
Segundo disco largo para estos power metaleros canadienses de Calgary (Canadá). Ravenous, a fecha de escribirse estas líneas, lo forman Skyler Mills y Jake Wright (guitarras), Dave Crnkovic (batería), Chris Valax (bajo) y R. A. Voltaire (voz). El quinteto, que debutaría con el Ep “Eternal Hunger” en 2017, entregaría dos años después su primer largo “Eat The Fallen” y, finalmente, su segunda obra, este “Hubris” que veía la luz vía Feast Beast Records el 22 de octubre del pasado 2021. Un disco al que adorna el arte de Moch Luthfi, cuenta con una serie de invitados que os iré relatando y donde las ilustres manos de Fredrik Nordström corrieron con las habituales tareas de mezcla y masterización. Veamos qué se cuece.
Las orquestaciones del británico Daniel Carpenter adornan el brevísimo prólogo de una “Carnage In Carthage” que pronto deriva hacia un power acelerado, de armazón clásico pero trazo ágil, plagado de cambios rítmicos y buenas melodías donde la poderosa voz de Voltaire resulta el contrapunto ideal al tipo de metal propuesto. Puente central dispuesto a mayor gloria de la faceta más virguera y exhibicionista de los canadienses, arrastrará ciertos dejes a los británicos Dragonforce para de ahí transitar hacia un epílogo clásico y directo. Rápido y pegajoso arranque de disco.
“Astral Elixir” adoptará unos riffs cuyo tono más marcial la separan de su predecesora mientras la mezcla de Nordström introduce un hábil juego de alternancias entre las caras ornamental y metálica de la banda. Coros grandilocuentes, buenas melodías pero, sobre todo, una estructura más ágil y diversa transforman a este segundo tema en todo lo que el power metal contemporáneo aspira a ser. Cuando tiene que ser veloz, lo es, cuando se funde en arreglos mayestáticos, éstos nunca alcanzan a opacar al resto de elementos. Y cuando llega el tronco central y todo adquiere un tono más melancólico primero y épico después, esta “Astral Elixir” acaba por convertirse en una de las entregas más certeras e interesantes del disco con diferencia. Por cierto, ojo al estupendo duelo guitarra – teclado que antecede al epílogo. Magnífica.
Tras el dúo ganador que la precede, uno agradece el tono más tranquilo que arrastra una “Son Of Storms” de cadencias más propias de unos Running Wild, revestida eso sí del acostumbrado armazón sinfónico de la banda canadiense. Estructuralmente más sencilla y clásica, de estribillos en ocasiones lindando con los también alemanes Blind Guardian, a lo que contribuirá el registro ahora más roto de Voltaire y cuyo mayor valor viene dado por el contrapunto que supone dentro del álbum.
“Die 1000 Deaths”, que anticipó al disco a comienzos de agosto y cuenta con la colaboración de Heinrich Yoshio, es todo lo que un adelanto de una banda del género debe ser. Sencillo por trazo, épico, veloz, bien ejecutado y al que solo le pediría un estribillo con algo más de gancho. Crnkovic pergeña una estupenda línea de batería, el solo de Yoshio me resulta agradable y, de nuevo, el equilibrio que muestra su producción resulta encomiable. Pero no creo que alcance a ser un tema de diez y menos como carta de presentación de este “Hubris”.
Y da igual porque justo a continuación viene esta “Bridgeburner” y pone las cosas en su sitio. Ojo, porque lo hará partiendo desde un riff que casi podrían haber firmado unos Judas Priest pre “Turbo”, si bien claro, después todo irá por derroteros que poco o nada tienen que ver con la legendaria banda de Birmingham. Trazo ágil, Voltaire en su registro más épico, acertadísimo uso de contrapuntos tanto rítmicos como tonales y, claro, ese tronco central primero tranquilo y exhibicionista a la par que tocón después. Estupenda.
“The Alder Queen” apostará todo a la cara más trotona de su peculiar visión del power metal, atravesando por gramáticas sencillas, de nuevo con cierto aire a Dragonforce y aprovechando para introducir una colaboración al micro, la de Nina Osegueda (A Sound of Thunder) que bien merecía algo más de desarrollo. “March Of Hunger” se apoyará en el riff más maidenesco del álbum, un clásico medio tiempo sobre riff cabalgante que me genera sensaciones encontradas. Sí. Porque su escritura es clásica y academicista a más no poder, pero a la vez, traza una de las mejores líneas de voz de todo el disco. Y tiene un acelerón durante el puente que le sienta la mar de bien. Un corte que termina vibrando en frecuencias próximas a Powerwolf y tiene toda la pinta de funcionar como un tiro cara al directo.
“Claw Is the Law”, con Wolfbeard O’Brady (voz y acordeón) y Deckhard Cordwain (mandolina), regresa a patrones más propios de comienzos del álbum para construir otro arranque de power metal acelerado, trotón y funcional, de estribillo un tanto naif eso sí, pero que, en cualquier caso, se las arregla para sacarme alguna sonrisa que otra y donde vuelven a brillar las habilidades técnicas del quinteto durante el resultón tronco central.
El piano de Daniel Carpenter y la voz del Falconer Mathias Blad adornan la balada / medio tiempo del disco, esta correcta “Onwards & Upwards” que habrá de anteceder al corte más extenso del álbum y que se desarrolla sin alardes ni tampoco errores de bulto.
“…Of Beasts And Faust” despedirá este “Hubris” yéndose más allá de los diez minutos para construir un cierre ágil y diverso, que lo mismo arranca desde un prólogo cenagoso y sureño, transitará hacia un tono a lo Maiden, a lo que contribuirá especialmente una mezcla que situará al bajo de Valax altísimo en la mezcla, adoptará un power metal, de nuevo, muy ecuménico después, de riff eso sí un tanto trillado. Hay estupendas melodías de Voltaire aquí, pero también una gran labor solista, que en cierta manera me recuerda a los mejores Stratovarius (quizá porque ande reescuchándoles estos días, puede ser) y que al final, entre unas cosas y otras, construyen un corte que pese a su duración no aburre ni distrae en ningún momento. Blast beats de Crnkovic acompañarán la colaboración de Jake Jones (Æther Realm) y “Hubris” terminará echando el cierre por todo lo alto.
Fíjate que aunque es un disco que me ha gustado en gran medida, no dejo de pensar que se diluye un tanto mientras la escucha atraviesa el corazón del mismo. Que tiene un buen corte inicial, se eleva con la magnífica “Astral Elixir” y a partir de ahí contiene por igual aciertos (“Bridgeburner”) y errores (“Die 1000 Deaths”), para luego volver a coger impulso en su parte final, aun a pesar del dichoso estribillo de “Claw Is The Law”. Sea como fuere, intuyo que los fans del género disfrutarán en buena medida con este cocktail a medio camino entre Dragonforce, Blind Guardian, Powerwolf, Twilight Force, Stratovarius…
Texto: David Naves