Reseña: Dry River «Cuarto Creciente» (Autoproducción 2022)

Desde Castellón nos llega hoy el nuevo trabajo de los progresivos Dry River. O lo que es lo mismo: Pedro Corral (batería, coros), David Mascaró (bajo, coros), Miquel Centelles (teclado), Guillermo Guerrero y Matías Orero (ambos guitarras y coros) y Ángel Belinchón (voz, teclado y guitarra). Para este flamante “Cuarto Creciente”, grabado en los Estudios Riff Raff, la banda ha contado con dos nombres que podríamos calificar de ilustres: el productor Carlos Raya, en tareas de composición y producción, y el ingeniero Dave Collins (Metallica, Soundgarden, Sepultura…) en masterización. Todo para configurar un álbum adornado por el arte de Agustín Escudero y que se encuentra en la calle desde el pasado 11 de octubre.

Elegante piano el que adorna el tímido prólogo de una “Culpable” que ya da muestras de los mil y un recovecos que habrá de recorrer el álbum durante los próximos 47 minutos. La banda dibuja buenas estrofas aquí, las reviste de arreglos orquestales y profundiza en unos desarrollos técnicos que se emparentan con unos Dream Theater de la era Rudess. Por ahí que sorprenda poco y menos ese solo tan Petrucciano o el trazo tan diverso del epílogo. Un más que digno arranque en cualquier caso:

La gran primera parte de “Segundo Intento” serpentea entre el pulso más Rush que describen las primeras estrofas y el más a la Journey que entregan sus pegadizos estribillos. Y es que Belinchón está fantástico aquí. Elegante, cristalino, fundiéndose con este trazo ambivalente y derrochando toneladas de clase. Conecto en gran medida con la amplia gama cromática que posee el puente central. También con ese epílogo ardiente y metálico. De mis favoritas del álbum.

La Libertad” tiene algo de teatral. Como si nos encontrásemos ante un gran musical. Se suceden las escuchas y no dejo de imaginarla como un cruce entre Disney, Meat Loaf e incluso Devin Townsend. Lo mejor es el buen nivel técnico que el nutrido combo castellonense entrega a lo largo y ancho de este corte menos retorcido, más funcional, y no por ello fallido. Mucho gancho y la sensación de que podría funcionar a lo grande en sus directos.

Otro de los cortes más llamativos del álbum es sin duda este “La Serpiente”. La banda entrega su lado más pesado aquí, también más oscuro. Sin perder ese pulso algo teatral, Belinchón traza una línea de voz de lo más colorista, si bien por momentos algo atropellada. A bordo de una escritura que recupera aquella amplitud de miras del par de temas iniciales, debería encandilar a la parroquia más proggie del sexteto.

De nuevo con el piano como principio, “Si Estás Tú” resulta en una balada de estrofas desnudas y estribillos recargados. Tan clásica, elegante y funcional como cabría esperar. Adornada por un estupendo solo de guitarra durante el puente y que llega a término sin grandes sorpresas pero también sin grandes errores.

Capitán Veneno”, dedicada a la figura de Juan Carlos Aragón Becerra, compositor de Carnaval De Cádiz, rezuma Haken y/o prog post-theateriano por casi todos sus poros. Dry River vuelan alto en cuanto a ejecución durante este sexto corte del álbum. Curiosamente, tanto la letra de la misma como la forma en que Belinchón la dispone sobre las distintas estrofas y estribillos me recuerda, y no poco, al bueno de José Carlos Molina y sus incombustibles Ñu. Ojo al enfebrecido puente central:

Dividida en cinco partes, “Calles Inundadas” es una pieza de orfebrería progresiva que convendría ser tomada en cuenta. Por trazo y también por ejecución. Es en gran medida un corte colorista en lo musical y no obstante oscuro en lo lírico. Que reviste de guitarras graves y contemporáneas lo que, en esencia, no deja de ser un prog de marcado carácter clásico. Como clásico es el solo que integra su puente central y emocionante el lirismo del epílogo. Estupenda.

Funeral”, con letra de Carlos Raya y la colaboración de Luis Prado al piano, recupera esas pulsiones teatrales que han ido yendo y viniendo a lo largo del tracklist. Su transición hacia entornos más endurecidos no resulta sorprendente a estas alturas pero tampoco puedo decir que esté mal resuelta. Otro tema con gancho y que encuadraría en el bando ganador de este “Cuarto Creciente”.

Despedida”, aún cuando sus intenciones me resultan a veces un tanto naif, es otro corte bien construido desde la bella calma inicial hasta la jovial grandilocuencia de su tronco central y el regreso a la calma del epílogo. Un final cuyo espíritu viene a corresponder, y no a refractar, al disco al que echa el cierre, y con el que conecto sólo a veces.

Lo mejor que se puede decir de este “Cuarto Creciente” es la fortísima personalidad que desprende a lo largo y ancho de sus bien pensados y mejor ejecutados nueve temas. Dentro de ellos cabe casi de todo pero en especial, claro, mucho acento progresivo. Moderno éste en gran medida pero con pequeños guiños más clásicos y embrionarios. Cabe asimismo una marcada teatralidad, buenos arreglos y todavía mejores melodías. Y aunque tenga que decir que no me conquista en su totalidad, sí que mi nota, de haberla, rara vez bajaría del notable. Gran trabajo.

Texto: David Naves

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