
Metal alternativo desde tierras murcianas el que hoy nos traen los chicos de Crows As Shepherds a los que, antes de nada, convendría presentar. Ellos son: Christian Fernández y Alejandro Garrigos (guitarras), Julio Romero (bajo), Jose Meseguer (batería) y Daniel Sánchez (voz). Este “How To Stop A Plague” que hoy nos presentan lo grabaron entre Alex Cappa, Pablo Rousselon y Jorge Rodríguez en los TMF Studios y viene adornado por el arte de Estudio Chirrikenstein. Autoeditado y en la calle desde el tres de diciembre del pasado 2021.
Sintes retrofuturistas y mucha electrónica dan la bienvenida al disco en una “Won´t Let You Drown” que habrá de moverse, siempre ágil y atrevida, entre el metalcore más ligero y el rock industrial hasta alcanzar unos elegantes estribillos, teñidos de una pureza melódica nada revolucionaria, cierto es, pero en los que no falta gancho. Mayor pesadez en un tronco central por momentos arrastrado, por momentos espacial, que bien merecía algo más de desarrollo y una buena piedra de toque en cualquier caso.
“Anarchy” irrumpe algo más desnuda en cuanto a producción. Menos adornada y más visceral. En especial durante unas estrofas donde Daniel Sánchez pone a prueba lo más descarnado de su registro. Habrá a quien se le atraganten esos pequeños puentes entre estrofas y la calma que imponen. Lo cierto es que su integración en el discurso de este segundo corte no podría resultar más coherente con los grandes leitmotivs del disco.
Gana en groove y agresividad una “Encaged & Chained” que pasará por ser uno de los cortes menos personales pero a la vez iracundos y rabiosos de todo “How To Stop A Plague”. Sencilla como digo por trazo y de lo más pragmática durante su primer tercio, aportará una mayor calma y sosiego en su epílogo, resultando en una entrega con dos partes bien diferenciadas.
Retorcida, alterna, ágil, atrevida. “Tatemae” es todo lo que uno esperaría de una banda como esta. Su construcción nunca resulta predecible, sus bruscos cambios de ritmo funcionan y la ejecución técnica vuela siempre a niveles más que aceptables. Adolece, eso sí, de una base rítmica un tanto perdida en la mezcla final. Que no arruina el conjunto pero sí que lo empaña en cierta medida. Juzguen ustedes mismos:
“Unbury Me” tiñe de una mayor épica la contemporánea propuesta de los murcianos. Alcanzando a sonar abiertamente pop incluso durante su reposado prólogo. Las barreras entre géneros cada vez más difusas, lo que no siempre es mala noticia si éstas se ejecutan bien, como creo que es el caso. Los poderosos estribillos de este quinto corte no serían tan efectivos de no contar con el claro contrapunto que propone la desnudez de sus estrofas. Parece una perogrullada pero es así. Todo conduce hacia un final que conectará con la agresividad de comienzos del álbum, ofreciendo una ambivalencia en el epílogo más que eficaz. Estupenda.
“I Am Love” resultará en otro de los cortes más curiosos de “How To Stop A Plague”. Desprovisto de guitarras, puesto a los pies de los caballos de la electrónica y atreviéndose a amplificar una faceta que ya se vislumbrara en cortes previos, resultando por tanto en otro de los grandes contrapuntos, por no decir desafíos, del debut de los murcianos.
El prólogo de “Unity” parece querer rivalizar con el de la anterior “Unbury Me” en lo que a grandilocuencia se refiere. Se moverá siempre ágil, en el clásico tono ambivalente, construyendo otro de los grandes puntales del álbum, coronado en su parte final por un resultón solo de guitarra y donde todo deja la sensación de que podría ser un gran tema final en los directos del quinteto.
“Deranged” es todo lo árida, frontal e incluso monolítica que permite la peculiar manera en que la banda murciana entiende el metal contemporáneo. Y por ahí transpiran ciertas capas y sonoridades que me hacen pensar, aunque sea de forma lejana, en los Shining de Jørgen Munkeby, aún siendo como son dos propuestas, a priori, tan dispares. No encontrarás otra línea de voz tan desesperada en todo el disco. Absolutamente totémica.
“Beast Of The Night” vendrá a entroncar con el groove descarado de “Encaged & Chained”, tendiendo por momentos hacia el rap metal en un corte trazado a beneficio de la cara más violenta de Crows As Shepherds. Funciona gracias a la buena serie de riffs que incorpora, pero también al doble juego vocal y a una base rítmica que, ahora sí, tiene la presencia que eché en falta “Tatemae”. Curiosa.
“The Sin” sigue parámetros más reconocibles en esa construcción eminentemente clásica y a prueba de bombas. Habitual su confrontación entre estrofas y estribillos así como la ambivalencia en el uso de voces, ciertos aires orientales en producción y algún que otro riff interesante. No resulta, desde luego, avanzada o revolucionaria en modo alguno, pero encaja bien en el contexto del álbum.
Y para el final queda esta “This Is The End” que acudirá a tonos más relajados y cómodos para despedir el disco desde lo que primero parece una balsa de aceite sonora y después no duda en circular hacia tonalidades más agresivas, en especial en lo que a la línea de voz se refiere configurando finalmente una despedida más que aceptable para este debut.
Habitual disco coctelera donde cabe casi de todo. Electrónica, groove, metalcore, pop… los murcianos no se dejan nada en el tintero. Al final, la energía ni se crea ni se destruye sino que se transforma. Y la música en general y el metal en particular, otro tanto. Sea como fuere, siento que algunos temas acusan cierta sobreproducción, mientras otros dejan la sensación de merecer algo más de desarrollo. En especial esa andanada árida y rocosa que es “Deranged” (la cabra siempre tira al monte) pero en líneas generales se trata de un debut más que interesante por frescura y ambición. Bienvenido sea.
Texto: David Naves