
“Ouroboros” es el cuarto disco ya para los doom stoners de Portugalete Chivo, cuarteto que forman Aitor Granadero “Cigarrettes” (voz), Joseba Martínez “Molle” (bajo), Alfonso Alvarez “Joes Homme” (guitarra), Álvaro Álvarez “Pequeño” (batería) y Mikel “Mike” Becerra (guitarra). Nacidos allá por 2004, debutarían en 2010 con el largo “Swamp Of Sounds” al que seguiría “Cantankerous Rock” tres años después. Ya en 2018 ve la luz “Waiting For So Long” y finalmente en 2022 este “Ouroboros” que hoy nos ocupa, grabado, mezclado y masterizado por Xanpe en Koba Estudio, que adorna el arte de Dominic Sohor y que completan las fotos de Txaber Miravalles.
En palabras de la propia banda, un álbum que habla sobre “la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno. Todo en la vida se repite de nuevo: en la moda, en la música, en el cine. Hasta las cosas más simples de nuestra vida acaban y vuelven a empezar, aunque sea de otra manera”. Se estrenó el pasado 25 de marzo.
Desde el chirrido inicial, “Hard To Say” parece emparentar punto por punto con un sludge a la Eyehategod con sus guitarras desarrapadas y esa cadencia tan marcada. Es ahí cuando irrumpe la grungera voz de Granadero y la banda parece lanzarse a una búsqueda, más bien fructuosa, de su propio sonido. Un arranque nada contemplativo, bien armado y donde, si acaso, echo en falta un solo más desarrollado. Buen arranque en todo caso.
Contrasta ese prólogo arrastrado y mugriento de “Altered Carbon” con el mayor brío que la banda despliega a continuación. Aparecen riffs casi maquinales aquí a la par que asoma algo del brillo técnico que reclamaba en la primera entrega. El brío que domina en gran parte a este “Altered Carbon” habrá de chocar con la mayor pesadez de un puente central que introduce otro brevísimo solo de guitarra. Dicen que muchas veces menos es más pero es cierto que, de nuevo, el solo de guitarra me sabe a poco.
“Looking Upside Down” se aprovecha de un espíritu más rockero, más clásico, para construir por ahí uno de los cortes más apetecibles y pegadizos del álbum. Un corte, además, bien adornado por parte de Mike y Joes Homme en el que Granadero es pura chulería al micro. Y todo sin alcanzar a salirse de su propuesta rocosa y fangosa. Acertada elección como single.
“Phony Braggart” ahonda en esa pulsión más rockera, al tiempo que porta un aire más alucinado y espacial que me lleva a pensar en unos Monster Magnet de ese auténtico disco de culto que es “Dopes To Infinity”. Y aunque por trazo no me asombre, tampoco puedo negar que le falte gancho y feeling a esta cuarta entrega. No cuando Granadero deja una de las líneas de voz más inspiradas de todo “Ouroboros”.
El bajo de Molle introduce una “Fingers Crossed” que recuperará aquella pesadez de comienzos de álbum, que contrasta con las estrofas semidesnudas, inéditas hasta ahora en este cuarto de los jarrilleros, que entrega después. Es un corte algo periférico por tono, con el aroma de los temas más pesados de Alice In Chains dejando ecos aquí y allá y que no obstante irradia una personalidad fuerte y marcada. Otra de mis favoritas.
“Dark Path” resulta más básica tanto en sus planteamientos como en sus aspiraciones. Y aunque deje algunos buenos momentos, estribillos a la cabeza, con el correr de las escuchas no dejo de pensar en que me resulta algo desangelada, especialmente en su tercio final.
“Ashes” tampoco es que ofrezca nada nuevo ni revolucionario. Lo que sí hace es apoyarse en una muy buena serie de riffs, mostrar de nuevo a un inspirado Cigarrettes al micro y jugar lo justo con las gramáticas y los cambios de ritmo para resultar ganadora. Pequeño trae al frente una interesante línea de batería y todo parece carburar a buen ritmo conforme dibujan un llamativo puente central. Estupenda.
“Breaking Me Down” se irá hasta los nueve minutos partiendo de un prólogo calmo, casi onírico y muy llamativo. Sin rima ni siquiera parecida dentro del álbum, Chivo dibujan en primer término su versión más psicodélica y casi diría setentera. Granadero acierta con ese registro liviano, casi un arrullo, que quiebra bruscamente después para conducir a este “Breaking Me Down” hacia texturas más reconocibles. Esa construcción a base de contrapuntos puede no resultar novedosa pero esta llevada adelante con el brío y la convicción suficientes como para resultar eficaz. Buenos solos de guitarra en su largo epílogo y la sensación de estar ante la gran apuesta de este cuarto de los portugalujos.
Para el final no obstante quedan un par de revisiones en acústico, en concreto de “Looking Upside Down” y “Dark Path”, que le dan una curiosa vuelta de tuerca a sus encarnaciones originales y sirven para que Cigarrettes exhiba algo de ese músculo melódico que atesora. Curiosas.
No es el disco más original del momento pero tampoco puedo decir que me aburra con él. Ideas algo manidas a veces, llevadas adelante eso sí con la debida actitud. Un trabajo que, en cualquier caso, alberga pocos errores, más centrado en la construcción de canciones que en satisfacer egos individuales. Por ahí cosas como “Looking Upside Down”, “Ashes” o la final “Breaking Me Down” son realmente ganadoras. Y aunque entre medias hay cosas con las que no logro conectar de igual manera, en líneas generales me resulta, cuanto menos, un trabajo notable. Bien por Chivo.
Texto: David Naves