
Tras aquél Studio Report del que os hicimos partícipes allá por noviembre de 2021, era hora ya de volver con la debida calma sobre “Eterno Linaje”, la más reciente obra de los asturianos Monasthyr. No sin antes refrescarle la memoria a los despistados, claro está, y recordar pequeños detalles sin importancia como que la banda se compone de Leo Duarte (batería), Julio Gayo (bajo), Axel (guitarra rítmica), Javy González (guitarra solista) y Jorge Sanz (voz).
Un álbum que como os contáramos el pasado año cuenta con un hilo conductor subyacente en las canciones, si bien éste nunca se manifiesta de manera vívida, dejando a imaginación del oyente otorgarle tal o cual significado a al apartado letrístico de los 8+1 temas que lo componen. Un trabajo que fue grabado, mezclado y masterizado por Diego Teksuo y cuenta con las colaboraciones de Pablo García (Alderaan, WarCry), Pacho Brea (Ankhara, Herética, Hybris..), Ramón Lage (ex-Avalanch, ex-Geysser, ex-Human…) y Carlos Sanz (Düneadain, ex-Melqart), requirió de los servicios del indonesio M. Luth Slaughter para adornar la portada y vio la luz el pasado 18 de enero a través de Maldito Records.
Una escueta “La Locura” ejerce de obligada maestra de ceremonias con, eso sí, tanta pompa como guitarra. Detalle éste que cada vez escasea más en introducciones de este tipo y, por ende, cada vez atesoro en mayor medida. Sea como fuere da pie a esta “Cómplice de Traición” con la producción de Diego Teksuo otorgando por igual pegada y equilibrio a un power metal brioso, de trazo y riffs eminentemente clásicos. Por ahí funcionarán los buenos engarces entre estrofas que deja la dupla guitarrera y esos aires a los Avalanch más embrionarios. Buenos estribillos y un estupendo solo en su puente central finiquitan una resultona primera apuesta que anticipó al disco en forma de los ya habituales video-lyric.
“Check in for Death”, con la especial colaboración de Ramón Lage al micro y que arranca Gayo al bajo, calma el brío del tema previo, se inunda de un metal a un tiempo más melódico, al otro más pesado, convirtiéndose en una de las propuestas más distinguibles por diversas de todo “Eterno Linaje”. Aprecio esa construcción más ágil, su tono más oscuro y el buen contrapunto que suponen las buenas melodías de González a las seis cuerdas. Quizá se le podría haber sacado más jugo a la garganta del ex-Paco Jones pero, sea como fuere, el solo que ocupa buena parte del epílogo pasa por ser de los más certeros de todo el trabajo. Fácilmente mi favorita del disco.
“Eterno Linaje” fue la carta de presentación del disco y cuesta nada y menos adivinar los motivos. Con Pacho Brea colaborando al micro y Pablo García haciendo lo propio a la guitarra, entrega no solo un estribillo sobrado de gancho y unas estrofas lucidas y bien construidas sino, claro, un vitriólico solo del muy habilidoso guitarra nacido en Oviedo.
Intro al margen, “Laberinto” pasa por ser la apuesta más escueta de todo “Eterno Linaje”. Un corte donde, irónicamente, la línea vocal de Jorge me recuerda al propio Ramón Lage. Es metal acendrado, con brío, que en su pequeño desarrollo no obvia buenos detalles desde el aspecto compositivo ni tampoco en el plano técnico. A destacar especialmente la buena línea de bajo de Gayo, sustento de gran eficacia para un corte que puede llegar a resultar engañoso por lo reducido de su duración pero que alberga no pocos buenos detalles en su interior.
“Solitario”, con Carlos Sanz a bordo, arranca en pura clave Helloween con esas inequívocas guitarras dobladas del prólogo para, a continuación, construir un corte en la más pura tradición Monasthyr, plagado de buenos detalles técnicos como engarce entre estrofas, estribillos redondos y el obligado contrapunto que provoca la recién adquirida dupla vocal. Sea como fuere, si por algo me atrae esta sexta entrega es por la buena labor de Axel y Javy en guitarras. Corren, se retuercen, gritan y vibran en el que es, colaboración de Pablo García al margen, el tema más brillante de todo el disco en este aspecto.
“Luna Maldita”, al igual que ya lo hiciera “Check in for Death”, vuelve a teñir de cierta oscuridad al metal de los asturianos. Corte que ejemplifica como pocos la ganancia en pesadez que experimentan Monasthyr de la mano de Diego Teksuo, si bien no obstante es una entrega con la que me cuesta horrores conectar. Por unos estribillos que no tienen el gancho de sus compañeros pero también por la forma en que me resulta algo más contemplativa, no quisiera decir conformista, en términos puramente técnicos y/o de ejecución. También porque la cabra tira al monte y esa bien hallada pero breve pesadez que ofrece el paso al puente central bien merecía algo más de desarrollo.
“Dos Capitanes”, que arranca con Gayo al bajo en una onda que satisfará a todo buen fan de Iron Maiden, poco o nada tiene que ver una vez superado el prólogo con la banda de Steve Harris. Sin querer hacer sangre sobre un aspecto lírico que por momentos me resulta un tanto naif, lo cierto es que resulta un corte agradable, bien trazado, de nuevo bastante identificable con una banda como esta, que vuelve a ejemplificar la casi perfecta compenetración entre Axel y Javy, manifestada y de qué forma en la parte final, de mis favoritas por cómo funde por igual clase y técnica. Parece fácil y dudo que lo sea.
Monasthyr se dejan para el final no solo el corte más extenso de todo el trabajo, sino también uno de los mejores riffs del mismo. “Damas de Hielo” atesora por igual finos cambios de ritmo, estrofas de construcción exquisita, una línea de voz exigente y como guinda unos estribillos en la más pura tradición de la banda. Una estupenda manera de finiquitar estos apenas cuarenta minutos de power metal made in Asturias.
Para mal nada te va a sorprender dentro de “Eterno Linaje”. Para bien, tampoco a aburrir. Todos los tics de una banda como Monasthyr tienen cabida dentro del álbum. Vienen esta vez, claro está, acompañados de una producción con verdadera enjundia, la más nítida y al tiempo poderosa de su carrera, lo que junto al trío de colaboraciones debería confirmarles como una realidad dentro de la escena nacional. En sus manos y en las de Maldito Records está el lograr subir un escalón. Seremos testigos.
Texto: David Naves