
Siempre a caballo entre su carrera en solitario y su faceta como integrante de otras bandas, colocado casi de manera perpetua entre la veneración absoluta de unos y el ninguneo despreciativo de otros, la de Jorge Salán es una de esas trayectorias que no deja indiferente a casi nadie. Desde luego que si grandes nombres como Jeff Scott Soto, Dee Snider o Joe Lynn Turner requieren de sus servicios, algo tendrá el criado en Almonacid de Zorita. En cualquier caso, este Dios en la tierra para unos y apenas un chaval de la capital que toca bien la guitarra para otros, arremete ahora con un nuevo trabajo en solitario de nombre “El Cielo Es Lodo” a través de A New Label. El propio Salán produce, graba y mezcla el álbum en The Utopian Sea Studios para que después Dirk Schlächter, compañero suyo en Avalanch, masterice las pistas resultantes en Bassman.One.
Añadir que los coros vinieron al mundo en Dr.Hope Studios (Barcelona) y las baterías de los temas 1, 5, 6, 7 y 9 en Estudios Montepríncipe, con Bori Alarcón a los mandos, mientras que todas las guitarras y bajos del disco, salvo uno donde colabora Fernando Montesinos, corrieron de parte de Jorge. Pablo Romero y José Pereira en baterías y Pau Álvarez en teclados completan los créditos de un disco que viene rematado por el arte de Albert Toledano.
Kutxi (Marea) firma la letra de una “El Cielo Es Lodo” que además de dar nombre al álbum, pasa por ser la composición más extensa del mismo. Lo primero que llama la atención es el vigor que han adquirido las guitarras del disco con respecto a anteriores trabajos del madrileño. Corte bien construido, que en ciertas fases llega a recordar a unos Avalanch de discos como “El Ladrón De Sueños”. Potentes riffs en estrofas, dignos estribillos, un sonido que sabe buscar la potencia a través de cierta suciedad y una buena forma de inaugurar el nuevo álbum.
“Has Matado El Rock” tiene unas directrices bien diferenciadas del tema título. Mayor pesadez y cadencia, rematados por los buenos adornos de Pau Álvarez configuran un corte clásico, envuelto en una de esas letras poco amigas de la metáfora y de la que tengo mis más fundadas sospechas de a quién puede estar dirigida. En cualquier caso un buen punto y aparte con respecto a su predecesora, dueña de unas buenas guitarras dobladas durante el habitual derroche técnico de Salán, restringido aquí en favor de la canción y no al revés.
“Patrulla”, que adapta un texto de Manuel Vicent, es un hard rock clásico y sencillo, sensual, con algo de los mejores Whitesnake en su ADN, si bien, claro, Salán está lejos de equipararse a la innegable magia de David Coverdale. Ni falta que le hace tampoco cuando el tema encara su recta final y el ex-Mägo de Oz saca brillo a sus innegables capacidades solistas. Sin resultarme un corte sobresaliente, entiendo los motivos por los cuales ha sido uno de los adelantos del mismo:
“Terrateniente” discurrirá a medio camino entre el blues y el rock sureño sabiamente enriquecido por la buena labor de Pau Álvarez a las teclas. Fructifica cierta querencia por Lynyrd Skynyrd previa a un solo donde, ahora sí, el de la capital destapa el tarro de las esencias que suele decirse. Un buen contrapunto dentro del disco y uno de los cortes más certeros, redondos y conseguidos del mismo. “Entre Las 2 y Las 22” parte peras con el clasicismo de su predecesora, especialmente durante estrofas, para conducirse firme hacia unos estribillos extrañamente más conservadores. Lo foráneo del solo de guitarra y la falta de garra en los coros de la parte final terminan por configurar un corte extraño, fallido, con demasiados altibajos, con el que me cuesta horrores empatizar.
“Todos Somos Dios” ennegrecerá aún más si cabe el sonido de las guitarras mientras adopta trazos más pesados y monolíticos, lo que irá en detrimento del registro vocal de Salán. Sin parecerme para nada un corte fallido, cierto es que parece pedir a gritos, nunca mejor dicho, un registro vocal más de mayor empaque y/o mejor engarce con esa mayor pesadez que entregan las guitarras. Por ahí soy el primer sorprendido de que fuera otro de los adelantos del álbum, si bien es cierto que como digo y voces al margen, resulta un corte casi redondo.
Y es que cosas como “Disidentes” creo que le van mucho mejor al particular registro vocal de Jorge. El de Avalanch construye aquí uno de los mejores cortes de todo el disco. Desde sus creativas estrofas hasta esos estribillos repletos de gancho, sin olvidar la crítica social de su letra, todo parece carburar a buen nivel. Diverso incluso en cuanto a influencias, que en algún momento incluso rozan el prog más leve y al que remata con uno de los solos más curiosos y peculiares de todo el disco. Estupenda.
“Almohada”, de nuevo una adaptación de Manuel Vicent, en clave acústica, pone la nota calma y sosegada, se inunda de bonitos arreglos y se redondea por una meritoria labor de Salán al micro. Un buen interruptus antes de encarar la recta final del disco, tímidamente ensombrecido por alguna estrofa un tanto atropellada pero bastante digna en líneas generales.
“La Prisión” se electrifica y la voz filtrada de Salán nos va introduciendo en otro de los cortes directos y resultones de este “El Cielo Es Lodo”. Sin traer de la mano un riff en algún modo espectacular, lo cierto es que es un corte que termina funcionando en su conjunto, con un estribillo pegadizo y un gran solo antecediendo a un epílogo construido con mimo y clase. Para el final queda la curiosísima versión del “Pueblos Del Mundo” de Siniestro Total, en clave acústica y con el propio Miguel Costas colaborando al micro. Siempre a favor de versiones que se atrevan a disentir del original, como es el caso.
Tengo mis dudas al respecto de hasta qué punto le beneficia a Salán ocuparse del micro en unas canciones (en especial “Terrateniente”) a todas luces necesitadas de un vocalista más capaz. Entre medias hay buenas melodías, dos o tres solos especialmente inspirados, cortes redondos ( “Disidentes”) y una curiosísima versión del clásico de Siniestro Total. Para los muy fans del guitarrista madrileño.
Texto: David Naves