
Esta reseña no estaba planeada. Esta reseña, simplemente, surgió. No soy alguien que acostumbre a contar su vida en esta página. Tengo mis redes sociales para tal fin. O me las guardo para mí, que también, así que permitidme que rompa la norma por una vez. Quienes tienen trato cercano conmigo saben que antes de un concierto me gusta hacer los deberes. Por eso cuando se materializó en la agenda el Spooky Fest 2022, con Sandford Music Factory, Green Desert Water y Ritual (tributo a Ghost) en su primera jornada (crónica aquí), recordé aquél estupendo “Opus Eponymous” con el que debutaran en 2010. Tras él vino un “Infestissumam” que nunca me llegó a enganchar, cerrando ahí mi particular idilio con la banda sueca. Por eso cuando supe de la posibilidad de ver a un tributo a la banda de Forge, al menos una o dos escuchas de su último álbum me resultaban imperativas. Irónicamente, por ese camino nunca recto y lleno de recovecos que es la vida misma, Ritual no tocaron ni uno solo de los temas del trabajo protagonista de esta reseña, pero esa es otra historia.
Tobias Forge, esta vez como Papa Emeritus IV, comanda un trabajo donde le acompañan Fredrik Åkesson (Opeth, Biff Byford) en guitarras, Martin Hederos en piano y órgano, Hux Nettermalm en baterías y un coro integrado una docena de gargantas. Producido como viene siendo habitual por Klas Åhlund y mezclado por Andy Wallace (Dream Theater, Slayer, Gojira, Rush…), se empaqueta bajo otro espectacular arte del polaco Zbigniew Bielak (Imperial Triumphant, Behemoth, Gorguts, Darkthrone…). “Impera” vio la luz allá por el mes de marzo vía Loma Vista Recordings.
Me gusta cómo la calma de la introducción “Imperium” magnifica el impacto de una “Kaisarion” donde pronto encuentro uno de los estribillos más redondos, exuberantes y gancheros de todo 2022. Y os garantizo que no he escuchado pocos. Rodeando a esa exuberancia, surge un corte hábil, lleno de bifurcaciones, tejido con verdadera atención al detalle. Incluso creo adivinar un indisimulado guiño a los Rush más luminosos durante el puente. Magnífica. Como dirían mis compis de Piratas de Libertalia, “así se empieza un disco”. Dupla encargada de abrir los conciertos de la actual gira y clásico instantáneo de pleno derecho.
Otra que no falta en su actual tour es esta “Spillways” donde, de nuevo, Forge vuelve a tramar otro estribillo para el recuerdo. En conjunto no me engancha en la forma en que lo hizo “Kaisarion”. Claro que pocos temas paridos en el actual 2022 me han impactado de la forma tan particular en que lo hizo aquél. La banda, o en especial Åkesson, tiene algo más de espacio ahora para desarrollar su amplia gama de habilidades, sonando más luminoso que nunca durante el epílogo incluso. Se me hace algo corta pero ni mucho menos la considero fallida.
“Call Me Little Sunshine” la conocimos allá por el mes de enero. Decisión pienso que algo arriesgada pues se apoya, en gran medida, en uno de esos estribillo de mecha larga. De los que ni mucho menos entrarán a la primera. Lo cual, en estos tiempos dominados por el impacto inmediato, no deja de sorprender. Puedo entender la decisión por parte de la discográfica, o del propio Papa, por cómo se trata de un medio tiempo menos… invasivo que piezas más vibrantes dentro de “Impera”. Quiero pensar que el mercado manda pero una cosa es cierta: aunque su mecha no sea corta, termina por enganchar. En mi caso al menos.
Entiendo mejor la elección de una “Hunter’s Moon” que recupera aquella vibración más cercana al hard rock con la que se iniciase el álbum. Aunque si algo predomina en este quinto corte son las hábiles teclas de Hederos. Otra entrega vistosa en cuanto a desarrollos técnicos, por momentos algo sobreproducida y que bien merecía algo más de espacio. Me funciona y al mismo tiempo pienso que le pesa su propia condición de single adelanto.
Extrañas las estrofas de esta “Watcher In The Sky” con ese aire mecánico, casi marcial, que vienen a refractar con cualquier cosa oída antes (y después) dentro de este “Impera”. Por momentos un corte que pareciera dispuesto a mayor gloria de Fredrik Åkesson, Forge traza en él una escritura en un punto algo incierto entre lo diáfano y lo imprevisible. No porta el mejor de los estribillos. Tampoco la peor de las gramáticas y me engancha solo a veces.
“Dominion” es la segunda de las instrumentales de este quinto álbum de los suecos, que nos lleva directamente hasta el tema más marcadamente extraño del mismo, que no es otro que “Twenties” y su desatado pulso teatral. Cinemático incluso. Fácilmente reconocible por su pesadez, también por esas voces más oscuras de Forge durante estrofas. Si hay un nombre que sobrevuela mi subconsciente siempre que alcanzo esta octava entrega, ese es el del Devin Townsend. En especial el que ha entregado discos como “Deconstruction” o “Empath”. A día de hoy creo que no termina de funcionar.
Todo sea dicho, esa extrañeza tan marcada de “Twenties” magnifica, y no poco, el impacto de esta “Darkness At The Heart Of My Love”. Tobias Forge saca a relucir a los Ghost más ochenteros, también más grandilocuentes para una balada/medio tiempo que, prejuicios al margen, borra todo rastro de duda. Un corte que me lleva a pensar si, ahora mismo, hay en suelo europeo un creador de estribillos en mejor forma que el autodenominado Papa Emeritus IV. Sí, el epílogo puede pecar de pomposo, de engolado, pero con cada escucha no puedo dejar de preguntarme cómo de bien tiene que funcionar esto en un pabellón lleno de fieles hasta la bandera.
Se suceden los cortes extensos en este tercio final del álbum. “Griftwood”, que por momentos parece un homenaje velado a la figura de Van Halen, escucha el riff del prólogo y atrévete a llevarme la contraria, y que en cualquier caso le sirve de nuevo a Forge para sacar músculo en tareas puramente creativas. Hasta para que su escondido bajo irrumpa de tanto en cuanto en la mezcla. Es pop. Es hard rock. Es muchas cosas. Y lo mejor es que funciona
Pero, claro, todo tiene un final. La brevísima instrumental “Bite Of Passage” se encarga de llevarnos al cierre “Respite On The Spitalfields” con elegancia y buen pie. En el prólogo surgen pronto unos Ghost que intiman con tonos más propios del rock alternativo. De forma leve, cierto, pero sin que la entonación de Forge deje resquicio alguno a la duda. De ahí que el gran contraste que se produce con unos estribillos más enraizados en las fuertes pulsiones hard del álbum. Eso por no hablar de ese puente a lo “Still Of The Night” de Whitesnake donde parece que vaya a irrumpir el mismísimo Coverdale de un momento a otro. Tal vez un testamento de lo que esta banda es capaz cuando se desliga de ciertas ataduras comerciales que, no dudo, impulsan según qué ideas aparecidas a lo largo y ancho de estos doce cortes. Fantástico cierre.
Salvo detalles muy puntuales me parece un disco estupendo. Seguiré echando de menos, sí, aquellos Ghost más ocultistas y graves del “Opus Eponymous”, pero tampoco seré quien desprecie a alguien capaz de trazar cortes como la final “Respite On The Spitalfields” y no digamos ya “Kaisarion”. Entre medias de estas dos piezas bullen decenas de ideas. Algunas me enganchan más (“Darkness At The Heart Of My Love”) y otras no tanto (“Twenties”) pero, en líneas generales, es un disco que difícilmente descabalgo del notable. Que, siendo como es, en definitiva, un producto pensado y construido para agradar a una audiencia lo más grande posible, me resulta una empresa de un mérito terrible.
Texto: David Naves