
Tercera apuesta para la agrupación avant-garde Zeal & Ardor. Formados originariamente por el poliédrico músico de origen suizo Manuel Gagneux, a este tercer trabajo que hoy nos ocupa le preceden los largos “Devil Is Fine” (2016) y “Stranger Fruit” (2018), además del Ep “Wake Of A Nation” (2020). El line-up de Zeal & Ardor, nacidos como one man band en 2013, se completa a día de hoy con los músicos Denis Wagner y Marc Obrist (coros), Lukas Kurman (bajo), Tiziano Volante (guitarras) y Marco Von Allmen (batería y fotos). Will Putney se encargó de mezclas y master, Noé Herrmann del diseño artístico, Nico Charon de las ilustraciones y, al igual que sus dos anteriores largos, MVKA Records lo puso en las tiendas, si es que queda alguna.
La triplemente homónima “Zeal & Ardor” inaugura esta tercera obra de la rupturista banda suiza. Sintes opulentos que recuerdan, aunque sea de forma vaga, al excepcional score del tristemente desaparecido Jóhann Jóhannsson para la estupenda “Arrival” del director canadiense Denis Villeneuve. Esa opulencia sintética acompaña a unas voces limpias en un arranque servicial a la hora de poner sobreaviso al oyente de lo que está por venir. Y lo que acude a la llamada es una “Run” que da la bienvenida a unas guitarras movidas, en gran medida, sobre riffs minimalistas y melodías reverberadas casi hasta el extremo. Y en contraposición, estribillos de una pesadez inusitada, donde las voces aparecen envueltas en un tratamiento que me recuerda a los Shining de aquél fantástico “Blackjazz” de 2010. Un arranque intrísisecamente zeal&ardoriano.
“Death To The Holy” entronca en gran medida con obras anteriores de Z&A en esa fusión entre blues negro y agresivas colisiones de metal armado y poderoso. Las transiciones aquí resultan algo más naturales que en obras anteriores de Gagneux, perdiendo en frescura aquello que ganan en solidez. Lástima esos apenas tres minutos que marca en el reloj pero nunca ha sido ésta una banda que se distinga por los grandes desarrollos en cualquier caso.
“Emersion” obvia las influencias negras, decantándose por un curioso, llamativo y por momentos visceral choque entre el post-rock más decorativo y el blackgaze más gritón. Típico corte bifocal de la banda ante el cual no caben reacciones veladas. Lo amas o lo odias, no cabe término medio. Preciosa outro final al piano.
Ojo con “Golden Liar”, una de las entregas más llamativas del largo. Un prólogo que por momentos parece teñirse de country, arreglado a la manera del mejor western clásico, pone una pica más en el vasto registro influencial del álbum. Un crescendo bien construido en líneas generales, si bien yendo al detalle me resulta un tanto brusca en su trazo final. Más que curiosa de todas formas.
“Erase” resultará, dentro de lo que cabe, una propuesta mucho más convencional. Merodeando el metal progresivo, deja alguno de los riffs más llamativos de todo el disco además de un más que interesante doble juego vocal. En el tranquilo puente irrumpen tonos que, voces rasgadas al margen. me retrotraen inmediatamente a los Pain Of Salvation más recientes e imaginativos. Menos arriesgada y atrevida que buena parte de sus compañeras, intuyo que más del gusto de la mayoría. Si la hubiera.
Aquí se suceden dos cortes rácanos en duración, que no en influencias. El primero es este extraño “Bow”, donde conviven por igual el soul más clásico y el industrial menos amable en otra de esas mezclas a priori imposibles que no dejarán indiferente a nadie. “Feed The Machine”, inspirada por Ministry en palabras del propio Gagneux, enfrenta sonoridades en efecto propias de la banda de Al Jourgensen con voces que podrías haber oído en el primer melodrama esclavista que se te pase por la cabeza. Violenta y desencadenada, tanto por la rabia desprendida de sus partes más metálicas como por los nada complacientes cambios de rumbo que la definen. Todo en poco más de dos minutos y medio.
Congenio menos con una “I Caught You” quizá por la forma en que abraza un convencionalismo mucho más formal. Por contra, quienes necesiten resuello tras varias entregas desbocadas en cuanto a la recolecta de influencias, les resultará merecido respiro esta desenfadada oda al nu-metal más casual. Que de todo habrá.
“Church Burns” reincide en esa línea más metálica, teñida en este caso de voces cercanas al gospel, redirigiendo el disco hacia su habitual y preponderante molinillo de influencias, de lo que resulta un tema ganador en este caso por lo cuidado de su escritura y lo interesante de su desarrollo técnico. No puedo ser el único que encuentra aquí sonidos cercanos, por no decir propios, de Tom Morello. Estupenda.
“Götterdämmerung” esconde por igual tonos tranquilos propios de los Tool más leves junto a un metal pesado, casi monocorde, sobre el que Gagneux es capaz de llevar su registro hasta sus últimas consecuencias. El suizo grita, se retuerce y se tranquiliza con una cintura capaz de sorprender al más pintado. Por impredecible otra de mis favoritas.
“J-M-B”. acrónimo de jazz, metal, blues, vuelve a rimar con la banda de Jørgen Munkeby, palideciendo en gran medida por lo escaso de su desarrollo. Lástima porque su baile tonal tiene poca rima dentro del álbum y está llevada a término con llamativo brío técnico. El final en cualquier caso es para otro acrónimo, este “A-H-I-L” (All Hope Is Lost) de nuevo con los sintetizadores tomando el mando de las operaciones como ya lo hicieran al comienzo. Cierre conciso y negruzco.
No me duelen prendas en afirmar que soy aún un rookie en lo que a Zeal & Ardor se refiere. Que nos llegó el disco y uno tuvo que ponerse al día en menos tiempo del que sería deseable y, por ahí, que mi visión de la banda, a día de hoy, se vea desprovista del habitual desgaste que proporcionan el paso del tiempo y las escuchas. En cualquier caso, los grandes tropos de la banda suiza permean su disco homónimo con la fiereza de siempre. Una fiereza que se manifiesta igualmente a la hora de atreverse a plasmar unos cruces genéricos imposibles, del todo antinaturales, y otras en su ya habitual paseo por los caminos más extremos del metal contemporáneo: black e industrial pero también groove, incluso trazas de nu-metal coexistiendo junto a tonos gospel, música negra, sintetizadores opulentos o incluso porciones de post-rock o progresivo. Todo con una naturalidad que asusta. Y pese a que la banda empieza a parecer un tanto presa de su propio ideario policromático, de momento hay razones más que de sobra para seguir creyendo en el curioso credo de estos Zeal & Ardor.
Teto: David Naves