
Death metal directo a la encía. Desde que se fundaran allá por 2009 en tierras malagueñas, Mainbrain han tenido claro el camino a seguir, que no es otro que el del death metal americano clásico en marcada contraposición a la marabunta de slams y breakdowns que nos inunda, la banda hoy formada por Chechu y César (guitarras), Alex (bajo), Tete (batería) y Jhonny (voz) debutaría en 2012 con el Ep “The Plague” al que seguiría “Feeding The Beasts” en 2013. Trabajos ambos editados bajo su cuenta y riesgo. Ahora por fin y bajo el paraguas de Blood Fire Death nos llega este “Jawbreaker” en el que Fran Corpas corre con grabación, mezcla y masterización y el indonesio Ardha Lepa (Sinister, Malignancy, Putrid Pile…) con el arte de un álbum que vio la luz el pasado 11 de febrero.
La propia “Jawbreaker” inaugura esta pequeña carnicería en seis entregas del mismo nombre. En efecto encaminada hacia una querencia por el rango sónico de unos Cannibal Corpse pre-“Kill”, este corte inaugural no presenta sorpresas ni tampoco dobleces. Su construcción es ágil y el rango técnico es amplio y dinámico. Especial atención a la línea de batería que despliega Tete aquí pero también a la mayor pesadez del epílogo y que contradice, aunque sea de forma tímida, a cierta info aportada por el sello.
“Pornfucker” porta unos riffs al viento cercanos a esa gran institución del death metal norteamericano que son Obituary. El influjo de la pareja Peres y West se rebela se dejará notar aquí con especial ahínco en las partes más veloces. Siendo como es menos exhibicionista desde el plano puramente técnico que su predecesora, hay que decir que si se mantiene firme es gracias a una gramática de nuevo ágil y diversa. De nuevo Mainbrain no pasan por ser la banda más revolucionaria del género pero cuentan con la sapiencia necesaria para saber llevar a buen puerto sus propósitos.
El denominado “Castillo De La Muerte” (wiki) sirve como background de una “Holmes Castle” que además fue la encargada de presentar al disco en sociedad. Y hay que decir que la decisión parece de lo más acertada pues posiblemente estemos ante el corte más logrado del trabajo. Interesante y llamativa por unos riffs nada avanzados pero sí convincentes, amarrada a una estructura de nuevo dinámica (ojo a la ganancia atmosférica del epílogo) y bien estudiada, acompañada de una línea de voz por parte de Jhonny que gana en matices resultando igualmente atractiva. Todo un acierto:
“Anymore” abraza una mayor velocidad a costa de acoger un rango gramático marcadamente menos dinámico. Para hacer una tortilla… ya se sabe. Por ahí emergerá la cara más velocípeda de los malagueños, que si bien no olvidan parte de los habituales requiebros rítmicos que impulsan a cortes como “Jawbreaker”, se mantiene en gran parte en la zona roja del cuentavueltas. Apenas apaciguada en su puente central cara a introducir un lacónico solo de guitarra, ejercerá de buen contrapunto rítmico dentro del trabajo.
Aún deudora de esa velocidad casi frenética de su predecesora, lo cierto es que “Perfector Lacerator” deriva de forma inteligente hacia los impulsos más retorcidos que dominan a cortes como “Holmes Castle” en particular y al disco en general. Por ahí que uno eche en falta una duración mayor que de verdad ponga sobre la mesa las buenas ideas apenas intuidas en esta agridulce penúltima entrega.
Otro corte que me resulta cuanto menos interesante por los riffs que dispone ante el oyente es esta “Addiction” que cerrará este meritorio “Jawbreaker” combinando la velocidad sin apenas sesgo de “Anymore” con un acento técnico más pronunciado que la convierten en uno de los cortes más llamativos del disco.
Una cosa es segura: no estamos ante el trabajo más ambicioso en cuanto a duración de lo que llevamos de año. Tampoco ante el más revolucionario en cuanto a planteamiento. A fin de cuentas esto es death metal en su encarnación más clásica, entendido a la manera norteamericana, repleto de buenas gramáticas, a veces de notables riffs y sabiamente construido para que en ningún caso resulte insustancial. Si lo próximo que vendrá de su parte será un trabajo realmente largo, no lo sabemos. Sí sabemos que este “Jawbreaker”, cuanto menos, sirve para mantener la mirada fija en la banda malagueña cual ojo de Sauron. Si era lo que pretendían, objetivo más que conseguido.
Texto: David Naves