
Nos hemos desplazado hoy hasta tierras chilenas para encontrarnos con los blackers atmosféricos de Sol Sistere, radicados en la capital Santiago y que forman S. (voz), Pablo Vera (batería), Pedro Chávez (bajo), Carlos Fuentes y Ricardo Araya (guitarras).
La banda, que debutara en 2014 con el Ep “I”, (Pest Productions), proseguiría su trayectoria con los largos “Unfading Incorporeal Vacuum” (2016) y “Extinguished Cold Light” (2019), que verían la luz a través del sello neerlandés Hammerheart Records, hasta llegar a 2021 y entregar este disco homónimo grabado, mezclado y masterizado por el propio Carlos Fuentes en el estudio Sonido Origen de la capital chilena. Con artwork (misterioso, elegante, precioso) de ese estudio cada vez más solicitado (y no me extraña) que es Misanthropic-Art (Uada, Anomalie, Asphyx, Ultha, Sargeist, Hooded Menace…), se encuentra en la calle vía Cult of Parthenope desde el 15 de octubre.
La introducción, cuya segunda parte antecederá al epílogo del álbum más adelante, es esta “The Shimmer Pt 1” de ecos lejanos y brumosos que pronto transitan hacia un black acelerado pero elegante, con una serie de riffs que me hacen pensar en bandas como Gaerea, Mgła, Groza, etcétera. El caso es que nos conduce hacia una estupenda “The Narrow Path”, que con bastante acierto fuera elegida como adelanto del álbum:
Melodía y velocidad se funden en un arranque del mejor black metal atmosférico que pueda haber escuchado en lo que va de año. De sonido claro y nítido pero que no pierde fuerza en ningún momento. Ahí está esa línea de batería, llena de buenos detalles, que construye Pablo Vera. Bajará un tanto el ritmo en su tronco central, adoptando cadencias más calmas al tiempo que introduce una escritura más intrincada y un cierto viraje en cuanto a producción que propicia una mayor presencia del bajo de Pedro Chávez. La forma en que esos ritmos más descansados y el black metal acelerado del arranque se funden en el epílogo junto al punto más de reverberación del epílogo se me antojan la guinda perfecta. Grandísimo arranque.
“Ashes” se irá hacia derroteros similares, pero lo hará apostando por un black metal más disonante, nunca llegando a pisar el terreno de unos Misþyrming o pero claramente en la frontera de los mismos. Se deja notar principalmente durante sus estrofas, esas mismas estrofas en las que vuela sin freno la batería de Vera. S. se desgañitará a gusto durante este largo tercer corte, que entrará en un páramo tranquilo, casi onírico, alrededor del minuto cinco para adoptar unas tímidas guitarras que parecieran querer derivar hacia el shoegaze más liviano. Acude aquí un curioso solo de guitarra capaz de aguantar el tipo en unos Anathema (era “Judgement” especialmente) y que dará pie al brusco crescendo en que todo retorna hacia sonoridades más enérgicas y reconocibles en un epílogo correcto que, en ningún caso, empaña otro buen ejemplo del mejor black sudamericano del momento.
“Nothofagus”, que fuera adelanto del trabajo y pasa por ser una de las entregas más rácanas en cuanto a duración del mismo, claro, resulta un tanto más simple. Lo que no quiere decir que alcance a ser predecible ni que transcurra desposeída de la elegancia y el buen hacer a nivel técnico que exhiben sus compañeras. En especial reseñables los contrastes que se producen entre la voz de S. y las melodías del dúo Fuentes y Araya, así como también ese caminar más acompasado que ofrece en su tronco central. Menos atrevida e igualmente válida.
“Black Mass” hará lo suyo por volver a aquellos patrones revoltosos de comienzos del álbum, dejando en el camino toda una serie de alternancias rítmicas medidas al milímetro y que acostumbran a funcionar la mayor parte de las veces. Colisionan aquí la cara más veloz de los chilenos con la más arrastrada, quedando si acaso por debajo de sus compañeras por culpa de una línea de voz menos distinguida y algo más atropellada que en entregas similares de este “Sol Sistere”. En cualquier caso, ojo al riff que se adueña de su tronco central, la pequeña pausa que vendrá después y la grandilocuencia que desprende su epílogo.
Amenaza la instrumental “The Shimmer Pt II” con detener los altos vuelos rítmicos del álbum y sin embargo poco tarda en conducirse hacia el blast beat desatado y, por qué no, un tanto genérico. Por suerte será solo en apariencia. Sol Sistere construyen aquí un corte que te engañará en las primeras escuchas y que, desde luego, está mucho mejor construido (y ejecutado) de lo que parece. Buen preludio para lo que está por venir.
Puede que el riff que puebla el prólogo de “Unspoken Verb” no sea el más lúcido del disco, y sin embargo disfruto ampliamente con esta penúltima entrega. Es otro pepinazo de black metal tan atmosférico y ensordecedor como alternante y colorista, rematado, ahora sí, por una línea vocal de S. tan diversa y atrevida como el tema por el que discurre. Echo en falta, eso sí, una mayor presencia del bajo aquí, perdidísimo a ratos en la mezcla, abandonando a su suerte a la batería de Pedro Vera.
Y para el final, pues “Sol Sistere”, tema doblemente homónimo y el más extenso no ya del álbum sino de toda su producción discográfica. De arranque tenue, arrastrará consigo un poso más melancólico y apagado, de notable contraste con el disco en que se aloja, sin olvidarse de esos andamiajes sólidos y a la par poco lineales que impulsan buena parte de estas canciones. Muy importante el trabajo en cuanto a arreglos aquí, con un uso fantástico de las orquestaciones El puente central, tranquilo y relajado, te lo podría haber firmado Neige en un día tonto, mientras que el largo epílogo recuperará los blast beats cara a cerrar este tercer trabajo con toda la fuerza posible. Inmejorable cierre.
«SOL SISTERE
The bleak brightness embracing our ethereal soul
ETERNAL PATTERN
Will forever transcendence overcome this perpetual woe”
Disco de género a las duras y a las maduras. Grato por construcción, admirable por ejecución y más diverso en tonalidades de lo que aparenta en primeras escuchas. Quienes seáis habituales de las bandas citadas en el tercer párrafo de esta reseña, así de otras como Uada o Zhrine, encontraréis sobrados motivos para perderos en estos sesenta minutos del mejor black atmosférico contemporáneo. Lamento nada más lo complicado que será verles pisar estas tierras. Esta vez seremos nosotros quienes entonemos aquello de “vengan a España, mierda”. Enhorabuena, chicos.
Texto: David Naves