
Quinto trabajo, y dicen que no hay quinto malo, para estos heavy/thrashers madrileños de Agresiva, segundo desde que viraran a su lengua materna con “El Fin De La Razón” hace ahora dos años. Ellos son Álex Rodríguez (batería), Miguel Martín (bajo), Miguel Coello (guitarra y coros) y Samuel San José (voz). “Pánico Escénico” viene adornado por el artwork de Mario López (Amoth, Toxic, Crystal Viper, Hitten…) y vio la luz el pasado 28 de enero vía Demons Records, la edición en vinilo se pondrá en circulación el próximo 20 de mayo a través de Clifford Steel.
Heavy, clásica y directa, “El Loco” arrastra a un tiempo un metal fronterizo entre el heavy y el thrash más clásico como alimento de una letra, cabría decir también que una melodía vocal, que entrega no pocos dejes al rock urbano patrio de toda la vida. San José no posee un registro que me enganche, cabe decirlo, pero da la sensación de estar en pleno control de sus capacidades en todo momento, sin derivar hacia gorgoritos antinaturales o forzados. Lo escueto de su duración no deja mucho recorrido a la faceta solista, recluida en un pequeño acelerón durante el puente. Correcto arranque.
“Perdiendo El Norte”, que me recuerda inicialmente a mis paisanos de Selfaware y calca duración con respecto al tema inicial, sorprende con un mayor detallismo técnico, así como con una escritura más ágil y diversa, que se traduce en varias de las estrofas mejor planteadas de este quinto trabajo. San José sí mostrará algo ciertas dificultades para transitar por una línea vocal un tanto exigente en ciertos momentos. Hay una gran labor riffera a lo largo de este segundo corte y, de nuevo, unas baterías más veloces como acomodo del cumplidor solo de Coello.
“Confusión” destapará la cara más thrash de los madrileños. O por mejor decir, la más veloz, funcionando no obstante como contrapunto de unas estrofas nada lineales, con un pequeño toque groovie incluso, donde el bajo de Martín gana terreno en la mezcla de manera más que notable. La ganancia en agresividad de este tercer tema se acompaña de una línea vocal demasiado ligera y, por ahí, la sensación que me deja es algo extraña. Y aunque técnicamente me resulta, cuanto menos, correcta, lo escueto de su duración tampoco ayuda a mejorar mis sensaciones.
En tonos más oscurecidos, melancólicos incluso, se manejará “Triste Lacayo” donde, ahora sí, noto mucho más cómodo a San José. Más en su elemento. Coello no aporta riffs extraordinarios ni parece pretenderlo tampoco. Metal sencillo, directo y al pie. Sus mayores déficits vendrán más por temas de sonido y producción y no tanto por unos desarrollos técnicos bastante resultones.
El disco entra ahora en una serie de temas extraordinariamente cortos. El primero de ellos es este clásico, elegante y bien trazado “Tóxico”, que se entregará un solo bastante exógeno dentro de un disco de estas características. Que no sé hasta qué punto opera a favor de obra o no, pero que le da un toque de distinción a este quinto corte en cualquier caso. En “Redención” asoman la cabecita unas inconfundibles influencias maidenescas que impregnan desde riffs a coros e incluso el bajo de Miguel Martín. Directa y sencilla, pierde algo de brillo en un tercio final donde irrumpen unas estrofas algo atropelladas, inéditas hasta ahora dentro de este “Pánico Escénico”.
“Esclavo”, entrega más rácana del álbum y a la vez una de las cartas de presentación del mismo, elección ésta que no deja de resultar extraña, pues pienso que aquí dentro había mejores esfuerzos que este, donde unas serie de buenas ideas (el solo tiene innegable clase) no terminan de llegar a buen puerto por lo escueto del desarrollo total.
“El Fin Directo” recupera ideario de comienzos del álbum, lo acompaña de uno de los riffs más lúcidos del mismo y lo reviste de una faceta técnica y ejecutiva, cuanto menos, notable. La desnudez que acompaña al solo, funciona. La letra, sí, es un tanto naíf a estas alturas, pero este es más un tema personal mío que otra cosa. El caso es que “Defraudado” entrega unos aires más rockeros, más callejeros, que le sientan fenomenal a este tercio final del trabajo. Junto a ese aire más urbano surgen riffs emparentados con los Pantera más briosos y la sensación general de estar ante uno de los cortes mas interesantes y atrevidos de todo el disco.
Llamativa la final “La Senda”, no solo por tratarse del tema más extenso del disco con casi ocho minutos, sino por la forma en que amplía el registro tonal del mismo ya desde ese curioso prólogo acústico de aires quasi flamencos. Tras él irrumpe un metal clásico, bastante identificable con lo mejor del metal patrio de siempre, donde caben melodías que bien podrían recordar a gente como Tierra Santa, y que darán pie a un largo y calmo epílogo. Habrá a quien decepcione la decisión de cerrar el disco de forma tan apagada, casi brumosa, pero lo cierto es que no dejo de encontrar cierta valentía y atrevimiento en el gesto, que es precisamente algo de lo que adolece el disco en gran medida.
Quizá me haya malacostumbrado a los temas largos y esté juzgando de manera un tanto injusta a este quinto trabajo de los madrileños. Un álbum en el que, especialmente durante lo que vendría a ser su cara B, no dejo de encontrar ideas bien planteadas en desarrollos, las más de las veces, demasiado escuetos, casi nunca lo suficientemente redondos como para lograr que me enganchen o me entretengan, y es una pena, porque capacidades técnicas parecen tener de sobra. Un trabajo que no es que me decepcione, pero del que esperaba bastante más.
Texto: David Naves