Crónica: Iron Maiden «Legacy Of The Beast Tour» (Barcelona 29/7/2022)

Vaya si valió la pena la espera. Tres largos años de obligado asueto no mermaron el poder de convocatoria de la vieja doncella. La segunda parte del tour “Legacy Of The Beast” congregaba a más de 50.000 almas en Barcelona.

Cuarenta años y 75 conciertos han pasado desde la primera actuación de las huestes comandadas por Steve Harris en nuestros escenarios. Su idilio con Barcelona arrancaba el 2 de abril de 1982 en el Palau D’Esports para presentar al recién llegado Bruce Dickinson y un glorioso “The Number Of The Beast”, del que desglosamos su creación en nuestro monográfico especial editado el pasado mes de abril. Si me lo permitís, pongámonos en antecedentes.

Regresarían a finales de 1983 con nuevo disco en el zurrón, un imprescindible “Piece Of Mind”. La cita en el mismo lugar y de nuevo con una cara nueva en la banda. Tras la batería Nicko Mcbrain tomaba el relevo del carismático Clive Burr.

Tercera parada en el Palau D’Esports en tres años. El “World Slavery Tour” supuso un salto cuantitativo para el quinteto. “Powerslave” eleva su popularidad a cotas superiores y la mastodóntica gira se convierte en un espectáculo visual sin parangón. Pirotécnia, luces o un momificado Eddie The Head que no solo formaba parte del decorado si no que interactuaba con la banda en el escenario, transportan en volandas a la doncella al olimpo de los dioses del heavy metal.

El poker de paradas en el Palau se cerraba en 1986 con la presentación en vivo del polémico “Somewhere In Time”. Sin duda uno de los discos de Iron Maiden que mejor ha tratado el paso del tiempo, borrando ese aura de comercialidad y sobreproducción. Ignorados por los medios generalistas, la sola aparición de su nombre en el cartel era sinónimo de aforos repletos y decibelios.

Dos años después, en 1988, llegaría su primera parada en la Ciudad Condal como integrantes de un festival. Como no podía ser de otra manera, cabezas de un espectacular cartel que completaban Metallica, Anthrax, Helloween y el malogrado Manzano (DEP). Un itinerante Monsters Of Rock ubicado en la plaza de toros Monumental servía a los británicos para presentar “Seven Son Of A Seventh Son” ante 30.000 entregados fans.

Su primer traspiés llegaría en 1990 con el desafortunado “No Prayer For The Dying”. Su fracaso comercial trajo consigo una merma en la venta de tickets y la inversión en escenografía. La banda regresa al Palau D’Esports que tan buenos recuerdos había dejado en una parroquia que trataba de digerir la salida de Adrian Smith, sustituido por el hiperactivo Janick Gers.

La ciudad alcanzaba la gloria en 1992 como epicentro de los mejores juegos olímpicos de la historia hasta ese momento. Apenas un mes después de la finalización de los mismos Iron Maiden presentaba su noveno álbum de estudio “Fear Of The Dark” en la plaza de toros Monumental de la Ciudad Condal. Recuperando gran parte del cache perdido regresaban a la ciudad como anfitriones de otra entrega del festival Monsters Of Rock. De nuevo con un cartel espectacular, los británicos compartían escenario con Megadeth en la cima de su popularidad tras editar “Countdown To Extinction”,Pantera que no hacían prisioneros presentando un recién editado “Vulgar Display Of Power”y unos desubicados Gun, que sufrirían la ira del público más “true”. Sin duda, uno de los mayores eventos musicales de un año para el recuerdo en la Ciudad Condal.

Apenas 1 año después y con Bruce Dickinson en la rampa de salida hacia su carrera en solitario, la banda aterriza en la Sala Zeleste. Un show de carácter intimo que dejaba patente tanto el buen estado de forma la formación como la ausencia de química entre sus integrantes, acentuando la impresión de entregar un concierto frío y mecánico.

La doncella entraba de lleno en su época más baja en cuanto a respuesta de su público. La llegada de Blaze Bayley nunca logró el respaldo de los seguidores tanto a nivel de convocatoria a sus conciertos como de venta de discos y la banda se veía abocada a plazas secundarias y escenarios de menos aforo. El Pabellón de la Val D’ Hebrón recibía la gira “The X Factour” en noviembre de 1995 para demostrar que Barcelona seguía ahí, tendiendo su mano en los peores momentos.

Virtual XI” segundo lanzamiento discográfico con Blaze a la voz tampoco sería capaz de revertir la caída libre. Habían pasado 3 años y la desconexión con sus fieles se hacía más evidente. Las fechas del tour en nuestros escenarios eran numerosas pero las principales ciudades se caían y tomaban protagonismo recintos secundarios. A última hora la presión y demanda popular incorporaron a la gira la imprescindible parada en Barcelona. El Pabellón de la Val D’ Hebrón recibía con los brazos abiertos y el aforo completo a una banda que llegaba acompañada por Helloween y sus compatriotas Dirty Deeds.

Barcelona volvería a ser protagonista en la historia de la banda al ofrecer en 1999 el retorno del hijo pródigo y la vuelta de Adrian Smith a las faldas de la vieja doncella. El “Ed Hunter Tour” arriba un recordado 25 de septiembre al Pabellón Olímpico de Badalona para recuperar la gloria y el tronío perdido. Como siempre el público respondió, completando el aforo de un evento que se recuerda como uno de los mejores conciertos del ahora sexteto en Cataluña.

La segunda etapa de Bruce no podía comenzar mejor y menos de un año después reventaban el Palau Sant Jordi ya con nuevo disco entre manos. Un notable “Brave New World” reverdecía laureles y colocaba al combo de nuevo en las más altas cotas de popularidad.

La gira de grandes éxitos “Give Me ‘Ed Til I’m Dead” sería la protagonista en el año 2003 de un nuevo paso por Barcelona. La cita tendría lugar allá por el mes de julio en el Palau Sant Jordi como anticipo a la presentación 5 meses después del irregular “Dance Of Death” en el Pabellón Olímpico de Badalona. A pesar de la cercanía de las fechas la banda demostraba su poder de convocatoria con aforos prácticamente completos.

El idilio con la Ciudad Condal continuaría en el 2006 con la presentación en el Palau Sant Jordi de un nuevo retoño. “A Matter Of Life And Death”, posiblemente uno de los mejores trabajos de la banda en esta segunda etapa con Bruce al frente, copaba un show en el que apenas sonaron media docena de sus esperados clásicos.

Se hicieron de rogar para volver a pisar Barcelona, tendrían que pasar 7 años para disfrutar de su presencia en un escenario. Como parte del festival Sonisphere convocaban a 20.000 fieles en el Auditori Fòrum CCIB para recordar el “Seventh Son Tour” celebrando la reedición del CD/DVD “Made In England” . Apenas un año después, en mayo del 2014 repetían puesta en escena en el Palau Sant Jordi.

Y llegamos al día de autos. Programado originalmente para el 2020, el Estadi Olímpic Lluís Companys recibía la velada con más de 50.000 espectadores pero en la zona de prensa sobrevolaba la sensación que algo nos faltaba. Testigo de las venidas de los británicos desde 1984, Xavier Mercadé nos dejaba en agosto del pasado año. Apasionado por el rock y todo un referente en la fotografía musical, su ojo clínico para el momento y su inseparable cámara han inmortalizado miles de conciertos y artistas. Va por ti Xavi, seguro que lo disfrutaste tanto como nosotros desde donde estés ahora.

Aún con el sol presente y con el clasicazo “Doctor, Doctor” de sus compatriotas UFO a modo de introducción arrancaba el show tras la caída de un telón que dejaba entrever la primera puesta en escena de los británicos. Ambientación medieval oriental, templo y pagodas incluidas, para ambientar los primeros temas. Si llegas con nuevo disco bajo la manga hay que defenderlo, así que sonaban “Senjutsu”, “Stratego” y “Writing On The Wall” sin apenas pausas salvo un escueto “¡Hola Cataluña!”.

Dickinson demostraba su buen estado vocal enfundado en una estética completamente negra en la que destacaba un guiño a la cultura samurai japonesa, un pequeño moño coronaba su cabeza. No hubo que esperar mucho para disfrutar de la primera aparición de Eddie The Head en el escenario. Pertrechado en una armadura bushi y katana en mano arremetía contra la formación. Nada nuevo en la teatralidad innata del combo pero no por ello celebrada con menor algarabía por la parroquia presente.

Tras dicha trilogía inicial el “Legacy Of The Beast” toma el rumbo del concierto. Se trata de una gira de grandes éxitos y eso era lo que iban a ofrecer hasta el final. Bruce deshace la coleta, Adrian Smith empuña una guitarra acústica y suenan los primeros acordes de “Revelations”. Da comienzo el éxtasis. El decorado se renueva y desvela celosías catedralícias con imágenes icónicas de glorias pasadas. Caracterizaciones de Eddie para los álbumes “Powerslave”, “Somewhere In Time” o “Seventh Son Of A Seventh Son” que pertenecen por derecho propio al acervo universal de la cultura metalhead.

Blood Of Brothers” sucede a una nueva bienvenida, esta vez a toda la “maiden family” que con la caída de la noche ya abarrota la pista y apenas deja ver cemento en las gradas. Tres largos y jodidos años de espera, en palabras de Bruce, para volver a su querida Barcelona.

Nuevo cambio de escenario con el fuego, cruces y el purgatorio como santo y seña. Como si de Till Lindemann se tratará, Dickinson ataviado con un lanzallamas de doble cañón recorre un escenario coronado por una gran figura hinchable de Ícaro para recordarnos el trágico final de su vuelo. La dupla Smith / Murray demuestra su clase y maestría mientras el hiperactivo Janick Gers arenga a un audiencia ya de por sí entregada a la salvaje demostración de poderío de la doncella de hierro. Poco se puede decir de Steve Harris, infalible toda la noche e infatigable a sus 66 años. El actuar la noche anterior en la Sala Salamandra de Hospitalet con su proyecto British Lion no le impide volver a ser el motor y el alma de la banda.

Nuevo cambio de vestuario para “Fear Of the Dark”. La imagen y teatralidad son santo y seña para un Bruce Dickinson que surge entre la niebla con máscara y sombrero, farol en mano. Uno de los clímax del show llegaría con ”Hallowed Be Thy Name”, adornada por una sublime ejecución. Mientras Dickinson interpreta su papel enjaulado al fondo del escenario, el resto toma la primera línea para botar con los suyos. Sin duda no había mejor momento para escuchar por primera vez un esperado “Scream For Me Barcelona”.

Al igual que nuestros protagonistas el tiempo cabalga sin descanso para adentrarnos en la parte final del concierto. “The Number Of The Beast” y “Iron Maiden” sirven para despedir por primera vez al combo con una inmensa figura demoníaca de Eddie presidiendo el escenario. Maiden tira de su vieja formula magistral pero cuando algo funciona, y tan bien, para que cambiar nada.

Enarbolando la Union Jack y su clásica vestimenta de soldado granadero, Dickinson continúa con su demostración vocal en “The Trooper”, con tiempo incluso para batirse en fratricida duelo de espadas con Eddie. El séptimo integrante de la doncella de hierro se vuelve imprescindible en esta parte final del show. El magnífico esgrimista continuaría blandiendo su espada de un lado a otro del escenario en “The Clansman”, uno de los pocos temas de la etapa de Bayley en la banda que aún interpretan en vivo.

Pirotecnia, lluvia de explosiones en el escenario y traca final cual coyote versus correcaminos de la mano del frontman para cerrar con “Run To The Hills” cien minutos de espectáculo sonoro y visual.

Pero había que cerrar el circulo con Barcelona y la primera parte de la gira. El legendario soliloquio de Winston Churchill anticipa “Aces High”, tema que daba el pistoletazo de salida a la gira allá por el 2018 y que ponía el cierre a una noche de himnos y leyenda. Con un legendario Spitfire MK V coronando sus cabezas se despedían dejando la sensación de haber sido testigos de uno de sus mejores pasos por nuestros escenarios. Disfrutemos de ellos, cuando falten no seremos pocos los que les echemos de menos.

Texto: José Ángel Muñiz

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