
“In Continuum” es el noveno disco ya para los evolucionados metaleros franceses de Destinity, quienes arrancaran a finales del pasado siglo más cerca de las costas del black metal para ir virando progresivamente hacia el death metal melódico que hoy ofrecen. La banda la componen a día de escribirse estas líneas Florent Barboni (batería), David Richer (bajo), Seb V.S. (guitarra, programación y orquestaciones), Stephan Barboni (guitarra) y Mick Caesare (voz). Esta nueva obra de la banda radicada en Lyon, que se ha hecho esperar nueve largos años, ha sido mezclada y masterizada por Jonas Kjellgren (Altaria, Dark Funeral, Septicflesh, Melechesh, October Tide…) en los Black Lounge Studios y cuenta con arte de Francesco De Luca (Imperium Dekadenz, Teramaze, Leathermask…). Salía al mercado el 15 de octubre vía Crimson Productions en Europa y Season of Mist en el resto del globo.
“The Sand Remains” es un arranque de una sobriedad casi inconmensurable. Y aunque su particular melodeath no sorprenda aquí en cuanto a tono o estructuras, está interpretado con tal mimo al detalle que uno perdona sus obligadas equidistancias. Buenos riffs en estrofas, estupendas líneas de guitarra apoyando al estribillo, la dosis justa de ornamentación y algún leve flirteo con el metal de corte más épico previo al virguero tronco central pergeñan una más que meritoria primera entrega. “Reject the Deceit”, que anticipó el álbum meses atrás, porta cadencias más marcadas, especialmente en estrofas, para en realidad seguir y profundizar donde lo dejara el tema inicial. Destaca aquí la buena labor de Seb V.S. a la guitarra, llenando de guiños y adornos una composición sencilla pero eficaz, de contrapuntos bien armados y tono algo más vivo donde destaca la bonita calma que precede al epílogo. No del todo opuesta, pero casi, al clásico adelanto simple y a la yugular.
“Reflections” resonará por momentos más sinfónica que el par de entregas previas, apostando después no obstante por la cara más acelerada de los franceses. Ganará enteros en especial por esa escritura ágil y no tanto por una producción que a veces entierra más de lo aconsejable la faceta metálica de la banda. Sea como fuere, su trazo agradable, en especial en su tercio final, terminan por salvar de la quema a esta tercera entrega. “Shadows”, otro de los adelantos del álbum, viene para dejar un prólogo de tono tranquilo, casi almibarado, dominado por una línea de piano a la que pronto engullirá la cara más descarnada de estos Destinity. Siendo como es uno de los cortes mejor equilibrados del álbum en cuanto a sonido, resulta también uno de los más ágiles e incluso divertidos en cuanto a trazo, siempre alternante y casi hasta impredecible, si bien no es menos cierto que el doble juego entre guitarras y voz que se adueña de ciertos momentos tiene poco de novedoso a estas alturas.
Andy Gillion (ex-Mors Principium Est) dejará un solo de guitarra en una “Dawn Never Breaks” que resultará en una de las entregas más canónicas del disco. Bien construida en cualquier caso pero que, al final, transita demasiados lugares comunes. Aprecio el brío que aporta aquí Barboni tras los parches y el solo de Gillion tiene la suficiente calidad como para no resultar olvidable, pero qué duda cabe que estamos ante una de las entregas menos atractivas o sorprendentes de todo “In Continuum”. Así las cosas, “Architect of Light” medrará a través de unos riffs que ganan en peso y agresividad, teñidos de ciertos detalles más tendentes hacia el black de corte más melódico, para entre unas cosas y otras conformar uno de los cortes más distintivos, junto con “Salvation”, de todo el trabajo.
“A Lucid Strain” deja un elegante y magnífico prólogo primero y la cara más celérica y a la vez clásica de Destinity en un primer tercio poco sorprendente en cuanto a la gama de riffs empleados pero igualmente eficaz. Tras esos primeros compases emergerá la gramática más diversa a la que nos tiene acostumbrado el disco a estas alturas, algunas disonancias tonales y unos curiosos coros durante estribillos. Aprueba pero sin sobresalir. “Snakepit”, una de las entregas más rácanas en cuanto a duración de todo el trabajo, amaga con convertirse en la habitual entrega rápida y feroz, pero pronto deriva hacia trazos mucho más diversos e inteligentes. Corte abiertamente bicéfalo, rico de nuevo en contrapuntos y ornamentaciones elegantes que bien merecía un desarrollo más allá de esos cuatro minutos y medio que marca el reproductor cuando suena la última nota del epílogo.
Y luego está, claro, el final. “Salvation” ofrece ya de entrada uno de los prólogos más bonitos del disco. También más opulentos y grandilocuentes. Después compone un death melódico muy canónico donde la voz de Caesare encaja como traje hecho a medida. El inteligente uso de los arreglos añade un mayor punch a un trazo por momentos decantado hacia la cara más épica de la banda. Todo justo antes de un tronco central, elegantísimo por cierto, que vira casi de forma dramática hacia el black de corte más sinfónico. Para el final queda un trazo más acompasado pero igualmente elegante, terminando por conformar esta auténtica hidra de tres cabezas que es “Salvation”. Gran cierre.
Un disco de buenas canciones, mejores interpretaciones y gran sonido. Fiel a la tradición pero a la vez lo suficientemente inteligente como para picotear aquí y allá en pos de seguir consolidando su propia personalidad como banda. Destinity son veteranos ya y se nota, su melodeath puede no sorprender a estas alturas del cuento pero en ningún caso engañar. Salvando algún que otro error de bulto y perdonando ciertos (pequeños) desequilibrios argumentales, estamos ante un disco que, pese a alcanzar los cincuenta minutos de duración, se consume casi en un abrir y cerrar de ojos. Ineludible, pienso, para cualquier fan del género que se precie.
Texto: David Naves