Reseña: Moura «Axexan, Espreitan» (Spinda Records 2022)

Axexan, espreitan” es un mapa del patrimonio inmaterial del pueblo gallego elaborado a base de recuerdos personales, costumbres populares, ritos como elemento social y la presencia de espíritus de los que ya no están. Nos observan y nos vigilan en un sentido protector; y forman parte de nuestro ser, desdibujando la delgada línea entre el mundo de los vivos y el de los muertos.

Segundo trabajo para estos psicodélicos gallegos de Moura. Un álbum en el cual, según sus propias palabras, se adentran aún más en la tradición gallega, tanto lírica como musicalmente. La banda, que se ha visto reforzada con la llegada de la percusionista y voz Belém Tajes, recordemos se compone de Hugo Santeiro (guitarras), Fernando Vilaboy (hammond, sintetizadores), Luis Casanova (batería) y Pedro Alberte (bajo). “Axexan, Espreitan” se grabó a lo largo del verano de 2021 en una casa de la parroquia de Moruxo (Bergondo) en las proximidades de A Coruña, por J. Gutiérrez (quien además participó de la producción junto a la propia banda); para posteriormente ser mezclado por el propio productor en Cangas (Pontevedra) en otoño del mismo año y masterizado por Álvaro Gallego en Agmastering.

Su entramado visual así como el diseño de la portada pertenece a Hugo Santeiro y fue confeccionado a partir de imágenes cedidas por el Museo do Pobo Galego. Con fotografía, de Leo López, el disco ve la luz el 27 de mayo a través del sello Spinda Records dentro de sus “The Trippy Series” en formatos digital, CD, cassette y en una triple edición en vinilo limitada a 400 copias numeradas en color negro, 250 en color morado translúcido y 150 en marmoleado naranja.

Muy floydianos los sintes que adornan el prólogo de la inicial “Alborada Do Alén”. Construcción breve, casi a modo de introducción, que va tiñendo de una cierta oscuridad su liviano comienzo. Un corte ideal para adentrarse en las amplias, cuidadas y curiosas características que impulsan el segundo de los gallegos. Su crescendo es agradable, sin brusquedades, trazado con mimo y de lo más eficaz. Para cuando transita el epílogo ya no quedan apeaderos en el trayecto.

Engarzando de forma directa con su predecesora, “Romance De Andrés D’Orois” exhibirá un largo y calmo prólogo, que me agrada por su aire algo mistérico, y que ejerce como largo preludio de un rock igualmente reposado, con aires de psicodelia y preciosos arreglos de cuerda. Con un interesante juego entre canales, imprescindible el uso de auriculares aquí, se quiebra desde la calma más elegante hasta un epílogo con cierto regusto a King Crimson. Todo se cimenta en un trazo sencillo pero muy natural, que destierra cualquier asomo de brusquedad y entrega una naturalidad por momentos arrebatadora. Fantástica.

Pelerinaxes” engarza así mismo con el romance anterior, ahondando en la idea de un solo tema divido en ocho partes. Aquí son notables los metales lejanos y reverberantes que ofrece el prólogo como colchó a unas tímidas cuerdas acústicas. Unas cuerdas que se afianzan conforme el corte avanza, dotando a este tercer corte de una personalidad muy especial. Personalidad que quiebra conforme transita su tronco central cara a entregar alguno de los riffs más broncos de todo el álbum. Por ahí todo resultará algo más convencional pero bien está este impás más poderoso y la buena línea de saxo que acoge.

De “Baile Do Dentón” ya adelantamos ciertas impresiones en su día (enlace) y escuchada ahora en conjunto con sus hermanas de tracklist trasluce un mayor entendimiento para con el mismo. La forma en que este cuarto tema del disco dialoga con éste acentúa su propio entendimiento. Corte en cualquier caso consagrado a la cara más frugal de los gallegos, donde encuentro ciertos paralelismos con mis paisanos Acid Mess en la forma en que encaran las diferentes líneas vocales. Y aunque su trazo resulte de lo más evidente, tampoco ahorra en buenos desarrollos solistas. Me sigue resultando una acertada elección como adelanto:

Alalá Do Abellón” nos introducirá en la recta final de “Axexan, Espreitan” mientras construye el corte más inequívocamente galaico de los ocho que componen el álbum. El misterio de sus voces, los lejanos colchones de sintetizador, la maraña en que se introduce, el inevitable crescendo que conduce a la catarsis final… desde luego nada que tenga que ver con el rock, no digamos ya el metal, y sin embargo una de las piezas más curiosas, llamativas e incluso poderosas que hayan pasado por estas líneas.

Dicen que tras la tormenta siempre llega la calma y por ahí bien están la tranquilidad y los entornos acústicos de la pequeña y sosegada “Cantar Do Liño”. Un remanso de paz comandado por voces ligeras y ciertos rasgos oníricos. “Encontro Cunha Moura Fiadeira En Dormeá” por su parte arranca en clave casi jazzística, que es inicialmente tranquila y alude a los grandes imputs del disco para más tarde derivar hacia un conglomerado de desarrollos solistas que no harán sino dejar en buen lugar las capacidades de Moura como intérpretes.

Son nueve los minutos que ocupa la final “Lúa Vermella” y por ahí que no sorprenda la calma acústica que inunda su prólogo. Ni tampoco esas voces cristalinas que irrumpen a continuación. Me atrae por el uso de los arreglos que entrega. Y aunque ese viraje que alberga en su corazón mismo me resulte algo brusco, en contraposición además a la elegancia que había mostrado el disco en este aspecto, he de reconocer que me atrapa y subyuga la mayor gravedad de lo que vendría a ser su segunda parte. El broche final que un álbum de estas características merecía.

No, desde luego que no es el disco de mejor encaje con un medio como este. De hecho en mi recámara hay unos cuantos que sí se adhieren en mayor medida a una página como Heavy Metal Brigade. Pero a fin de cuentas se trata de un viaje que, gustos al margen, merece la atención de cualquier oyente que aún albergue algo de inquietud musical en su interior. Canciones entre lo onírico y lo terrenal, la psicodelia y el folklore, trazadas con mimo exquisito y por donde supura lo más granado de la tradición galega. Una pequeña joya a descubrir.

Texto: David Naves

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