Crónica: Sôber, Contrabanda y Bon Vivant en Oviedo (18/3/2022)

Primer llenazo de la sala Sir Laurens en lo que va de año. El motivo no fue otro que la venida de los madrileños Sôber a tierras asturianas acompañados de Bon Vivant y Contrabanda. Cabe decir que con puntualidad inglesa y una organización cada vez más afinada. Es bonito comprobar como el paso del tiempo ha llevado a resultados cada vez mejores y no a un conformismo contraproducente. Nos alegramos.

A Bon Vivant les tocó el siempre duro trago de abrir la noche. Tarea doblemente difícil en su caso pues el público aún era escaso y de entre quienes ya estaban dentro pocos parecían conocer su música. Los madrileños, que arrancaran su carrera más cercanos al AOR, recorren ahora caminos más alternativos y de ello dan cuenta especialmente temas de su reciente álbum “Supernova” como “El Fuego Es Nuestro” o “La Guerra A Oscuras”.

Charly es una buena voz cantante para una banda como esta. A veces carga con la guitarra acústica, otras con la eléctrica. Echa mano incluso del violín. Su presencia es punto focal de una banda que sobre el escenario resulta bien empastada y que si bien no gozó del mejor sonido de la noche, tampoco se puede decir que dejara malas sensaciones.

El paso de una banda a la siguiente se produce esta vez con tal prontitud que pilla a más de uno aún echándose un cigarro en la puerta. Contrabanda irrumpen en el escenario ovetense y su rock vivaracho conecta con una audiencia ya importante gracias en parte al desempeño de un Tony que porta unas hechuras y un modo de moverse que pronto nos recuerda a nuestro Nici de Drunken Buddha. Lo cual nunca es mala cosa.

Rock que en vivo gana muchos enteros, sonando más potente de lo que uno podía haber escuchado con anterioridad. Su más reciente trabajo de estudio, aquél “Ingrávido” de 2021, alimentó en gran parte su set-list, permitiéndose apenas guiños al pasado gracias a que su actuación hubo de alargarse un par de temas en su tramo final por inconvenientes de última hora. Algo que, supongo, agradecerían los de la capital. El reducido espacio que dejaba la escenografía de los cabezas de cartel no dejaba gran lugar a florituras pero los de Móstoles supieron sacar adelante su pequeño set-list con tablas y buen hacer.

Y quedaba el plato fuerte. Sôber, o lo que es lo mismo: Manu Reyes en batería y el trío de toda una vida que forman Jorge Escobedo y Antonio Bernardini (guitarras) y Carlos Escobedo (bajo y voz) salen a escena con Sir Laurens mostrando el mayor lleno de público que hayamos visto en la sala.

La puesta en escena es por igual sobria y luminosa, con el cada vez más recurrente set de luces led y la gran batería de Reyes como principales focos de atención. “Mi Heroína” es el pistoletazo de salida de un show que bordea las dos horas y en el que no faltarán sorpresas.

Huelga decir que desde un primer momento el público parece entregado a la causa. Carlos sigue siendo ese líder a la vez risueño y enérgico por el que parece no correr el tiempo. “Elegía” o “Vulcano” dejan además la sensación de que pocas bandas han sonado tan bien como ellos en la sala asturiana.

Con “Blanco y Negro” y en especial “Tic Tac” logran gran conexión con la audiencia. Su set-list resulta bien elegido y equilibrado. Uno siempre tiene sus favoritas pero cosas como “Sombras” con la que volvieran en 2010, o una “El Día de la Liberación”, que porta una resonancia muy especial debido a la maldita pandemia que aún nos acecha, no dejan de tener un halo especial.

Tras “El hombre de Hielo” se producirá el primer parón de la noche cara a preparar un pequeño set de temas lentos que arranca con Carlos Escobedo cantando “Estrella Polar” mezclado entre el público de la sala. Momento que tendría su continuación con “Eclipse” y la muy emotiva “La Escalera”.

Y después del letargo, qué mejor que volver con un pequeño medley con lo mejor de aquél ya lejano “Morfología” de 1999. “Abstinencia”, “Caída Libre”, “Condenado”, “Qué Hice Mal” y, claro, “Loco”, pusieron la nota nostálgica a esta parte final del show. Para el cierre la inevitable “Arrepentido” junto a “Naufrago” y “Diez Años” como colofón a una noche ciertamente memorable.

Cabe destacar el buen detalle final de Carlos Escobedo agradeciendo la labor de técnicos de sonido, backliners, mánager etcétera al cierre del show. Invitando incluso a las dos bandas teloneras para el habitual saludo final. Y es que, polémicas y gustos individuales al margen, la clase se tiene o no se tiene. Gran noche.

Texto: David Naves

Fotos: H.M.B.

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