Reseña: Frozen Shield «Ínia» (Helgeim Records 2021)

Debut largo para los barceloneses Frozen Shield tras presentarse en sociedad allá por 2014 con el Ep “Deafening Woods”, entregar el single “Secrets of the Unknown” en 2018 y consolidar una formación, la integrada por Ümbra Hatzler (voz), Isaac Solanas (voz limpia y guitarra), Gerard de Diego (voz limpia y bajo), Marc Olestí (guitarra y coros) y Arnau Salto (batería), en 2019. Es ahora cuando por fin nos llega este “Ínia”, producido por el propio Isaac Solanas, mezclado por Simone Mularoni (Elvenking, Turilli / Lione Rhapsody, Redemption…), masterizado por Jacob Hansen (Aborted, Volbeat, Unleash the Archers, Kamelot…) y que con artwork de Alessandro Paviolo y Angelica Donarini, se encuentra en la calle desde el 4 de noviembre vía Helheim Records.

A New Tale Is to Begin (Overture)” marca el punto de partida sin sorpresas tonales pero con argucias en cuanto a escritura gracias a las cuáles uno divisa, aunque de manera tenue, los muchos recovecos y lugares que visitará el álbum. Algo que se aprecia en el primer gran corte del álbum, esta “The Greatest Journey”, de hecho entrega más ambiciosa de todo “Ínia” en cuanto a duración, y donde Frozen Shield han tomado la siempre arriesgada decisión de obviar el clásico arranque directo y febril en pos de precipitar su mejor faceta como compositores. Así pues, aquí están presentes toda la épica y la grandilocuencia que se le suponen a una banda de género como esta, pero también contrapuntos ágiles, armonías logradas y, si acaso, una serie de riffs algo recurrentes y/o previsibles. Irreprochable estribillo, en sonido y en construcción, y un más que notable aspecto técnico redondean una dupla inicial del todo prometedora y sugerente.

Land Under Storm” traza de inicio unas hechuras más livianas, lindantes con bandas sinfónicas como pudieran ser Last Days of Eden en lo concerniente a ciertos trucos de producción, para quebrar más adelante en pos de un desarrollo más asimilable a los grandes leitmotivs que empujan este “Ínia”. Así aparecerán por aquí buenos contrapuntos vocales y una interesante estructura en crescendo, donde, eso sí, echo en falta unas guitarras menos opacadas en la mezcla final. En cualquier caso me atrae por trazo y ejecución, resulta atractiva y porta un final épico y cinemático muy bien resuelto. Nota bien alta.

La pequeña introducción “The Grim Drought” vendrá a dotar de un mayor empaque a la canción que da nombre a este debut, una “Ínia” de corte mucho más convencional, que vendrá a aportar mayores bríos a esta primera parte del disco. Sencilla, directa, funcional, y a pesar de ello dueña de varios riffs más que notables. En especial los que emergen toda vez el velocímetro desciende de la zona roja. Desde luego una buena manera de adentrarse en su música.

Voice of the Tide” parece pretender oscurecer el tono dominante en un prólogo neblinoso, si bien este irá poco a poco asimilando un ideario más común y recurrente. Con eso y con todo, sigue siendo igualmente un corte algo divergente. Más a medio gas, medio tiempo de cadencias a menudo elegantes, pero un tanto subrayado en ocasiones por unos arreglos que opacan en lugar de acompañar. Interesante y agradable en cualquier caso la forma en la cual la épica poderosa y los tonos más ligeros y susurrantes se conjugan durante su buen epílogo.

Facing the Gates of Stone” será el interludio que parta “Ínia” en dos, introduciéndonos de lleno en la cara b del álbum con toda la algarabía sinfónica a bordo. Aún pareciéndome bien intencionada, llevo días preguntándome si de verdad merecía esos cuatro minutos y pico que marca en el reloj.

Sea como fuere, antecede a una “Warrior Woman” que pronto apuesta por un candor guerrero que bien podría recordar a Wintersun y bandas afines. Clásico, funcional, directo y febril, al final me transmite que podría funcionar como un cañón sobre las tablas. Los riffs vuelan, también los violines, mientras los arreglos se adueñan de un final tan pomposo como desatado. Bienvenida sea.

The Lair of the Mad Magician” será junto con la anterior “Voice of the Tide” otro de los aportes más personales y distinguibles de este “Ínia”. Por el firme ritmo al que se desarrolla, por unos riffs a veces algo exógenos, pero sobre todo por un trazo que me lleva a pensar constantemente en bandas ajenas al género, Devin Townsend inclusive, conformando a término un corte fresco, diferente, atrevido y muy llamativo. Lo más cerca que llega a estar este debut del término progresivo. Estupenda.

In a Timeless Dream”, con Ian Fontova y Magda Garre a bordo, calma toda la algarabía previa mientras nos regala una balada de trazos sencillos y delicados arreglos que terminará con un poderoso crescendo que la separará de cierto regusto a los neerlandeses Epica que arrastraba en su parte inicial. Acertada.

Jaw of the Titan’s Mounts” será la pequeña introducción que anteceda al último de los temas grandes de este debut, esta “Canvas of Snow (The Army of the Frozen Shield)” de arranque fulgurante y nada meditabundo, dedicada en buena medida a la cara más guerrera y nórdica del quinteto catalán. Tan poco sorprendente a estas alturas del álbum como funcional y efectiva a la hora de exhibir la mejor cara de Frozen Shield como intérpretes. Tras ese cierto exhibicionismo, siempre dentro de unos márgenes aceptables, sin caer nunca en erupciones ególatras de poco gusto, surge, coros mediante, una siempre recurrente calma eclesial que habrá de anteceder al habitual epílogo encendido y vibrante.

… que habría funcionado perfectamente como guinda de este “Ínia”, pese a lo cual la banda ha tenido a bien regalarnos (regalaros) un corte más, el profundamente cinemático y pomposo “One Last Page (Enclosure)”. Que no está del todo mal, pero quizá pueda resultar un tanto redundante. El disco continúa, no obstante, con un segundo cd que contiene las versiones “orquestales” de estas mismas 13 canciones.

A fe mía que estamos ante un gran álbum. De género, sí, pero grande en todo caso. A veces atrevido, con “The Lair of the Mad Magician” a la cabeza, a veces más convencional, casi siempre a muy buen nivel técnico y que transita un buen ramillete de influencias sin dejar que estas permeen su música más de lo aconsejable. Sorprende no ya la vitalidad, que se les supone de antemano, sino la gran personalidad para tratarse de un debut. Que por mucho que la banda lleve en activo desde 2010, la tarea de entregar un primer largo nunca es sencilla. Por ahí “Ínia” da la impresión de ser un trabajo largamente meditado y el resultado final es casi impecable, presentando en sociedad a una banda con muy buena pinta. Os seguiremos con atención, palabra.

Texto: David Naves

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