Una tonelada de solidaridad, un mínimo de asistencia. Así podríamos definir el retorno de Raposu Rock. En barbecho desde el 2019 por la maldita pandemia, el pasado sábado volvía de dejar la misma sensación que hace tres años, somos pocos. La causa tiene difícil explicación, la climatología, el futbol, el cartel, escena saturada, falta de interés por la música en vivo, cada uno puede elegir la que crea más conveniente pero si hay algo confirmado es que cada vez es más habitual que la respuesta del público es insuficiente. No hemos venido a leer la cartilla a nadie, faltaría más, allá cada cual con su tiempo y su dinero. Las prioridades para muchos han cambiado y la música actualmente se consume de otra forma a la que estamos costumbrados. Nuestro particular meteorito sigue acercándose irremediablemente. Pese a todo la velada resulto satisfactoria en el lado solidario, los números cuadraron para la plataforma encabezada por la infatigable Rheme Peláez, de tal manera que además de la gran cantidad de alimentos, la cocina económica también se llevaría unos euros al zurrón.

Tras esa vanal reflexión, nos metemos en harina. Abrían la noche los gijoneses Chabacanos. No es habitual por este medio su forma de entender el rock pero podemos confirmar que nos agradó su sonido, en el que notamos cierta querencia a los navarros Marea. Su vocalista Alejandro Mallada se convertía en punto focal de una banda en la que destaca la buena labor de su dupla de guitarras. Una formación bien empastada que lograba conectar con los presentes. Aún continuaba el goteo de «raposos» durante su actuación, apenas 45 minutos, que allanaron el terreno para uno de los grandes reclamos del festival, The Black Panthys Party.

Un torbellino, así podríamos definir el paso de Black Panthys por el Raposu. No dejaron títere con cabeza. Desde la familia real, al machismo o la exhumación de Franco pasaron por filtro de su punk ácido e irreverente. Se hicieron dueños, literalmente, de la Acapulco para disfrute de propios y extraños a su propuesta. Una actuación que dejaba con ganas de más a la parroquia, posiblemente el momento de más afluencia del Raposu, y que tendrá continuación, aviso a navegantes, este próximo sábado en el estreno del avilesino Vallinillo Sound Fest.

Llegaba el momento de Secta, para los que ya van sobrando las presentaciones. En poco tiempo se han labrado la reputación de ser una de las bandas del hard rock más divertidas en la escena astur. Posiblemente este haya sido el concierto más accidentado que le hayamos visto. Si al inicio de su set era la voz de Michael la que se diluía en la mezcla, sería la guitarra de Juan Pablo Cotera la que tendría su minuto de protagonismo mediado el show. Pese a todo su hard rock de claro corte «acedeciano» encandiló a los rockeros más clásicos de la sala y se ganó un buen puñado de adeptos entre los que disfrutaban de su directo por primera vez.

Tras el sorteo del «merchan» donado por las bandas participantes, llegaba el cierre a cargo del combo punk rock Los Escapaos. Tanto la apertura de un festival como el colofón suelen ser tareas ingratas y en esta ocasión los damnificados de la huída de una parte de la audiencia serían los cántabros. Pese a ello salieron muy enchufados, despacharon un set sin apenas pausas ni fisuras, con buen sonido en líneas generales y conexión con una receptiva audiencia. Su punk fiestero ayudó a poner un buen colofón a una velada que si bien deja regusto a éxito, echamos en falta mayor poder de convocatoria.

P.D. Un saludo a los que nunca fallan, ellos saben quien son. También a Jorge Novales, Fernando Casas, Maitane y Larry, Jose Carlos Peláez, Nacho Asturias, Sara y Juanjo, Pachi, Eneko Ramos, Jose Antonio Fernández y mil perdones a los que seguro me olvido.
Texto y fotos: José Ángel Muñiz