
Nuevo trabajo para el proyecto progresivo ALMS radicado en La Felguera, Asturias, en pleno corazón de la cuenca minera del Nalón. Tras él encontramos la figura de Aitor Lucena, quien se rodea esta vez de Rafa Yugueros (WarCry, ex-Darna, ex-Darksun) en baterías, Carla Martín al violín, Julia Sariego en coros, Maria Volkova en voces y Alain Frenette como narrador. Con arte de Pelayo “Layo” Martínez, el disco se encuentra en circulación desde el pasado 15 de abril.
Puede transcurrir en apenas dos minutos pero ya tras la inicial “The Charges” se adivinan varias de las muchas capas que alcanza a cubrir este nuevo trabajo de Lucena. Desde el piano inicial, las orquestaciones que le siguen, su parte narrada, hasta el fuerte influjo progresivo con que alcanza su final. Mejor forma de entrar en harina no se me ocurre.
Pero “Luxuria”, lejos de seguir ese fuerte marchamo progresivo, virará hacia territorios más psicodélicos. Muy pronunciados al inicio y algo más difusos más adelante toda vez irrumpe la carga puramente instrumental de ALMS. De la misma forma aquí irrumpe la cara más metalizada de “The Trial”, con las voces algo altas en la mezcla, cierto es, pero igualmente interesante desde el plano técnico. Duetos vocales, tonos que lindan con el folk, partes más próximas al metal, el elegante violín de Carla Martín y una fuerza centrífuga luchando por huir en todo momento de la línea recta, perdiéndose en uno y mil recovecos. Por ahí habrá quien eche en falta un trazo más cohesivo. Desde luego no es éste el disco de quienes piensen como tal.
Si en las flautas que iluminan esta “Gula” no deja de sentirse el fuerte influjo de los inevitables King Crimson, lo cierto es que su prólogo no deja de recordarme, por algún motivo, al bueno de Toby Driver. Sea como fuere, Lucena construye un corte centrado por igual en desarrollar la historia detrás de este “The Trial”, siempre a través de cuidados dúos vocales, como en engarzar las sucesivas líneas de voz con una miríada de capas, tonos y colores que puede llegar a abrumar en una primera escucha.
Vuelve el piano para iluminar el prólogo de una “Acedia” de prólogo calmo, elegante, del todo cristalino, roto de la más sutil de las maneras. Y todo para que emerja uno de los cortes más delicados, y a la vez misteriosos, de todo “The Trial”. Poderosos arreglos de viento, quién nos lo diría a quienes odiamos la flauta en el colegio, para alimentar un epílogo dotado de una paleta de colores de lo más diversa y que me recuerda, en cierto modo, a los siempre infravalorados proggies noruegos Major Parkinson. Estupenda.
Parte “Avaritia” desde un prólogo de una calma muy acentuada, como queriendo llevar este tema por territorios algo más conservadores. Pues nada más lejos. Toda vez desaparece la voz de Maria Volkova, “Avaritia” se pierde en un ir y venir de capas, ejecuciones y colores de lo más audaz. Nada parece tener sentido porque, al final, su propio sentido es este perpetuo ir y venir donde Lucena parece sentirse cual pez en el agua al tiempo que pone sobre la mesa su enorme background como músico.
La pequeña instrumental “Recess” apacigua en parte todo ese ir y venir instrumental, mostrándose, dentro de lo que cabe en un disco como éste, más lineal y ortodoxa. Con ella alcanzamos el corte más extenso del trabajo, que no es otro que este “Ira” donde predominará la cara más ligera del proyecto. Ojo, hablo de ligereza tonal, nunca en cuanto a gramáticas. Los asturianos siguen con su habitual ir y venir, dibujando un corte que transita desde la calma tensa de su largo prólogo hasta ese vitriólico y loquísimo paso previo al tronco central. ¿y es eso el “Asturias Patria Querida”? Todo parece tener cabida en la vastísima propuesta musical de Lucena.
Ni tan siquiera la pequeña “Invidia” se libra del habitual vaivén compositivo del langreano, dando cabida en poco más de dos minutos a un torrente de ideas capaz de opacar a discos enteros. Curiosa e impredecible, da paso a una “Superbia” durante cuyo prólogo acude a mi mente el nombre de Danny Elfman, canción de Los Simpsons al margen. Al igual que la anterior “Recess”, ALMS parece querer abrazar aquí un trazo más cabal, menos enfebrecido. Y así es: parece. Major Parkinson regresan a mi subconsciente mientras mi mente se regocija del que es, fácilmente, mi epílogo favorito de todo “The Trial”. El cuidadísimo dueto vocal, la cantidad de buenos arreglos con que se acompaña. Todo rematado con una línea de batería por parte de Yugueros que da buena muestra del gran músico que siempre ha sido. El cierre es para la fugaz “The Sentence”, breve como coito de conejo.
No es un disco éste pensado para escuchas ocasionales mientras barres la casa, friegas los platos o haces el pino puente. Ahí fuera hay cien mil de trabajos mejor indicados para tales menesteres y si quieres te puedo recomendar alguno que otro. “The Trial” es, y a fe mía que de manera más que orgullosa, un álbum que exige poner todos tus sentidos en él, percibir cada detalle, cada ejecución, cada arreglo, cada cambio de ritmo, todas y cada una de sus tonalidades, para poder ser degustado como se merece. Arriesgado, atrevido, audaz. Son adjetivos que se me ocurren, si bien no dudo sea también un álbum que pueda resultar pedante, engreído e incluso pretencioso para determinado tipo de público. Las cartas están sobre la mesa y en tu mano está apostar por un bando u otro. Os leo.
Texto: David Naves