en lo estilístico, yendo del thrash al progresivo sin excesos ni tampoco alardes, las más de las veces con sobrada elegancia y logrando que una obra tan extensa en el tiempo no alcance a resultar pesada. Por contra, es verdad que en esa diversidad se pierde algo de cohesión, hecho ejemplificado sobremanera en un corte como “Each Other’s Throats”, pero ya sabéis aquello de que para hacer una tortilla hay que romper algunos huevos. Toda una sorpresa.
Texto: David Naves