Reseña: Lethargic «Woodoo Tumba» (Vrykoblast Records 2022)

Segundo trabajo para el dúo death/doom salmantino Lethargic. O lo que es lo mismo: Toño Alonso (Rato Raro) en voces y Óscar G. Comendador (ex-Arde Troya, ex-Evil Rise, Hardkuannon, ex-K-ØS, ex-Llvme, Mind Holocaust) en guitarras, bajo y batería. El álbum lleva por nombre “Woodoo Tumba”, cuenta con portada de Art Destroy y fue puesto en circulación el pasado 31 de mayo por el sello singapureño Vrykoblast Productions.

Decúbito Supino” propina desde el primer instante, sin introducciones ni pompas de ningún tipo, un death de guitarras gruesas y voz cavernosa. Es un metal firme en su andanada de aires suecos, atenuado aquí y allá por la cara más pesada y arrastrada del dúo. El sonido que emana tiene todo el grosor que requiere un disco de estas características y sin ser espectacular, nunca opera en contra del resultado final. Sorprende eso sí la mayor atmósfera que emana de su curioso epílogo. Un buen arranque.

El buen prólogo de “Seres Que Se Arrastran” hace honor a la cara más doom de estos Lethargic. De igual forma, creo que se le podría exigir algo más de crudeza a esas guitarras del prólogo. Sea como fuere estamos ante un corte poliédrico, que me recuerda en cierto modo a Paganizer durante las partes más briosas y, epílogo al margen, creo que exhibe la cara más atrevida del dúo como compositores.

Primera del trío de psicofonías, esta “Psychophonie 1 (Ouija Exploración)” ejercerá de curiosa introducción a una “Ambiente Fúnebre” donde de pronto emergen los Lethargic más enérgicos. Corte bicéfalo donde los haya, combina un doom elegante y clásico, teñido de la obligada melancolía, con furibundas arrancadas de death metal en la mejor tradición nórdica. Puede resultar algo descompensada y pienso que los riffs durante sus partes rápidas no brillan en la mismas condiciones que aquellos surgidos cuando la velocidad desciende a mínimos. Con eso y con todo y con el correr de las escuchas, una de mis favoritas del álbum.

Curiosísimo el riff que alimenta el prólogo de esta “Lápida Pozo”, con mucho uno de los cortes más curiosos de este “Woodoo Tumba”. Si en “Ambiente Fúnebre” sus partes lentas bien podrían remitir a los primeros Paradise Lost en particular y toda aquella nueva ola de doom inglés de principios de los 90, los que Lethargic dibujan aquí son de una malignidad en ningún caso nostálgica. Estupenda en su conjunto, gracias en parte a su bien plantado epílogo. Acertada elección como anticipo:

Llamativa esta “Psychophonie 2 (Ataúdes Blancos)” que habrá de llevarnos hasta una “Amor Necroftalmológico”, quién no ha tenido uno alguna vez, donde se manifiesta un death metal a medio gas que le sienta de perlas a la la peculiar manera de entender el metal extremo de la que hacen gala. De hecho tengo la impresión de que Lethargic suenan más compactos que nunca en esta séptima entrega. Y cuando la velocidad sube en su tercio final, emergiendo algún que otro blast beat, no puedo evitar pensar en mis paisanos de Actvs Mortis. Interesante amalgama.

El dúo sigue alimentando su cara más veloz en esta “Letárgico Lisérgico”, puro death metal inmisericorde que, nuevamente, volverá a dejarnos algún riff que otro un tanto distraído. Corte sin más historia que destapar a los Lethargic más vitriólicos. Con la tercera y última de las psicofonías “Psychophonie 3 (Madres Muertas)” alcanzaremos una igualmente breve “Meare Sobre Tu Fosa” donde el dúo persiste en esa búsqueda de su encarnación más vibrante. Que mejora en riffs con respecto a alguna de sus semejantes y entrega una cuidada construcción en la que solo echo en falta algo más de desarrollo.

“Woodoo Tumba” da nombre al disco, operando desde un prólogo que me recordará al doom melancólico y nostálgico de “Ambiente Fúnebre” que más adelante confronta al death más cabrón y cerril del dúo. Hay, ahora sí, buenos riffs durante las partes más celéricas, cierta variedad en su malsana línea vocal y un epílogo tan calmo como alucinado. Para el final queda la instrumental de corte ritualista “Pista, Fantasma!”, alejada de cualquier cosa que tenga que ver con el metal y ejerciendo de llamativo cierre a este nuevo trabajo de la banda.

Corren las escuchas y sigo pensando que, sin estar ante un disco excepcional, éste no deja de tener sus lugares de interés. Los más vienen dados por la colisión genérica que se produce en ciertos temas. Ahí la banda se ha hecho fuerte, repartiendo sus miras por distintas escuelas y construyendo una serie de cortes que, en el mejor de los casos, huyen de toda predecibilidad. En el debe detalles como que el sonido no esté siempre a la altura o la aparición de ciertos riffs un tanto distraídos. Un disco en definitiva algo desequilibrado pero en ningún modo fallido.

Texto: David Naves

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