Dos de dos. La ovetense Sir Laurens redondeó con Sôber el viernes y Leize y Vhäldemar el sábado un fin de semana para el recuerdo. De nuevo con una entrada respetable de un público fiel que supo responder a la llamada de dos bandas tan diferentes como indispensables ya dentro de nuestra escena.

Leize, o lo que es lo mismo, los míticos Toño Rodríguez (bajo y coros) y Félix Lasa (guitarra y voz) junto a los más nuevos Ibi Sagarna (batería) y Mikel Lazkano (guitarra y coros) llegaron a Oviedo dispuestos a dejar bien alto el pabellón de una de esas bandas que seguramente merecieron mejor fama y suerte en el pasado. Pero Leize, tras volver en 2006, siguen vivos y qué mejor manera de demostrarlo que con conciertos como el del sábado.

Con una puesta en escena casi minimalista, desprovista de cualquier elemento superfluo, “Un Paso Más” y “La Rueda” arrancan un show con doble aroma reivindicativo. Tanto por el cariz muchas veces de sus letras como por el legado de una banda imprescindible de nuestro mundillo. Cabe decir que el público conectó con los de Zestoa desde el minuto uno. Y aunque el equipo de Lazkano aguó por momentos “Alambre Fino”, lo cierto es que el cuarteto vasco entregó un buen sonido durante toda la noche.
Y si bien por ahí suenen temas de sus trabajos más recientes como “Hundiéndome En La Noche” o “Mi Lugar”, qué duda cabe que la nostalgia juega un papel fundamental a la hora de confeccionar su set-list. El tramo final despliega, claro, lo mejor del fondo de catálogo de la banda. Así, “Sospechoso”, “Buscando, Mirando” y “Muros” finiquitan el show y Leize son despedidos con una de las ovaciones más sentidas que el equipo de Heavy Metal Brigade haya presenciado en la sala ovetense. Sí parece haber futuro para Leize.

Después llegaría el turno de Vhäldemar. Los de Barakaldo acudirían a la sala asturiana en formación de cuarteto debido a la baja del teclista Jonkol Terra, siendo los habituales Carlos Escudero (voz), Pedro J. Monge (guitarras), Raúl Serrano (bajo y coros) y Jandro (batería) los encargados de defender el buen nombre de una de los grandes bastiones del heavy / power metal en nuestro país.
Nuevamente con una puesta en escena que contiene nada más y nada menos que lo fundamental para dar un buen show de heavy metal, desde que arrancan con “Death To The Wizard» de su último trabajo “Straight To Hell” (reseña aquí) el sonido que entregan es inmejorable. Escudero, enfundado con sus habituales gafas de sol y chupa de cuero desafía al calor reinante en la sala con la misma chulería de siempre. En el escenario y fuera de él la voz de Vhäldemar canta, grita, bebe, se retuerce, gatea, se arroja al público, le da de beber y parece no detenerse nunca. Su presencia es punto focal evidente del circunstancial cuarteto pero tras él hay músicos de una calidad incuestionable. Monge, con mucho uno de los solistas más volcánicos del género en nuestro país, tiene ahora al lado a un bajista que parece no irle a la zaga. El siempre sonriente Raúl Serrano incluso tuvo tiempo de intercambiar su instrumento con Pedro y dejar unas pequeñas pinceladas de su habilidad también con las seis cuerdas. La firme e inagotable pegada de Jandro termina por redondear una alineación que el sábado pareció en mejor forma que nunca.

Por cómo es recibida y coreada por la audiencia presente en Sir Laurens, “Afterlife” de su último trabajo porta ya hechuras de clásico a la altura de cualquier ídem de los barakaldeses. Por ahí caerían también la homónima “Straight To Hell” junto a las ya ineludibles “Metalizer” o la clásica “Breakin’ All The Rules”. Siempre “a muerte” y viviendo para “el hoy” y al mañana “que le den por culo”, Escudero no duda en arrojarse encima botella tras botella de agua. Y de lo que no es agua. Tiempo tuvo también para la habitual presentación de la banda, con la sorna y la mala baba que le caracterizan para regocijo de una audiencia que vitorea casi cada exabrupto del barakaldés como si fuera el último.

El cierre con “Energy” trae una catarsis final con Monge rompiendo las cuerdas de su Washburn y la habitual foto de familia. Se encienden las luces de la sala y nuestras primeras impresiones de lo que acabamos de vivir no podrían ser mejores. Son Vhäldemar una de esas bandas ante las que no caben grises. Los amas o los odias. No cabe otra. Pero lo cierto es que gustos personales al margen, son una gente que lleva adelante sus directos siendo conscientes de que la actitud no se negocia. La actitud lo es todo. Y nadie puede decir que les haya ido mal con su particular libro de estilo. Nos alegramos mucho de que así sea.
Texto: David Naves
Fotos: H.M.B.