Reseña: Piedra Roja «Mar En El Desierto» (Nooirax Producciones 2021)

Con un hermetismo más propio de bandas de metal extremo nos llegan desde Sevilla los chicos de Piedra Roja, con el stoner rock como base para una amalgama de influencias que abarcan desde la electrónica al hard blues. Ellos son, o por mejor decir, se hacen llamar Cazador (guitarra rítmica), Explorador (guitarra solista), Guerrero (batería) Chamán (voz, teclados) y Gran Jefe (bajo). Obedeciendo a la hoja promocional, el disco representa “una reflexión sobre el verdadero sentido del tiempo, dónde hay quienes están atados a él o lo viven y lo disfrutan con resignación, actitud y perseverancia”.

Mar en el Desierto”, que será coeditado por la propia banda junto a los sellos Ruidoteka Records y Nooirax Producciones, ha sido producido por Piedra Roja junto a Jordi Gil, grabado en los Sputnik Studios (Sevilla) y mezclado por el propio Gil. Veía la luz el pasado 5 de noviembre.

El arranque con “Ritual” con ese tono entre lo calmo y lo tétrico me cogieron por sorpresa la primera vez que escuché el disco. Al punto que creí haberme equivocado de banda. Pero no. Ahora vuelvo a él y, de alguna forma, me resulta un arranque más que adecuado para un disco como este. Piedra Roja encargándose desde el primer momento en descolocar al oyente. Para bien o para mal. “Si algún día” reconduce hacia texturas y colores más esperables, a caballo entre el stoner y la psicodelia, con Chamán declamando estas letras sobre una estructura ágil, quebrada de forma abrupta toda vez alcanza estribillos y que acostumbra a funcionar las más de las veces. Un primer corte mucho más inteligente de lo que parece a primera vista, bien construido como digo y apoyado en un buen nivel técnico.

El buen primer tercio de “Que me lleve la locura” serpenteará hábilmente entre la balada y el medio tiempo, con esa bien medida alternancia tonal, para virar de forma dramática justo antes de un puente central de nuevo calmo, reposado, espacial incluso. Caben muchas canciones aquí y es de mérito la forma en que Piedra Roja son capaces de empastar las diversas caras (o capas) de su música. El final no explorará nuevos lenguajes pero el solo que lo adorna resulta la guinda ideal.

El tiempo dirá” olvida tanto baile gramático y tonal para afrontar un rock más sencillo, directo y visceral. Siempre sin abandonar los leitmotiv principales del álbum y funcionando a la hora de oxigenar el tracklist. Toda la pinta de servir de opener cara a futuros directos. Ojo a cómo Chamán y Explorador se persiguen y armonizan durante el puente central y a ese final más acendrado y vehemente. Ejemplo meridiano de cómo un corte adelanto puede ser a la vez directo y estimulante. Fenomenal.

Así las cosas, el tema título “Mar en el desierto” viene para rebajar tanta algarabía, ahondar en la faceta más electrónica de los sevillanos y poner un paréntesis en el corazón mismo del álbum. La más disonante, claro, en cuanto a su relación con el resto de canciones de este “Mar en el desierto”. Siempre pienso en los asturianos Acid Mess cuando oigo ese elegante y bien trazado prólogo de una “Bailaré” que pasa por ser uno de los cortes más heterodoxos del disco. Un intrincado baile gramatical capaz de ir del rock más calmo a bordear el punk, dejando por el camino una escritura intrincada a la que, si acaso, se le puede achacar cierta falta de cohesión.

Suplicandole a la muerte”, entrega más ambiciosa en cuanto a duración de todo el álbum, porta un largo prólogo reposado y calmo, de trazo casi académico, que tardará en quebrarse y lo hará para que asome un despliegue técnico que tiene mucho de clase y poco de egolatría masturbatoria. Aquello que comentamos siempre de poner la habilidad técnica al servicio de las canciones y no al revés. Ese solo que finiquita la primera parte de este penúltimo corte es de los que llegan a las tripas. En su tronco central arreciará de nuevo la cara más pesada de los andaluces, siempre contrarrestada por la reverberante línea vocal de Chamán. Me gustan las disonancias que surgen de esa confrontación, pero también la línea de batería que apoya a ese solo de guitarra del epílogo. Estupenda.

Respira” entra dentro de los cortes más peculiares de esta obra. El inicio resulta estimulante por ese tono misterioso, casi ritualista, empañado un tanto por una línea vocal algo atropellada en según qué versos. Sea como fuere, el crescendo que irrumpe más adelante, la forma en que empasta esa base rítmica, la buena línea de bajo de Gran Jefe, y cómo irrumpe la guitarra de Explorador a modo de cierre… un final que ni pintado para un disco de estas características.

Ideas muy claras las de los sevillanos. Un disco que me resulta efervescente en lo gramático e igualmente diverso en lo tonal, con un desempeño técnico que lejos de opacar las canciones, las dota de un brillo y un carácter impropios de un proyecto tan joven. Prometedor debut.

Texto: David Naves

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