
Había ganas ya de encontrarse con nuevo material de los doomies valencianos Evadne, aquella banda que tan buen sabor de boca nos dejase hace ahora diez años, vuela el tiempo que ni te lo crees, con aquél fantástico segundo trabajo de nombre “The Shortest Way”. Entre aquella obra y el hoy más inmediato, cabría recordar también que su “A Mother Named Death” que irrumpiera un lustro más tarde sería un álbum que me generaría más dudas.
Así las cosas, la banda, recordemos compuesta por Jose Quilis (bajo), Joan Esmel (batería), Josan Martín (guitarras) y Albert Conejero (voz) ha confiado el sonido de este nuevo trabajo a Carlin Van Ross (Remembrance, Lethian Dreams, Aythis), Jaani Peuhu (Iconcrash, Before The Dawn, Swallow The Sun, To / Die / For, Thunderstone…) y Forsbäck (Rammstein, Entombed, Candlemass, 69 Eyes…) del Chartmakers West Studio. Asimismo, la imagen que ilustra la portada corresponde a la fotógrafa afincada en Rusia Natalia Drepina. “The Pale Light Of Fireflies” vio la luz a través de Solitude Productions el pasado 27 de diciembre de 2021.
Tan formal como evocadora la nostalgia con que la banda abre el primer corte del álbum. Unas voces limpias, casi cristalinas, en perfecta armonía con unas guitarras no del todo abruptas, conforman un primer tramo de una elegancia y una tristeza igualmente clásicas, muy acordes al género, de factura impecable. El corte incorporará el registro más roto de Conejero al tiempo que arremete con una mayor carga atmosférica mientras encara un largo tronco central que alcanza a rimar con aquél magnífico álbum de 2012. Rematará Josan Martín con un distinguido solo como antesala del bien confeccionado epílogo. Fue una de las encargadas de presentar el álbum en sociedad y puedo fácilmente entender los motivos:
“Under Blessed Skies” arranca de nuevo con Josan en elegante clave melódica para un prólogo consecuente con una banda de estas características. De ahí que sorprenda esta gramática más avanzada y retorcida, a veces incluso bulliciosa, de un segundo tema en constante diálogo consigo mismo. Llamativo por las atmósferas que produce, por la medida labor arreglística y, en especial, por esa alternancia vocal con que transita hacia su tronco central. Una canción que le sirve a los valencianos para poner negro sobre blanco todo lo que han crecido como compositores desde aquél “The 13th Condition” con el que debutaran en 2007. En el puente central irrumpe a ratos la cara más pesada y desgarradora de Evadne y aunque siempre hay melodías de Josan uniendo las diferentes áreas por las que transita la composición, no dudo que se pueda echar en falta algo más de cohesión entre tanto guiño. Aún con eso me sigue resultando un corte fabuloso, de esos que ganan peso con cada escucha. Magnífico.
Después de semejante viaje gramático, uno acepta de buen grado una “Where Silence Dwells” que viene por un lado a rimar de nuevo con su cara más doom y por el otro a inundarse de una carga sinfónica hasta ahora desconocida dentro de este cuarto trabajo. Que tampoco es que sea un corte lineal y aburrido, para nada, si bien es cierto que ni roza a algunas de sus compañeras en este aspecto, resultando en gran medida más previsible y acomodada. Y no pasa nada porque está tratada con mimo desde todos los prismas: riffs elegantes, producción poderosa, ejecución impecable y una marcada personalidad propia. Un buen contrapunto a lo que vendrá a continuación…
… que no será otra cosa que “The Pale Light Of Fireflies”, composición más extensa de todo el trabajo, de arranque calmo y algo distante, del que pronto toma las riendas Conejero al micro y que me hace pesar, casi de manera automática, en los ineludibles daneses Saturnus. La fuerte carga atmosférica que se deja notar en estos primeros compases junto a la voz del propio Albert opacan en parte unas guitarras que habrán de ganar un mayor peso más adelante. Hay arreglos un tanto exógenos, un trazo nada lineal, paisajes evocadores y una gran labor en lo técnico conforme encara su tercio final. Su telaraña resulta menos engorrosa que la de “Under Blessed Skies”, su gran rima dentro del álbum, lo que deriva en un armazón más solido y consistente. Si tuviera que elegir entre ambas creo que me quedaría con aquella otra pero qué duda cabe que estamos ante dos entregas de muy alto nivel.
“Ablaze Dawn Eyes” es una de las sorpresas más agradables desde el aspecto puramente tonal. Más liviano y no sólo por lo profusas que resultan sus voces limpias de su primer tercio. Le viene bien esta calma como anticipo y contrapunto de la brusquedad que emerge más adelante, no obstante incurre ésta de manera menos pretenciosa. Un corte de una vibración especial, que fluye firme y cadencioso incluso cuando Albert entrega su registro más roto y oscuro:
Corren las escuchas y el prólogo de “Hollow Realms” siempre me coge con el pie cambiado. De poco encaje dentro de los grandes leitmotivs del disco, resulta finalmente más que eficaz a la hora de ampliar el registro influencial del mismo. Sirve además para encontrar una base rítmica con más brío, unas llamativas líneas vocales y una guitarra a un tiempo cruda y al otro evocadora, casi tierna, en un contraste tan clásico como bien resuelto. ¿Posible opener cara al directo? Quién sabe.
El caso es que se podría decir de “Silhouettes Of A Faceless Sun” que dialoga mejor con el reconocible legado, por mucho que éste haya virado hacia terrenos más góticos en esta última encarnación. Las voces limpias están cuidadosamente resueltas en este penúltimo corte, alimentando como pocas veces la inevitable carga nostálgica de esta composición clásica y funcional. Es la guitarra quien le gana la partida ahora a la carga arreglística, de lo que se extrae un aroma mucho más clásico y reverencial. El puente central, con ese deje tranquilo, casi onírico, es fantástico.
¿Es “The Vacuum” el final reposado y tranquilo que el disco merecía? Tal vez. Produce sensaciones, que al final es de lo que se trata, si bien no sé hasta qué punto resultará del agrado de todos aquellos que se acerquen a esta última obra de los valencianos. La mas personal y diferente, que no llamativa, de todo “The Pale Light Of Fireflies”.
Un disco fiel a la tradición doom de la que beben y no obstante valiente a la hora de afrontar la mayor carga gótica que impregna muchas de las canciones. Lograr ese equilibrio no era tarea fácil y que Evadne lo hayan conseguido de esta forma habla muy bien de ellos como músicos pero también como compositores. Por ahí quedan armazones más clásicos en discordia con otros más atrevidos, arriesgados incluso, pergeñando un disco que pese a lo extenso de su duración nunca llega a aburrir. Estamos ante uno de los mejores discos del pasado año, confirmación definitiva de una gran banda.
Texto: David Naves