
Debut autoproducido, y no recuerdo ya las veces que me encontrado con trabajos de tal signo últimamente, nuestro ecosistema está como está, para los chicos segovianos de Mortal Maze. Ellos son el Hijos de Overon Fernando López (bajo y coros), Iván Velasco (batería), Diego de la Viuda (guitarras y coros) y Héctor Velasco (voz y guitarra). Sin más bagaje que una demo, también homónima, editada en 2018, nos llega ahora un trabajo grabado, mezclado y masterizado por Carlos Horcajo, con artwork de Alice Bandicoot y fotografías de Rubén Francisco Burgos. Disponible en CD y digital desde el 1 de enero.
De la pequeña introducción “Through the Triptych” emanan por igual una calma y una profundidad de lo más llamativas. Funciona a la vez como preaviso de la que está por venir y también a modo de pequeña pincelada del aceptable nivel técnico que desarrolla el debut. Traslada hacia el primer tema con verdadera enjundia del álbum. O no del todo. Esta triplemente homónima Mortal Maze resulta tan alocada como breve, comandada por una estupenda base rítmica pero sin llegar a tener un horizonte claro por lo reducido de su duración.
Tras tan rácano desarrollo sorprende la larga introducción que porta una “Ghosts” donde la banda da la sensación de estar más asentada mientras se sucede una estrofa tras otra de puro heavy / thrash ochentero a más no poder. Desde su más que evidente clasicismo gramático eleva el nivel técnico de la propuesta, entrega unos estribillos sobrados de gancho y culmina con un notable solo como antesala del epílogo.
Hay algo en el tono que extraen de sus guitarras que me engancha. Todo sin que la producción brille, que es algo que no deja de ser pecado menor tratándose de un debut autoproducido como este. El caso es que ese tono alimenta y de qué forma la machacona y algo más noventera “From Here to the Nothingness” con un Velasco mostrando una gran agilidad en su línea vocal. De mis favoritas de todo “Mortal Maze”.
“Social Zombie” es a su vez uno de los cortes mejor construidos de todo el álbum. Algo que se constata desde su pequeña intro y la calma tensa que desarrolla hasta un prólogo que linda, aunque sea de manera leve, con propuestas más extremas. De las estrofas que surgirán después se desprende cierta urgencia, lo que a veces redunda en una línea vocal algo atropellada, que a su manera me recuerda a los primeros Angelus Apatrida, y que dejará un puente central cuyo trazo menos convencional funciona como un reloj. Estupenda.
El curioso prólogo de “Burn Church, Burn” deriva hacia tonos más oscuros, inéditos dentro del disco, que vendrán a ampliar la, por otro lado, reducida paleta de colores que manejan. Por ahí que me produzca cierta desazón que ese tono más oscurecido desaparezca después en pos de un thrash a veces más melódico, a otras más machacón, pero en cualquier caso mucho más predecible de lo que aquella introducción hacía prever.
“The Eyes Are Cut” por su parte es una entrega mucho más atractiva, diversa y lúcida de lo que su introducción más clásica deja intuir. Fluctúa entre un thrash a medio gas, por momentos machacón, juguetón en cuanto a tono y que le sirve a Iván para sacar brillo a sus habilidades con el doble bombo. Un corte que palidecerá finalmente por lo escueto de su duración y que bien merecía algo más de desarrollo.
“Beyond the End” contrapone a la pesadez de su prólogo la cara más veloz y visceral de estos Mortal Maze. Por trazo otra de mis favoritas del disco, trufada además de buenos detalles desde el plano puramente técnico y que si bien porta un tono nada disruptivo, se las arregla para resultar en una de las entregas más redondas del mismo.
Resulta apreciable la pequeña “A New Hope” gracias a una línea vocal donde sus contrapuntos brillan y funcionan. Por trazo, claro, mucho más elemental y predecible, de un nivel técnico solo aceptable si la comparamos con algunas de sus compañeras pero que oxigena al disco a estas alturas de lo que vendría a ser su cara B. “One More Beer”, según adjuntan en la hoja promocional una de sus principales armas de cara al directo, evoca sin miramientos a los primerísimos Metallica en el riff que adorna el prólogo, desde el cual construye un corte tan sencillo y clásico como vibrante y ganchero.
El paso por dos cortes tan reducidos en cuanto a minutaje aumenta el impacto de una “Deathmination” donde conviven por igual unas estrofas a lo Overkill con unos estribillos de un acento mucho más heavy. Incluso tímidos flirteos con un groove de escuela noventera, solidarios en cualquier caso a los grandes tropos del álbum. Quizá eche en falta un solo de guitarra más virguero pero el resultado global me engancha y me agrada.
Cierran en clave híbrida de speed y thrash con una “At the Dark Shadow of God” de planteamiento interesante pero que palidece, en parte, por una serie de riffs un tanto redundantes. Y aunque deja otra línea vocal bien construida y desarrollada, no puedo evitar pensar que la suma de sus más y sus menos deja un resultado algo agridulce.
Casi tres cuartos de hora de un thrash donde no dejan de sucederse guiños más heavies o incluso speed. Hay buenas ideas por ahí, Velasco parece un vocalista más que capaz, intercambiando sabiamente de registro cuando conviene, además junto a de la Viuda construyen una serie de riffs que, salvo excepciones, me agradan y me atraen. Con ellos, una base rítmica nunca espectacular pero bien empastada, acompañando sin opacar nunca al resto de elementos. Unos elementos que gozan de buen sonido para tratarse de un disco autoproducido como este, con ideas buenas y otras que no lo son tanto, que construyen un disco de género nunca desafiante ni tampoco aburrido. Un buen primer paso sobre el que cimentar una carrera de la que esperamos dar cuenta aquí, en Heavy Metal Brigade.
Texto: David Naves