
Segundo trabajo para los death melódicos granadinos de Perpetual Night. O lo que es lo mismo: Raúl Ríos Beiro (guitarra y coros), Carlos Garrido (bajo), Luis Rodríguez (batería) y las nuevas incorporaciones Javier Rodríguez (guitarra) y el ex-Canker Leo González (voz). “Aconitum”, autoeditado el pasado 24 de junio, viene a suceder a aquél “Anâtman” de 2018, editado igualmente por el citado sello con base en Langhirano (Parma, Italia). El disco fue mezclado y masterizado en Psychosomatic Recording Studio por Miquel A. Riutort (Angelus Apatrida, Trallery, Æolian, Golgotha…) mientras que su precioso artwork es obra de Khaos Diktator Design (Devourment, Wyrd, Gaerea, Saor…).
Es la propia “Aconitum” que da nombre al álbum la encargada de dar comienzo a esta fiesta. Y lo hace con una sobria elegancia desde el pequeñísimo prólogo al piano para luego dar pie, tal vez de forma un tanto brusca, al acostumbrado melodeath de la banda sureña. Con el abrupto y poderoso registro del nuevo fichaje Leo González amoldándose a estas estrofas como si llevase toda la vida liderando esta banda. El caso es que Perpetual Night desarrollan aquí un death melódico a veces vigoroso, a veces calmo, pero siempre bien adornado, en lo que respecta a arreglos (fundamentales esas líneas de piano) pero también con unos riffs lo suficientemente interesantes. Estupendo puente central, con un pie en la épica y otro en el despliegue técnico, que termina por poner la guinda a un fenomenal arranque.
“Rotten Bond” no descabalga de ese metal raudo y enrabietado. Pero lo hace ahora con un poso sinfónico mucho más presente. Muy presente de hecho en los diversos engarces entre estrofas y que termina por darle otro aire a este segundo corte con respecto a su predecesor. Pero es un corte, no obstante, donde la banda abre su abanico rítmico y da cabida a muchos de sus registros. El puente que antecederá al epílogo quizá esté algo por debajo de lo habitual. Sea como fuere habita un corte que en gran medida me engancha y me agrada. Todo se sustenta en un nivel técnico que da muestras de lo mucho que han crecido no pocas de las bandas de nuestra península al respecto. Perpetual Night son un ejemplo más.
“Antimatter” arranca en pura clave Amorphis gracias a un riff fácilmente identificable con el habitual buen hacer de la banda nórdica. A Perpetual Night le sirve para atemperar el brío por el que transitaba el álbum y entregarse a pasajes más calmos y elegantes. Y aunque cohabiten pequeñas arrancadas de puro death melódico, esta es en gran medida la cara más reposada de los granadinos. Uno de los cortes que mejor partido saca de la buena producción que posee el álbum. Potencia, nitidez, equilibrio… todo resulta estar donde debe.
Para “Hierbas Amargas” los de Granada cuentan con las colaboraciones de Pepe Moreno en voces y el ex-Azrael Mario G. M. en guitarras. Arranque flamenco y viraje al castellano para una composición donde la banda rinde tributo a la figura del inmortal Federico García Lorca y que destapa uno uno de los cortes más especiales del álbum. Certero como pocos en una fusión entre dos mundos que nunca llega a sonar falsa o impostada. Al contrario. El melodeath, la acústica y el cante se funden con maestría en este cuarto corte. De largo el más emocional del disco y dueño de un puente, previo al epílogo, francamente extraordinario. Ni se os ocurra perderos el videoclip.
Entre la espesura encuentran dos sombras
Traicionando su confianza y su honra…
Así las cosas, “Stars Hunter” vuelve a territorios de mejor rima con los grandes tropos de este “Aconitum”. Desasida del fuerte influjo fusionista de su predecesora, la banda apuesta ahora por un puro tema de género que vendrá a apuntalar el buen nivel técnico que ya se divisaba en temas previos. Transitará éste por los caminos del medio tiempo, bordeando por momentos lo baladístico, dejando entremedias una estupenda serie de riffs y también un cuidadísimo uso de los arreglos durante su parte final. Saxo inclusive. Leo González es puro desgarro durante este trazo ambivalente y melancólico. Estupenda.
Por ahí que irrumpa “Silver Key” y la banda vuele altísima de nuevo en cuanto a ritmos. Luis Rodríguez se despachará aquí con una de las líneas de batería más completas de todo el álbum mientras acompaña a una composición que parece en constante diálogo consigo misma. De blast beats incansables a devaneos casi oníricos, esta llave plateada pasa por uno de los cortes más ambivalentes de todo el trabajo. Por ahí y como siempre digo, habrá quien eche en falta un trazo más cohesivo, al igual que otros aplaudirán precisamente esa diversidad. En cualquier caso, bien está lo que bien acaba dentro de otro de los cortes principales de este nuevo trabajo.
De ahí tal vez que “Redemption” no me enganche en la misma medida. Y aún así aprecio ese poso más melancólico que arrastra, las buenas melodías que acompañan a la voz de González o los notables riffs que encadenan sus estrofas. No creo que constituya una decepción, ni mucho menos, es solo que tengo la impresión de que dentro de este “Aconitum” conviven ofertas mucho más audaces y precisas.
El disco en su edición digital se cierra con esta “Dry Land” donde colabora el Helevorn Josep Brunet al micro. Enraizada en la cara más melancólica del trabajo, beneficiada por unos cuidados arreglos de cuerda y el cuidado doble juego vocal, representa un más que interesante viraje hacia terrenos más cercanos a la banda balear, y que Perpetual Night hacen suya en un puente central en clara rima con cortes anteriores. De resultas de ello surge, al igual que con “Hierbas Amargas”, un tema bifocal, casi fusionista, pero bien construido y equilibrado. Para el final de la edición en CD quedan las versiones acústicas de “Stars Hunter”, “Hierbas Amargas” y “Silver Key”.
Estamos ante un disco llamado a encabezar los acostumbrados top 10 a finales de año. No me cabe la menor duda. Es un trabajo poderoso desde el plano técnico, llamativo en cuanto a composición e incluso valiente, con esa casi improbable fusión que se representa en “Hierbas Amargas” funcionando a las mil maravillas. En cierto modo también en la final “Dry Land” y ese indisimulado y certero viraje al doom/death. En torno a ellas hay un disco, más o menos de género, construido con sumo cuidado y ajustadísimo en sus equilibrios tonales, que habla muy bien del trabajo y el empeño puestos en esta empresa de parte de la banda granadina. Gran trabajo.
Texto: David Naves