Reseña: Ósserp «Els Nous Cants De La Sibil·La» (Eternal Juggernaut Records 2022)

Todo un lustro hacía que no sabíamos de los catalanes Ósserp. Lo cual es una lástima si pienso en cómo parecían una de las bandas con mayor proyección de nuestro territorio allá por 2017 tras aquél estupendo Al meu pas s’alça la mort”. Sea como fuere, Álex (batería), Vali (voz), Xavier (voz) y Dani y Ben (guitarras) vuelven ahora con un álbum al que han venido en llamar “Els nous cants de la Sibil·la” grabado por Aleix Archs en Estudi:Labedoble y posteriormente masterizado por el Eternal Champion Arthur Rizk (Tomb Mold, Crypta, Black Curse, Pissgrave, Power Trip, Enforced…) para el que cuentan con otro epatante artwork del pluriempleado artista italiano Paolo Girardi.

Un disco que distribuye en CD digipack Eternal Juggernaut Records, mientras que el LP lo moverán igualmente Eternal Juggernaut Records además de Kremón Records, Catábasis Records, Hecatombe Records, Lost Merch, Brutal Arratia Records, Cruzade Records y finalmente la MC Lost Merch.

El disco trata sobre la insignificancia del hombre en el universo y de cómo éste lucha para mantenerse eterno, presentando al Ósserp como la reencarnación de la Sibila, personaje de la mitología mediterránea que anuncia el fin del mundo”.

El arranque del álbum no hace prisioneros. “Cavalcant l’ossa menor” percute desde el primer segundo un metal de una oscuridad tan inhóspita como tangible. Y aunque se rodea de pequeñas islas de corte más atmosférico, acomodado incluso, es cuando las dos vertientes se funden en una sola durante el epílogo que la banda se lleva finalmente el gato al agua. Así se inicia un disco:

Pero es que “Tot crema” no hace nada por descabalgar de la intensidad de su predecesora. De hecho Álex compone aquí una de las líneas de batería más cuidadas de todo el disco. La banda en general se las arregla para entregar otro tema a la par intenso y diverso. El puente central, con su particular calma tensa y reverberante, pone en bandeja el vitriólico trazo del epílogo. Un cierre desmesurado, casi atroz, que nos devuelve a unos Ósserp en plena forma.

El pequeño prólogo limítrofe con el industrial de “L’engany” vendrá a poner la nota de calma entre la tormenta. Precede a los Ósserp en su clave más ampulosa y pesada, manifestada en un crescendo, roto de manera abrupta, que de nuevo da paso al habitual metal enfebrecido de los barceloneses. Interesante gama de riffs durante esas partes más frenéticas y buen desempeño solista durante las más pesadas. Estupenda.

El pes del buit”, oferta más extensa de este “Els nous cants de la Sibil·la”, abraza de inicio una pesadez hasta ahora desconocida dentro del álbum. Este breve pero firme flirteo con el death doom transige ante un pequeño imput industrial primero y más adelante el metal en su faceta más descarnada y extrema. Pero no deja de ser un corte bien estructurado, agradable en su diversidad y que muestra a los Ósserp más inquietos desde el plano gramático sin que ello derive en pérdida de naturalidad alguna. Ha sido uno de los adelantos del álbum y no me extraña:

Por ahí tal vez la forma en que “L’abraçada del destí” reconduce hacia un ideario más asemejable a los comienzos del álbum. De hecho pasa éste por ser uno de los cortes más intensos y violentos de todo el trabajo, rodeado de arranques más cercanos al crust pero entregado en gran medida a su vertiente más cerril. Menos sorprendente pero igualmente eficaz.

L’home en el laberint” ahonda en esa fusión entre su habitual desmesura extrema y el acercamiento a territorios más punk que tanto y tan bien funcionaran en sus dos álbumes anteriores. Y mientras que en el breve solo que adorna su puente central hay algo del desaparecido Jeff Hanneman, no es menos cierto que su final, que habrá de retornar a aquella clave más doom de “El pes del buit”, puede pillar a más de uno con el pie cambiado.

Funciona como un tiro ese aire más marcial que entrega una “La rèmora” que en este arranque nada cómodo porta algunos de los riffs más exógenos de todo el trabajo. De igual forma, su construcción recuerda a aquél trazo atrevido y diverso que impulsara a “El pes del buit”. Y aunque creo que no alcanza la brillantez de aquella, no me parece ni mucho menos una entrega fallida.

Casi parece que tras “El rival més fort” estén los mejores Morbid Angel. En especial los de aquél fenomenal “Covenant” de 1993. Sea como fuere, tras ese poso tan americano irá surgiendo el habitual metal extremo sazonado de punk/crust que alimenta no pocos momentos de los barceloneses.

Lluna negra” vendrá a conjugar muchas de las vertientes por las que transita este nuevo álbum de Ósserp. La atmósfera presente en el inicio, los aires más marciales de “La rèmora” o el acercamiento a posiciones más doom de “El pes del buit”. Una colisión genérica de la que, pienso, la banda sale más que bien parada. Tengo siempre la impresión de que el corte rezuma naturalidad pese a su trazo polivalente, lo cual no deja de tener su mérito. Gran cierre.

Si lo nuevo de sus paisanos Vidres a la Sang representaba poco menos que una revolución en su sonido, un salto de fe que llevaba a la banda a horizontes inexplorados para ellos, “Els nous cants de la Sibil·la” viene por contra a reafirmar el estatus de Ósserp como una de las bandas más intensas, poderosas e interesantes de todo el territorio catalán. Los barceloneses no están para sutilezas. Tampoco se duermen en los laureles. El disco da siempre la impresión de tener muchas horas de curro detrás. Lo sientes en composiciones más atrevidas como el adelanto “El pes del buit” pero también en otras como el cierre “Lluna negra”. Y tampoco es que hayan olvidado el metal más hiriente y descosido que les caracteriza. Ahí estan “Cavalcant l’ossa menor” o “Tot crema”. Ósserp están de vuelta, y a juzgar por este “Els nous cants de la Sibil·la”, en mejor forma que nunca.

Texto: David Naves

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