Reseña: Oriolus «Leyendas De La Vega Baja…» (Autoproducción 2021)

Con el inicio de año nos llegaba el debut de estos chicos valencianos de Oriolus, proyecto de heavy / power metal encabezado por Javier Pérez (guitarra) junto a César Rodes (bajo y coros). Por suerte para ellos, los dos músicos no están solos en este empeño: Joe Wild, Yayo Hernández y Vama (voces), Víctor Patiño (voz y flauta) y Miguel “Cachorro” (Bella Bestia, Panzer, Coz, Harakiri) no han dudado en poner su granito de arena para que estas “Leyendas De La Vega Baja…” llegaran a buen término. El disco ha sido producido por los propios Javier Pérez y César Rodes, siendo además éste último el encargado de grabarlo en los Rod Estudios. Posteriormente masterizado por Joaquín Ruiz e ilustrado por Carolina Piñera Gandoy, se encuentra en la calle desde finales de 2021 vía Rock-CD Records.

Cabe destacar, antes de entrar en materia, el cuidado libreto que acompaña al CD, con pequeños textos a modo de introducción temática de cada uno de los cortes. En palabras del propio Javier Pérez: “el disco incluye 10 temas (…) basados en Leyendas de la comarca en la cual resido (Vega Baja, sur de Alicante). Además dentro de esas 10 canciones hay una basada en una leyenda de Murcia y otra de Alicante. Las letras aparte de estar basadas en las leyendas, intentan extrapolar la temática a aspectos más actuales y abordan vivencias más personales”.

Y pese a toda la pompa y boato que uno pudiera esperar dadas las credenciales del proyecto, lo cierto es que la inicial “Teodomiro” tarda nada y menos en entrar en harina. Power metal esencial, con la dosis justa en cuanto a arreglos y un tono en guitarras con el que no alcanzo a conectar del todo pero que tampoco me expulsa de su propuesta. Patiño lleva aquí la voz cantante, pareciendo más cómodo en estribillos y algo más díscolo en estrofas. Destaca, claro, la acostumbrada ración de solos durante su algo acomodado puente central. También el equilibrio que muestra ésta faceta solista, tanto por sus contrapuntos como por ciertas melodías dobladas que la adornan. Epílogo clásico en términos gramáticos y, en suma, un arranque clásico y funcional.

La Bruja y El Pescador” marca distancias con ese influjo mucho más hard. Casi AOR en las partes más desnudas. El registro un tanto más aguardentoso de Yayo Hernández le sienta como un guante a estas buenas estrofas. Me sobrevuela una y otra vez la figura de los argentinos Rata Blanca, que nunca es mala señal, y si algo echo en falta es una escritura algo más imaginativa y no tan previsible. Sea como fuere, posee el brillo técnico suficiente como para disculpar ese trazo tan elemental.

Regresa Patiño para ponerle voz a una “Zulema y Manuel” igualmente clásica, en el aspecto musical pero también en el lírico. El riff en que se apoya puede pecar de simple, no obstante sobre él conviven buenas melodías y algún que otro detalle técnico digno de mención (esa línea de bajo) pero en líneas generales encuentro cortes de mejor factura dentro de este debut. Encuentro más llamativa una “La Armengola” que regresa a postulados más cercanos a aquél power que inauguraba el disco sobre un riff a la Gamma Ray que no reinventa la rueda (ni lo pretende) pero, qué duda cabe, deja mejor sabor de boca que su inmediato predecesor. Hay algo de los primerísimos Avalanch incrustado en los arreglos de esta cuarta entrega, rematada con un estribillo con un gancho clásico y formal.

En “Oriolus”, tema más extenso del álbum, renace aquél aroma a Rata Blanca que inundara “La Bruja y El Pescador” que, solidario a una buena serie de arreglos, el buen solo de Miguel “Cachorro”, el tono más oscurecido de su tronco central y el tímido regusto progresivo de su epílogo conforman uno de los cortes más llamativos de este “Leyendas De La Vega Baja…”. Yayo Hernández además parece especialmente cómodo en este hard cadencioso y elegante donde únicamente echo en falta una producción con algo más de brillo. Pecado de sobra perdonable a un debut autofinanciado como éste:

La Cara del Moro”, con Vama en voces, es heavy metal de siempre. Parte de un prólogo remansado para después dejar uno de los cortes mejor construidos del debut, con mucho sabor a los Maiden más clásicos en riffs y melodías. Junto a ese sabor a la banda de Steve Harris emerge una buena línea de voz y, en la medida en que conectes con la historia que cuenta, una entrega sobrada de gancho, digna así mismo desde el aspecto meramente técnico. Estupenda.

De todas las entregas derivadas hacia el power que contiene este debut de Oriolus, quizá sea esta “El Callejón Del Cabrito” con la que menos conecto de todas. En parte por lo que me cuesta empatizar con la línea de voz que deja Patiño aquí pero también por una escritura en exceso formal y predecible. Tampoco me parece que el despliegue técnico que emerge en su puente central alcance a otros que pueblan este debut de los valencianos.

La Aparecida” pone la nota de color dentro del disco con un pronunciado viraje hacia territorios hard rockeros, casi sleazy, con Joe Wild llevando la voz cantante. Una pena que esos aires más funk rockeros que preceden al solo surjan de forma tan breve. Al final más válida por el balón de oxígeno que supone a estas alturas de tracklist que por lo extraordinario de su factura.

La Encantá” es pura clase desde el primer acorde. Vama hace construye una de mis líneas de voz favoritas del disco. Con gancho y sin escatimar en tonos altos, demuestra un equilibrio y saber estar dignas de mención. El trazo es sencillo, casi elemental, también los riffs en que se apoyan, heavy metal patrio de toda la vida. Desde su sencillez temática y formal, otro de los hallazgos de este debut.

Vuelve Yayo Hernández para la final “La Niña Del Pozo”, moviéndose ahora por tesituras en las que parece mucho más cómodo, de lo que se beneficia esta entrega fronteriza entre el AOR, el hard y el heavy metal donde apenas echo en falta una base rítmica mejor empastada en las partes más potentes. El inevitable solo de su puente central deja cierto regusto al gran Alberto Cereijo. Palabras mayores. Un buen cierre.

Javier Pérez tiene motivos de sobra para estar satisfecho de su debut con Oriolus. Un primer trabajo imperfecto, claro. La producción, o mejor dicho, autoproducción, dista de ser brillante. Tampoco tan desastrosa como para empañar las canciones. No es el caso. Hay riffs y melodías con los que no conecto y alguna canción que otra trazada de forma algo distraída. Pero también dejes que van desde el power formal al hard más elegante o incluso el rock más macarrra (“La Aparecida”) sin grandes esfuerzos. Ese arco tonal y las buenas colaboraciones configuran finalmente uno de los grandes atractivos del debut. El otro sin duda son las historias que retroalimentan el aspecto lírico del álbum, verdadero puntal del mismo, pero para eso tendréis que haceros con una copia. Ya estáis tardando.

Texto: David Naves

Deja un comentario