
Regreso tras seis años para unos auténticos desheredados del rock patrio, los madrileños Rosa Negra, nacidos en la capital del estado allá por comienzos de los ochenta, década en la que nos dejarían un debut homónimo en 1984 y un segundo LP, “El Beso De Judas”, dos años más tarde. La banda desaparecería entonces de la faz de la tierra para terminar reformándose en 2012, dando pie a un tercer disco en 2015 de nombre “RN19732015”. Ahora como digo nos llega su último trabajo, un “Maadre” en el que Tony León, voz, guitarra y único miembro original pretende honrar la memoria de su querida progenitora, fallecida en 2016. Tiene junto a él en esta andadura a José Luis Aragón (bajo y teclados), Tony Montana (batería y coros) y Miguel A. López “Cachorro” (guitarra).
El disco cuenta con las colaboraciones de Pedro Conesa, Paco León, Julio Rebollo y Rob Anthony (coros), Snoopy (teclados), Dani Martínez (guitarra), Antonia Prieto (voz) y Miguel A. López (guitarra). “Maadre” se grabó, mezcló y masterizó en los estudios SUP de La Aljorra (Cartagena) con Dani Martínez como ingeniero de sonido y cuenta con diseño de portada y montaje editorial de Aramis León. A New Label se ha encargado de la edición, promoción y distribución del mismo.
Con un prólogo que me retrotrae inmediatamente al que portase “Metal Meltdown” de Judas Priest en su ineludible “Painkiller” de 1990, “Perros Viejos (Los Teloneros Del Rock)” inaugura un “Maadre” en el que inmediatamente llaman mi atención los filtros que porta la voz de Tony León en estrofas. Generan una sensación algo extraña, atacan en cierto modo a la legibilidad de las, por otro lado, profundamente clásicas letras que porta. Un arranque por tanto algo descompensado pero fervientemente fiel a postulados clásicos, lleno de buenos detalles en cuanto a ejecución pero también con algún que otro estribillo un tanto atropellado desluciendo en parte el resultado final:
“La Mejor Persona De La Tierra” habrá de arrastrar de nuevo una línea vocal algo atropellada, por no hablar de que Tony León da la impresión de no estar nada cómodo al micro. Y es una pena porque musicalmente es un corte juguetón, apoyado en un buen riff y bastante diverso en lo rítmico. Incluso trae un estupendo solo de guitarra como guinda de su buen tronco central, pero también un acelerón en el epílogo al que se le podría haber sacado mucho más partido. En cualquier caso, creo que cara al directo podría funcionar más que bien.
“Attila (Homo Seductorum)” actualiza el legado de los Obús más canónicos en una entrega de puro heavy / hard made in Spain. Clasicismo con todas las consecuencias. Buenas y malas. Apoyada en un buen riff, con un León que, ahora sí, parece más en su elemento, es un corte beneficiado del mayor peso adquirido por parte de su más que eficaz base rítmica.
“Los Caballeros De La Corte Del Rock” vira hacia terrenos más acompasados, a los que se sumará un hammond en un prospecto puramente purpleliano tan gozoso y sexy como disfrutón. Sin lograr una total conexión con lo que Rosa Negra me están contando en este cuarto tema, lo cierto es que sí empatizo con la forma en que me lo cuentan.
“Qué Ven En La Luz” obedece a la clásica dualidad entre estrofas arrastradas y estribillos trotones. Por ahí surgen buenos detalles en el aspecto técnico, con el debe de que León vuelve a dejar momentos en que parece algo incómodo a la hora de encarar una línea vocal, por otro lado, exigente en tonos altos. Dejará también un buen solo antecediendo a un epílogo de construcción casi impecable.
Casi se podría decir que parte al disco en dos la balada “Una Negra Flor”, una propuesta elegante en construcción y arreglos, con León moviéndose en tonos bastante altos casi desde el comienzo, que si bien opta por ritmos ya bastante trillados (especialmente en estribillos) no puedo negar que me agrada la forma en que está resuelta. Su parte central puede recordar a Axel Rudi Pell, y por ende a Rainbow, y por ende a Deep Purple, y por ende… estupenda.
“Cantad, Cantad Malditos” vuelve a conectar con aquella dupla que inauguraba el disco, también con los aires Obuseros de “Attila…” y todo para entregar un rock sin complicaciones, apoyado en riffs ni revolucionarios ni tampoco aburridos mientras deja una letra reivindicativa, callejera y nada metafórica. “No, No Te Rindas” funciona en base a los hábiles contrapuntos que entrega. Unos contrapuntos tanto musicales como vocales que construyen uno de los temas más ágiles de “Maadre” desde el punto de vista compositivo, así como uno de los más llamativos en cuanto a ejecución. De todas formas no negaré que su epílogo me resulta bastante naif.
Más que una simple revisión del original de 1984, “Espejo del agujero II (Madre)” gana el peso y empaque necesarios para perdonarles lo que ésta decisión pudiera tener de sentimentaloide. Por la muy sentida interpretación de León y el notable desempeño en el plano técnico que desarrolla, finalmente esta revisión parece no resultar en ningún caso fallida, innecesaria o redundante.
El disco vira por un momento al idioma de Shakespeare para una “We´re Blinding Our Heart” de bello prólogo y tonos baladeros. La decisión de incorporar al inglés resulta extraña nada más uno oye esa pronunciación por momentos distraída, por momentos ratonera, de Tony. En la medida en que perdones los dejes extraños de su interpretación tendrás ante ti un corte pausado y cadencioso, de nuevo elegante, exquisitamente trazado y lleno, rebosante de grandes interpretaciones. Aún con sus tics, de mis favoritas del álbum.
Bases funkeras e incluso rapeos durante estrofas que conducen a unos estribillos, eso sí, de gancho indudable. “Un Infierno Feliz” sorprende dentro de un disco como este. Y si bien el concepto no resulte tan rompedor como algunos puedan pensar, que Run-D.M.C. y Aerosmith ya jugaron a esto hace treinta y tantos años, lo cierto es que les sirve para ampliar los horizontes del álbum, quedando en el criterio de cada uno el decantar la balanza hacia uno u otro lado. A mí, por cierto, buscadme siempre entre quienes apoyan el atrevimiento. Menos atrevida resultará la final “Efecto y Causa”, que me agrada por su tono más brioso y febril tanto como me disgusta esa línea vocal en exceso forzada y atropellada. Los falsetes del estribillo se me antojan la peor guinda posible a este “Maadre”.
Tengo el convencimiento de que el de las letras es un tema puramente generacional. Tampoco es que quien escribe sea un chiquillo pero es cierto que por ahí me cuesta horrores empatizar con según qué momentos del disco. Y es una pena porque este es un trabajo dignísimo en lo estrictamente musical, lleno de grandes detalles en lo técnico, bastante variado en cuanto a tono y más diverso de lo que aparenta en lo referido a influencias. Más que de género, casi diría que es un disco de nicho. De uno tan reducido como irreductible. Un reducto de fans inasequible al desaliento, que se agarra con uñas y dientes a tiempos que se dicen mejores. Por ahí “Maadre” resultará un soplo de aire fresco entre tanta modernidad, una llamada a filas a la vieja escuela, un gozo enorme para los suyos. Si esa y no otra era la misión que se escondía detrás de este “Maadre”, objetivo más que conseguido.
Texto: David Naves