
Segundo trabajo para estos metaleros sinfónicos procedentes de un lugar tan reconocido por su ancho mar como es Madrid. Crusade Of Bards surge de una idea inicial de Paolo Andreotti (teclado y voz) y Eleanor Tenebre (voz) con la intención de crear una banda con la que llevar adelante sus gustos e inquietudes musicales. Planteada en un primer momento como un mero proyecto de estudio, la formación creció hasta afianzarse como una banda de pleno derecho, siendo completada a día de escribirse estas líneas por Eduardo Guilló (voz), Adrián Carrero (guitarras), Marc Brode (bajo) y Jorge “You” Homobono (batería).
El núcleo duro del disco se grabó en los asturianos Estudios Dynamita de Dani G (Last Days Of Eden), donde se registrarían asimismo los arreglos orquestales y las gaitas de Andrea Joglar. Pablo Coello grabaría guitarras acústicas en los California Studios donde Víctor Sáiz se encargaría igualmente de ciertas labores de preproducción. Este “Tales Of The Seven Seas”, que cuenta además con colaboraciones por parte de Lady Ani (LDoE) y Fabio Lione (Angra, Turilli / Lione Rhapsody, Eternal Idol), ha sido mezclado y masterizado por el propio Dani G. Con arte de Daniel Alonso (WarCry, Infamia, Darksun, Centinela…) y cuenta con fotos de Nat Enemede. Editado por Rockshots Records el pasado 18 de febrero.
Me funciona la intro “Anuri” como carta de presentación del tono que impera en este segundo largo de la banda madrileña. Un arranque leve quebrará más adelante en beneficio de toda la pompa y el boato que uno presupone de antemano a una banda como esta. El paso al primer corte con verdadera enjundia del trabajo, este “The Northwest Passage”, no puede ser más elegante. Es la propia Lady Ani quien acomoda su reconocible registro en este power metal a medio camino entre la velocidad germana y un andamiaje orquestal muy a la italiana pero bien resuelto. Un corte de estructura ágil y que en cuanto a producción vuelve a exprimir lo mejor de los mentados Estudios Dynamita. Un puente tranquilo y brumoso antecede a un epílogo de corte más señorial y grandilocuente, si cabe, rematado con un virguero solo de guitarra. La cosa no podría pintar mejor.
“An Ocean Between Us Part III – A New World”, que continúa donde lo dejase la duología del debut, endurece el tono mientras opta por ritmos más pesados aprovechando para introducir la habitual confrontación entre voces limpia y gutural. Son líneas de voz bien planteadas en cualquier caso. Juguetonas. Que construyen buenas estrofas y mejores estribillos. Un tercer corte que les sirve, además, para lucir algo más de músculo técnico. Siempre de manera contenida. De hecho creo que al solo del puente central se le podía haber otorgado algo más de espacio. Sea como fuere, otro tema impecable, con gancho y bien construido.
Tras dos de los cortes más extensos del álbum bien está “Dunkirk Privateers” con su casi omnipresente doble bombo dándole algo más de brío a este tracklist. Satisfactoria en todo caso por la forma en que dialoga con el resto del álbum pero también válida por sí misma. Dueña, ahora sí, de un mayor poso técnico, algo exhibicionista incluso, y en general un corte de gran contraste con el par de entregas previas.
“Vento Aureo”, que fuera uno de los adelantos, vendrá a amplificar la faceta más puramente sinfónica de los madrileños. Por aquí se dejaran sentir melodías de más que evidente inspiración nórdica confrontando a algunas de las guitarras más pesadas de todo el disco. Surge ahí y por puro contraste uno de los cortes más interesantes de este “Tales Of The Seven Seas”, disociado en parte de la sencillez que suele parecer obligatoria en este tipo de anticipos:
El prólogo de “Naupaktos” dará una pequeña vuelta de timón al disco. Más adelante es un corte atrevido, que primero tranquiliza de forma tangible sus ritmos, oscurece en parte el tono imperante y termina por desplegar una mayor crudeza en cuanto a voces. Tampoco se olvidan los madrileños de buscarle las cosquillas a este sexto corte, afanándose de nuevo en ganar distinción a base de unas escrituras nada predecibles o acomodadas. Al punto aquí de que, por momentos, pueden pecar de una pequeña falta de cohesión derivada precisamente de esa escritura en constante diálogo consigo misma. Atrevida a mi juicio para bien.
El brevísimo interludio “Mati” nos anticipa la muy juguetona “The Red Charade”. Llena de melodías que parecen pensadas centímetro a centímetro para el directo y donde, no obstante, no obvian ni mucho menos la habitual escritura ágil y atrevida de la banda. Un corte que puede recordar a los asturianos Last Days Of Eden en ciertos momentos, al final el hecho de grabar en los mismos estudios termina por notarse, y que llevo metida en la cabeza desde hace días. Por ahí que su elección como una de las cartas de presentación del álbum parezca de lo más razonable:
“Hasard” vendrá para poner algo de calma entre tanta algarabía. Situada a medio camino entre la balada y el medio tiempo, repleta de tics más propios del metal gótico más elemental, alejada del tono imperante dentro de este segundo trabajo, rematada por una producción por momentos brillante y unos estribillos de lo más pegadizos. Un punto de inflexión como veremos a continuación.
El prólogo de “Samudr Ka Mandir” vendrá a ahondar en esa brecha más calma arrastrada del corte anterior. Balada ahora sí con todas las de la ley, recordando tímidamente a ese tótem casi inevitable en que se ha convertido “The Bard’s Song” de Blind Guardian, es calma y elegante, prístina hasta lo enervante para quienes aún piensan que cortes así no deberían de tener cabida dentro del género. Que me consta que haberlos, haylos. Sea como fuere, las acústicas de Coello embellecen un corte coronado por la buena armonía que ofrece su dupla vocal. Muy distintiva.
Y como contrapunto a tanta calma, bien viene algo con la chicha de “Lies & Ashes”. Con el insigne Fabio Lione dejando notas que a buena parte de los mortales se nos antojan imposibles, este decimoprimer corte del álbum consolida un metal pesado de guitarras graves que dibujan alguno de mis riffs favoritos de todo “Tales Of The Seven Seas”. Si bien es verdad que desconecta de la habitual escritura rebuscada de otras entregas, tampoco puedo decir que me resulte fallida:
A bordo de un estupendo y colorido prólogo, “Leap Of Faith” vuelve a calmar los biorritmos del disco para dibujar el que es, a buen seguro, el arranque más preciosista de todo el álbum. Tras él emerge un trazo alterno para un corte abiertamente bifocal, de riffs un tanto planos, cierto es, que termina saliendo a flote, de nuevo, por otra buena labor armónica del inspirado dúo vocal.
Y vuelta al terreno baladístico con “The White Witch”. Con Eleanor en solitario esta vez, casi de forma literal, apenas acompañada por tímidos arreglos de corte casi onírico y con la que, cierto es, me cuesta conectar. Para el final quedará la pequeña outro “As Above, So Below”.
Metal sinfónico con todas las consecuencias. Desde luego que quienes acudan a este “Tales Of The Seven Seas” esperando power veloz, repleto de vitriólicos solos de guitarra y baterías ametrallando dobles bombos sin descanso se llevaran una amplia, amarga y profunda decepción. Este segundo trabajo de Crusade Of Bards es mucho más que eso. Exhibe un músculo gramático más que notable. Prominente en gran medida durante la primera mitad del disco y algo más difuso después. Mención especial merece también el trabajo desarrollado en cuanto a líneas de voz. Tanto por parte de la banda como de los invitados que han tenido a bien participar en él. Posee gancho, es diversa, no peca de repetitiva ni avanza a trompicones. Bien medidas y mejor interpretadas. Punto fuerte del disco sin ningún género de dudas la producción de Dani G., no cabía esperar menos, roza el sobresaliente. No se me ocurre otro estudio dentro de nuestras fronteras, a día de hoy, donde grabar un disco de estas características y ser capaz de obtener unos resultados de este calibre. Crusade Of Bards dejan alto el pabellón del metal sinfónico patrio con su segundo disco y ansío ver si en lo que resta de 2022 alguien es capaz de entregar un disco del género capaz de rivalizar con este. Mi más sincera enhorabuena.
Texto: David Naves