Reseña: Ikarie «Cuerpos En Sombra» (Avantgarde Music 2021)

Debut para los chicos de Ikarie, donde encontramos ni más ni menos que a tres ex-componentes de los ya desaparecidos (pero muy reivindicables) Nahemah, esto es: Daniel Gil y Paco Porcel (guitarras) y Pablo Egido (voz), junto a la base rítmica formada por María V. Riaño (bajo) y Dom Santoro (batería). María es además la encargada de todo el concepto lírico del álbum, mientras que Daniel ha sido el encargado de armar todas las músicas, así como de su posterior grabación y mezcla en el Siete Barbas Studio. Producido por los propios Daniel y María, el disco sería masterizado por Víctor García en Ultramarinos Mastering y finalmente adornado por el arte de Deborah Sheedy. En la calle desde el 24 de septiembre vía Avantgarde Music

Poca sorpresa pero sí el regusto de las cosas bien hechas con la inicial “Barro”. Poca sorpresa por ese tono apagado que destila en su arranque, principio a su vez de un disco lindante con la cara más avanzada y contemporánea de un género, el doom metal, por momentos tan insondable como sugerente. A la contemporaneidad de su propuesta contribuye en gran medida ese registro tan roto como gritón de Egido, situado sobre una estructura desde luego no rompedora pero sí lo bastante funcional a la hora de encarar los diversos contrapuntos que encierra. Apertura, en palabras de la propia banda levantina, sobre “el desarraigo y la migración forzada. Inspirada en los pueblos sumergidos de España”.

La dulce instrumental “Remedio”, con las colaboraciones de Lisa Bause (violín) y Sasha Agranov (cello) pone la nota de color a estos primeros compases del álbum al tiempo que introduce una “Cenizas” que anticipó a disco allá por comienzos de septiembre, versada sobre “el estigma y la invisibilización del suicidio”. Lejos de quebrar abruptamente el tono arrastrado por la instrumental que la precede, ésta opta por un largo prólogo de aguas remansadas y tono apagado, roto de forma dramática más adelante por unos riffs inmensos, casi catedralicios. Arrecian una tristeza e impotencia supinas en lo tonal sobre una inteligentísima estructura en cuanto a gramáticas, con esos crescendos tan característicos, en contraposición a pasajes tranquilos que producen a su vez necesarios remansos de paz entre tanta desazón. El descomunal tercio final contribuye a rematar el que es uno de los grandes cortes de este debut. Visto lo visto, su elección como adelanto del álbum parecía resultar más que inevitable.

El prólogo brumoso de “La Criatura” contribuye a maximizar el impacto producido por la amalgama de riffs que irrumpirá tras él. Es un corte de escritura más plana, menos coral, lo cual no quita para que porte detalles de interés. Que parece querer conducir hacia una calma que parece no llegar nunca, dando como resultado una entrega por momentos desesperada, cuando no asfixiante. “Me odio, sueño y hambre, nada más” vocifera el ex-Nahemah como si en ello le fuera la vida, justo antes del largo fade out del epílogo. Otra de mis favoritas.

Regresa la calma con esta “Despertar”, crescendo de avance tan atemperado como inexorable, que quizá merecía algo más de desarrollo pero que nos introducirá en ese “grito a la falta de perspectiva de género en nuestras instituciones y sociedad en general” que impulsa una “Está En Tu Cabeza” que de nuevo vuelve a apostar por un prólogo tan extenso como apagado, tan atmosférico como distante, de ecos lejanos y tono triste, que tardará tres minutos largos en quebrarse. Es otra entrega tan desesperada como concisa, tan bien escrita como finamente interpretada, donde por contra echo en falta una línea vocal algo más diversa. En cualquier caso, otra de de las entregas capitales dentro de este “Cuerpos En Sombra”. Así las cosas, “Redención”, versada sobre “la recuperación de la memoria histórica”, y apoyada en una estupenda serie de riffs, imagino que por temática, resulta menos apagada y a cambio más visceral a la hora de afrontar una composición que, en especial durante su primer tercio, resulta desde luego más amenazante. Un tono que tornará en pura desesperanza conforme se acerca a un epílogo de los que erizan la piel. Descarnada, furibunda y brutal. Pero sobre todo: necesaria.

Y no es que “En El Río” sea, para nada, la juerga padre. De hecho está a mil millas de serlo. Pero resulta innegable que otorga algo más de luz, a la vez que entrega algún que otro detalle que me recuerda a unos Earth del “The Bees Made Honey In The Lion’s Skull”, que como podréis imaginar, contrasta y no de manera débil con todo lo oído hasta ahora en este debut. “A mi joven abuela. Llevo la sangre de su asesino por dentro”. Quizá sobre tanta palabrería por mi parte.

A estas alturas del trabajo, bien es cierto que “Maldición” ofrece pocas sorpresas, especialmente en cuanto a tono, no obstante funcionará en gran medida gracias a su cuidada escritura y a unas interpretaciones si bien no extraordinarias, sí lo suficientemente dignas como para alumbrar un corte en ningún caso fallido y/o de relleno. El cierre es para “las personas que crecieron huérfanas, con la madre muerta a manos de su propio padre”, o lo que es lo mismo, la calma a cuerdas de “La Herencia”, donde por fin el disco dará un merecido respiro al oyente, abrumado tal vez por la montaña rusa de emociones que ha presenciado a través de estos escasos tres cuartos de hora del mejor post-doom que se haya parido de nuestras fronteras hacia dentro.

Si un disco es la suma de las sensaciones que éste produce en el oyente, “Cuerpos En Sombra”, al menos en mi caso, es todo un triunfo. Pasan las escuchas y no cesa la forma en que estas canciones sobrecogen y atrapan, cuando no enfurecen o soliviantan, y todo en gran medida gracias a una desgarradora labor de Egido al micro, pero también a unos riffs bien pensados y mejor ejecutados y a esa base rítmica tan discreta como eficaz. No sorprende, al fin y al cabo aquí detrás hay músicos con cierto bagaje y este no es ni mucho menos un debut al uso, pero el resultado final ha sobrepasado todas mis expectativas. Enhorabuena.

Texto: David Naves

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