
Nuevo disco en solitario para el que fuera tercer vocalista en discordia de los seminales Black Sabbath. Él es, cómo no, el birminghense Tony Martin y “Thorns” su más reciente obra de estudio, para la cual se ha rodeado de músicos como los bajistas Magnus Rosen (Jorn, Avalanch, Hammerfall) y Greg Smith (Alice Cooper, Blue Öyster Cult, Rainbow), el guitarra Scott McClellan (Army of Souls, Devil Land), quien además colabora en la composición del álbum, y finalmente el batería Danny Needham (Venom, Powerplay). El disco vio la luz el 14 de enero vía Dark Star Records (norte y suramérica) y Battlegod Productions para el resto del globo.
Ni introducciones ni sortilegios. “As The World Burns” es puro metal de la vieja escuela desde el primer acorde al último. A qué tanto adorno y tanta pompa. De eso nada. Buenas melodías por parte de McClellan y unas líneas vocales de un Tony Martin rejuvenecido, ágil, voluntarioso en los tonos altos y poderoso en los medios. Todo construye un primer corte que obedece a cánones, claro está, muy clásicos, pero que entrega un sonido potente, con un toque de suciedad que le viene como anillo al dedo a todo el conjunto. Interesante la construcción que entrega su tronco central con su deriva rayana con el groove primero y la calma después. Un gran arranque.
“Black Widow Angel” se imbuye de un tono más oscuro y angosto. Más sabatthino, sin alcanzar la caricatura, en su claro acercamiento a terrenos más doomies, adoleciendo en parte de una línea vocal no todo lo brillante que cabría esperar. Y es una pena porque su trazo resulta cuidado y las interpretaciones brillan cuando se les exige, pero hay algo en el peculiar ADN de este segundo corte con lo que no alcanzo a conectar del todo. Esa sección solista de corte más funky primero y más industrial después y la forma en que resultan totalmente exógenas al corte que las alberga, tampoco ayudan.
Curiosa a la par que épica esta “Book Of Shadows” donde Martin parece más cómodo que nunca. Hay desnudez en buena parte de las estrofas, amplificada por el cuidado uso de arreglos y rematada con unos omnipresentes coros para el que es uno de los temas más curiosos de esta vuelta del vocalista de Birmingham. Un gran contraste con el resto de este “Thorns” que irá ganando peso con el correr de los minutos mientras Martin desarrolla una línea vocal con claros ecos del tristemente desaparecido Ronnie James Dio. El protagonismo en su parte final será no obstante para un tímido y formal solo de teclado. Al final engancha por su cariz extraño, disociado en gran medida del resto de temas del disco. Por ahí puede que tenga tantos detractores como defensores. A mí podéis contarme en éstos últimos.
Arranque en clave baladero para una “Crying Wolf” que evolucionará en un curioso medio tiempo acústico y sencillo, de nuevo con Martin moviéndose como pez en el agua, y que si bien entrega un hábil giro de tuerca en su tronco central para alojar un sencillo solo de guitarra, no puedo evitar pensar que el resultado global dista de ser espectacular.
“Damned By You” regresa a las claves más endurecidas de comienzos del álbum, arreglos de cuerda al margen, y todo parece gritar Black Sabbath casi de forma desesperada. No nos engañemos. De todas formas, aún con esa influencia marcada tan a fuego, pasa por ser otro de los puntales de este “Thorns”. Needham está especialmente inspirado tras la batería pero si alguien brilla sobre manera aquí es McClellan con una serie de riffs y melodías que, en palabras del propio Martin, grabó en un solo día. Leal y a la par interesante reinterpretación del legado Sabbath.
Hay algo del Zakk Wylde más sucio, valga la redundancia, en los riffs de esta sencilla, rockera y eficaz “No Shame At All” donde Martin, no obstante, sitúa una línea vocal que, especialmente en estrofas, anda más cerca de Queen que de Ozzy Osbourne. De ese contraste nace un corte algo redundante en su trazo final pero dotado de un curioso atractivo. “No Where To Fly” es una balada de trazas post-grunge que uno, a priori, no esperaría de un músico como Tony Martin y por ahí no cabe más que aplaudir el atrevimiento. Pero es que además es un corte bien acometido, abrazado a un clasicismo ciertamente barroco por momentos, bien sustentado por una de las mejores líneas de voz de todo “Thorns”. Martin, de sesenta y cuatro años, estira su registro con todas las consecuencias antes de un tronco central pesado, pétreo, habitual antesala de un solo de guitarra que no llegará, lo que termina por dejar una sensación algo extraña.
La primera parte de esta “Passion Killer” hace todo por reactivar los biorritmos del álbum. Desarrollará un metal brioso, bien armado, sólido en su entrega de ritmos pesados, casi noventeros, donde brilla sobremanera la batería de Danny Needham. Es un corte, eso sí, que echa en falta unos estribillos mejor construidos o que conecten mejor con el espíritu de la canción que los aloja. No podía ser de otra forma que con un título por delante como “Run Like The Devil” que este noveno corte resultase en uno de los más celéricos de todo el álbum. Sencilla y rápida andanada con más que evidentes guiños a unos Judas Priest pre “Turbo” donde Martin llevará de nuevo su registro a una serie de tonos altos que no termino de ver en qué le benefician pero que a su vez acompaña a uno de los solos de guitarra más diversos y atrevidos de todo el disco. Clásica y efectiva.
La pequeña “This Is Your Damnation” recupera aquellos aires acústicos de la anterior “Crying Wolf” sobre los que Martin situará unas más que curiosas, llamativas y extrañas estrofas que terminará coronando con un estribillo que, nuevamente, vuelve a sonar un tanto fuera de lugar. La simpleza de su desarrollo me hace pensar finalmente en que parece una idea más acertada por planteamiento que por ejecución. El cierre con el tema título “Thorns” arranca en balada, muta en medio tiempo y muestra a un Martin enfrascado en lo que por momentos parece una pobre imitación de David Draiman (Disturbed). Y es una pena porque es un corte construido con mimo y buen ojo, desarrollado con gusto desde el plano técnico y hasta bien arreglado, que se ve torpemente empañado por ciertas decisiones que no terminan de encajar. Una lástima.
Son más de quince años desde la anterior entrega de Tony Martin en solitario y de ahí quizá el gran rango influencial que abarca este “Thorns”. Mucho tiempo recolectando influencias de aquí y de allá, supongo. Sin embargo, lo que siento con el correr de las escuchas es que no todas estas ideas están plasmadas con tino en el disco. Algunas ni siquiera parecen estar bien desarrolladas, cuando no planteadas, empañando el resultado final de varios cortes del que, por otro lado, es un álbum voluntarioso y atractivo en su diversidad, que bebe de sus fuentes sin llegar casi nunca a la caricatura y que muestra a un músico, qué duda cabe, aun inquieto. Lo que no sé es hasta qué punto esa inquietud ha podido jugar en su contra esta vez, así como tampoco sé, porque el sello no nos facilita la data correspondiente, quién ha sido el encargado de producir esto y cuánta cuota de culpa es suya. En cualquier caso, un disco con muchos más peros de los que uno se imaginaba.
Texto: David Naves