
Rock asturiano y combativo el de los chicos de Crudo, quienes han continuado al fin su “Héroes, Esclavos y Traidores” de 2015. Recordemos que ellos son Luis Melero (bajo y voz), Victor Vivar (guitarra, voz), Emmanuel González (guitarra) y Adrian Simón “Petu” (batería). Este “Negociando el Equilibrio” se produjo y grabó en los Estudios Tutu con Sergio Rodríguez en los controles para que más tarde Dani Sevillano lo masterizara en su OVNI Estudio. Este cuarto trabajo ya para los asturianos está en la calle a través de Ataque!.
Lo primero es “Otro Ladrillo en la Pared”. Directa, enérgica y concisa, aunque lejos de la rabiosa visceralidad que entregarán en temas sucesivos. Es, por ahí, interesante en cuanto a trazo y escritura, coronada por esa letra del cantautor turonés Alfredo Gonzalez sobre la terrible lacra de la violencia de género. El sonido que han logrado unos y otros funciona, tiene pegada sin escatimar en nitidez y, por ahí, pocas quejas. Qué gran paso daremos como sociedad el día en que letras como esta pasen a la irrelevancia como lo hicieron todas aquellas que se hicieron contra el servicio militar obligatorio:
“A la Cara” no aumentará en gran medida las revoluciones del álbum, aunque sí su nivel de agresividad, mientras entrega, casi diría descerraja, una lírica sin el menor atisbo de metáfora. Rabia y mal café cercanos al punk que conforman un segundo corte un tanto bifocal, construido a la manera de una montaña rusa y del que se pueden extraer más lecturas en lo musical que, desde luego, en lo lírico. El tipo de corte que uno esperaría, al menos a priori, de una banda parapetada tras semejante nombre. Y es que “siempre hay un motivo al final”.
“Animal” tiene una genética, si cabe, más rockera. Construida, pareciera ser, a mayor gloria de la dupla guitarrera. Coros poderosos en estribillos para un corte menos sorprendente que el par inicial, pero que en cualquier caso carbura a través de sus estupendos riffs mediante. Y qué bueno es ese solo previo al epílogo.
“Superviviente” romperá la barrera de los siete minutos desde uno de los prólogos más distintivos y cuidados de todo este “Negociando el Equilibrio”, que dará pie a unas estrofas de mejor engarce con los grandes leitmotivs del álbum. Distinguida igualmente por su tono más apagado y melancólico, que no es para menos con el background sobre drogas y adicciones que alimenta su aspecto lírico. Brillan de nuevo Vivar y González a las guitarras, en especial durante un tronco central entregado a la faceta solista con todas las consecuencias:
“Mantente Fiel” recuperará aquél vigor, o aquella mala baba, de “A la Cara”, para terminar en un corte que, en especial durante estrofas, me recuerda a los legendarios Barón Rojo. Por ahí resultará menos previsible en base al distinguible trazo que entrega en su trecho final. Obligadamente disociado del corte que lo acoge y más que efectivo a la hora de quitarse de encima según qué etiquetas. “Bendita Inocencia”, en cambio, bien podría recordar a los primeros trabajos de La Fuga. Más calma y apaciguada, triste incluso, resulta en uno de los grandes contrapuntos de este “Negociando el Equilibrio”. Una de estas con la que antes encendías el mechero y ahora la linterna del teléfono móvil, donde Crudo apuestan el todo a su capacidad para transmitir, saliendo más que airosos. Realmente fenomenal.
Y tras semejante chute de endorfinas, “En Una Vía Muerta” pronto recupera biorritmos más reconocibles, recordando no obstante y mira por donde, a los viejos Obús de Fortu y compañía. Hay cierta visceralidad desprendida de cortes como “Mantente Fiel” o “A la Cara” y quizá no alcance a brillar tanto como éstas, pero tampoco la encuentro fallida del todo. Más acertada, a la par que más trotona en cuanto a ritmos (ojo a las baterías de Petu aquí), resulta “El Equilibrista”, que recuerda esta vez y cómo no, a ese gigante ineludible que fue Barricada.
Es el propio Petu quien abandera el prólogo de una “Quien…” inundada de riffs que me hacen pensar en Kolibrí (Marea), bajo una letra que, eso sí, tiene poco de poética. Resuena un buen trabajo melódico aquí, cierto que nada original a estas alturas del cuento, pero sí lo suficientemente funcional como para que este penúltimo corte del álbum no sea simplemente uno más. Como tampoco es una más su curiosa revisión del clásico ochentero “Maniac” de Michael Sembello, que no por conocida deja de resultar llamativa. Broche final extraño pero broche al fin y al cabo.
Sus habituales pueden estar más que satisfechos del último trabajo de los asturianos. Un disco hábil a la hora de transitar por un buen número de tesituras e ideas, empecinado en no aburrir y en el que apenas distingo flaquezas. Sinceros a la hora de abrazar sus influencias, dejando que éstas transpiren a través de su propia entidad como banda. Que la tienen. Por ahí circulan lo más granado del rock patrio. De lo más liviano y ligero a lo más directo y descarnado. Un gran viaje de rock ‘n’ roll que viene a apostillar un gran año para el género en el Principado. Que el 2022 se dé igual de bien.
Texto: David Naves