Reseña: Plastic Woods «Dragonfruit» (Spinda Records 2021)

Segundo trabajo para estos fusionistas progresivos de Plastic Woods, justo dos años después de aquél debut en 2019 con “Icarus”. Los antequeranos, formados por Jesús de la Torre (guitarra, flauta, voces) Javier Rubio (batería, percusión) y Antonio Muriel (bajo), vuelven ahora con un “Dragonfruit” en el que “cruzan las fronteras entre estilos musicales para seguir su propio camino y posicionarse, pese a su corta trayectoria, en referentes del progresivo a nivel nacional”.

El trío radicado en Antequera ha contado para esta empresa con las colaboraciones de Miguel Ángel Robles (trompeta), Antonio Campos del Pino (guitarra flamenca, palmas, jaleos), Irene Veredas (violín), Carlos Mesa (saxo) e Isaac Pascual (piano, sintetizadores). El disco fue grabado y mezclado por Jesús Gómez y Guillermo Ruiz en el Green Cross Studio (Málaga) y posteriormente masterizado por Mario G. Alberni en Kadifornia Mastering. Fernando Luque en ilustraciones y Julia Afán diseño finiquitan los créditos de un trabajo editado el pasado 3 de diciembre en digital así como en una doble edición limitada en vinilo a través de Spinda Records, The Braves Records, Discos Macarras, Violence In The Veins, Quebranta Records y Gato Encerrado Records.

Esa batería de Javier Rubio en su encarnación más orgánica nos introducirá en esta visceral y atrevida “Dragonfruit” que da nombre al disco y resulta más atrevida por escritura de lo que pudiera parecer a simple vista. Siempre con un sonido nítido y claro, que por ahí entregará una estupenda línea de bajo de Muriel. Delegará su tercio final en las habilidades técnicas del trío, bien apoyado por unos arreglos que acompañan en lugar de inundar y que explotará con inusitada rabia en su tercio final, todo sin abandonar del todo la elegancia ni la capacidad para cautivar. Gran arranque.

The Calling” arrastrará un tono más oriental en un prólogo de suma belleza. Jesús de la Torre extrae lo más cristalino de su registro y todo transita sobre tonos en gran medida calmos, reposados, livianos, que vendrán a contrastar con su predecesora y también con el gran desarrollo instrumental que la banda acomete a lo largo de los últimos dos tercios de esta “The Calling”. Ahí emergerá sin cortapisa alguna la cara más progresiva del trío, a ratos también y producción mediante, la más alucinada, rica en arreglos (esos metales) pero que entre ida y venida no dudo se le pueda hacer bola a más de uno.

El prólogo de “Dreamland” nos devuelve a los Plastic Woods más atemperados, si bien tras él irrumpe un corte empecinado en contrastar con cualquier otra idea planteada dentro de este “Dragonfruit”. Con gran peso de los arreglos esta vez y una escritura entretenida por ágil, despliega un tono entre la comicidad circense y la seriedad progresiva más ecuménica, que vendrá a recordarme en cierto modo a los noruegos Major Parkinson, y que disfruto como niño con juguetes nuevos.

La pequeña “Storm” representará lo más cercano de este segundo disco de los antequeranos a una balada clásica. Una voz que arrulla, unas tímidas guitarras acústicas y unos bonitos arreglos de cuerda. Para qué más. Pone el punto de pausa en el álbum y funciona más por ese contraste que por su valor como ente único. Y bueno, claro, tras ese impás bien viene esta “Close To The Void” y el desenfreno rockero que trae aparejado. Un desenfreno que se verá apenas asaltado por la mayor pesadez que la banda desarrolla durante el pequeño puente previo al epílogo. Curiosa.

Diez minutos abarcará el cierre “Sulayr”, con Plastic Woods regresando al fin a un trazo progresivo más reconocible y sobre el que se acomoda una línea de voz en la más pura vena Triana que, como no podía ser de otra forma, viene interpretada en el idioma de Cervantes. En el idioma del añorado Jesús de la Rosa. Trazos casi “kingcrimsonianos” en el estupendo y largo final, apoyados en un despliegue técnico atractivo y sugerente. Magnífico cierre.

Otro buen álbum llegado desde la cada vez más interesante escudería Spinda Records. Un trabajo muy serio con el que, sin embargo, me entretengo de principio a fin. Principalmente porque sin ser un disco extenso en exceso, da cabida a un razonable número de influencias, permitiéndose además configurar un ramillete de canciones que casi siempre resultan llamativas en las primeras escuchas y tornan en irresistibles a poco que tu oído se acomode a la peculiar forma de componer e interpretar de los andaluces. La riqueza arreglística suma sin opacar, el baile tonal de aquí a allá resulta en ningún modo forzado y la banda parece en una gran forma. Desde Heavy Metal Brigade que nos alegramos.

Texto: David Naves

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