
Son veinticinco los años que cumplen los riojanos Tierra Santa en el presente 2022 y qué mejor manera de celebrar una fecha tan remarcable que con un nuevo álbum de estudio. Aquí sigue el dúo de siempre, el formado por Roberto Gonzalo en bajo y coros junto a Ángel San Juan en guitarras y voz, junto a los cuales encontramos ahora al batería ex-Aposento Francisco Gonzalo Castillo, el guitarra Dan Díez y el teclas Juan Antonio San Martín. “Destino”, que así se llama este duodécimo trabajo de la banda, contó con Karlos Arancegui como músico invitado y fue grabado y mezclado por el propio Juan Antonio San Martín junto a su hermano Javi en el Sonido XXI Studio y posteriormente masterizado por Enrique Soriano en Crossfade Mastering. Con artwork de Nayra Lopez, el disco se encuentra en la calle desde el pasado 10 de junio a través de Maldito Records.
Si la influencia de Iron Maiden ha sido siempre fácilmente palpable en la música de los riojanos, el prólogo de la inicial “Por El Valle De Las Sombras” hace poco y nada por ocultar ese gusto de San Juan y los suyos por la banda de Steve Harris. Corte bien construido para abrir el álbum, de riffs un tanto distraídos, revestido de un sonido a la altura de las circunstancias. Culminan con un estribillo apoyado en unas teclas que desarraigan de la Doncella y se acomodan en tonos más clásicos, cercanos a Rainbow. Echo de menos, eso sí, algo más de recorrido para ese solo que adorna el epílogo de forma un tanto timorata. Buen arranque en todo caso.
“Mi libertad” aplica algo más de mordiente a la mezcla. Sus riffs se aceleran, la batería de Gonzalo cabalga a buen ritmo y, a falta de una letra sin tantos lugares comunes, bien está la línea vocal de Ángel aquí. Nadie, y mucho menos quien escribe, va a descubrir a estas alturas que el de Logroño no pasa por ser el vocalista más dotado de nuestra escena. Ni falta que le hace. A veces conocer tus propias limitaciones también es vencer. Porque el caso es que su desempeño aquí tiene el gancho y carisma requeridos para un corte vivaracho y atractivo como este. La banda destapa, ahora sí, todo lo mejor de su arsenal técnico con buenas guitarras dobladas durante su tronco central y todo carbura, presumo, para convertir a este segundo corte en un fijo en sus directos.
Agradable ese deje más hard que dibuja “El Dorado”, ateniéndose a grandes rasgos a todos los tics del género. Desde la cuidada construcción de sus estrofas, la buena selección de riffs (ahora sí), hasta la cuidada línea de voz de San Juan, todo cuadra. ¿Todo? Es cierto que hay algún solo que otro un tanto disociado del conjunto. Que me agrada solo a veces pero tampoco creo alcance a empañar el resultado final. Elegante y cuidado epílogo, por cierto.
Es en temas como “Crucé El Infinito Por Ti” donde echo en falta una voz con algo más de garra y empaque. O unos coros que den más apoyo al desempeño de Ángel. La cabra tira al monte, ya se sabe. Y es que por lo demás es una entrega correctísima, de ritmos vivos y una batería sin grandes alardes. Que dispone buenos solos. Llevada adelante con la sabiduría que da el llevar dos décadas y media en este negocio. A fin de cuentas no puedo decir que me disguste pero sí que encuentro ofertas en “Destino” con las que empatizo en mayor medida.
“El Poder De La Tormenta” pasa por ser el tema más extenso del álbum. Con truco, eso sí, por el tímido prólogo que habrá de darle pie. Arranque tímido y calmo que derivará hacia un medio tiempo deudor de Axel Rudi Pell y propuestas circundantes. Elegante en su conjunto, bien construido, revestida de los solos que eché en falta en “Por El Valle De Las Sombras” y, tal vez, la que mejor partido saca de la buena producción que tiene el disco.
De nuevo muy Maiden esta “Destino” que da nombre al duodécimo trabajo de la banda, que me retrotrae al primer tema del álbum y se reviste de una faceta solista muy Smith & Murray, como no podía ser de otra forma. Sencilla, directa y, presumo, muy del gusto de sus fans de toda la vida. Reconozco que me deja algo frío, si bien agradezco la omisión de la rima “camino, destino”. Broma interna. Discúlpenme.
“Pecado De Ángel” no da nombre al álbum pero sí que fue la elegida como adelanto del mismo. Sigue en una onda muy Iron Maiden. Por ser concretos, en especial sus discos de finales de la década de los ochenta. Y sin abandonar ese influjo tan reconocible, lo cierto es que me resulta mucho más redonda de su predecesora. Todo sin tener ni mucho menos el estribillo mejor medido del álbum, pero bien construida al fin y al cabo.
Hay baladas de amor, de arrepentimiento, de desamor… “Siempre” es de las primeras. Y de forma orgullosa. Bien arreglada, construida con buenos crescendos, quizá haga por evidenciar alguna de las carencias de Ángel al micro, pero no es menos cierto que en su conjunto resulta casi intachable. El inicio, que puede recordar incluso a Queen, desaparece en pos de la «power ballad» de toda la vida.
En “La Fuente De La Juventud” será Rata Blanca el nombre que acuda varias veces a mi subconsciente. En especial durante estrofas. Es otro corte construido a la manera clásica, que siento se queda un tanto a medias por lo reducido de su desarrollo. Y es una pena porque no me parece que tenga un mal estribillo e incluso parece que Gonzalo resulta más suelto tras la batería. Pero en términos generales no me termina de cuajar.
“Gran Alma” se encuadrará dentro de los cortes más vivos del disco. Por contra, arrastra riffs un tanto desdibujados, una línea vocal por momentos algo atropellada y un estribillo sin alma. Si algo salva a esta penúltima entrega es una faceta solista disociada del resto del álbum. En absoluto solidaria al tema que la acoge, pero llamativa en todo caso.
El sentido medio tiempo final “Mi Madre”, algo así como el “Ecos De Vida” de Avalanch, resulta profundamente refractario a los grandes «leitmotivs» del disco. Y sin que se me enfade nadie, las comparaciones son odiosas. Es un corte que, quien más, quien menos, puede sentir como suyo, pero resulta algo torpe por construcción y no digamos ya por interpretación. Sin pretender uno enfadar a nadie, Dio me libre.
Si “Destino” fuese un vinilo, podría decir sin temor a equivocarme que una de sus caras me resulta mucho más satisfactoria que la otra. En especial gracias a cosas como “Mi Libertad” o “El Dorado”. En lo que vendría a ser su cara B sí que conecto en buena medida con “Pecado De Ángel” pero poco o nada con todo lo demás. Quizá uno esperaba algo más especial por su 25 aniversario, que se dice pronto, y el resultado final deja un poco a medias. Al menos a quien escribe.
Texto: David Naves