
Nuevo disco, tercero ya, para el proyecto funeral doom del Mass Burial Ángel Chicote. Ornamentos Del Miedo debutaría allá por 2019 con “Este No Es Tu Hogar”, al que dos años más tarde seguirían el largo “Ecos” y el Ep “Destierro”. Ahora nos llega una nueva obra en formato largo titulada “Yo, No Soy Yo” donde Chicote no contento con ocuparse de todo el aspecto vocal e instrumental, se encarga además de grabación, mezcla y masterización. Igualmente, también del artwork y los textos salvo en “Sombras De Los Días Venir”, obra de la escritora argentina Alejandra Pizarnik. Este nuevo trabajo apareció vía Vertebrae, Nekromantra Records y Negre planY (subsello de Negra Nit) el pasado 24 de junio.
En las ligas del funeral doom de largos desarrollos no sorprenderán los doce minutos y medio que ocupa el primer corte de este “Yo, No Soy Yo”. Un arranque atmosférico muy marcado el de este “Abismo Interior” que diverge de manera algo abrupta hacia un doom apesadumbrado en lo musical y rugiente en cuanto a voces. Cierto es que el casi obligado registro roto de Chicote aparece un tanto escondido bajo la manta de teclados y guitarras, si bien no es menos verdad que este primer corte me resulta atractivo por construcción. E incluso desde el plano técnico por la forma en que el burgalés adorna con buenas melodías y mejores solos casi cada uno de los rincones de este buen arranque. Un tranquilo puente central añade algo de calma y reposo antes de conducirnos hacia el fantástico epílogo. Verdadero punto fuerte, al menos para quien escribe, de esta primera entrega.
Sin alejarse del género, cierto es que “Todos Los Regalos Que Da La Vida Están Envenenados” entrega algo más de brío. Fundamentado en un riff más ágil y en una batería algo más viva, este segundo corte irá dibujando un doom que, por momentos, puede recordar a los My Dying Bride más primitivos. Persiste de igual modo unos omnipresentes teclados, que apuntalan la cara más atmosférica del proyecto, solidarios a una escritura igualmente más viva y diversa. Los buenos engarces entre estrofas, con solos de mérito, la elegancia casi espacial de sus tramos más desnudos y la bien dibujada melancolía de su epílogo. Estupenda.
El tema que viene a dar nombre a este “Yo, No Soy Yo” enseñorea en primer término el que fácilmente sea mi riff favorito de entre todos los que pueblan este tercer álbum del burgalés. Sin olvidar la obligada carga atmosférica que caracteriza su música, cierto es que este tema título parece algo más focalizado en las guitarras y no tanto en teclas y arreglos. Por ahí emana una cualidad que vendrá a compensar, cuando no a ampliar, el registro argumental de este tercer trabajo. Estupendas esas guitarras dobladas que nos conducen hacia su tronco central y la calma tensa que éste dibuja una vez irrumpe con toda su paz. Aquí hay tonos de nuevo un tanto espaciales, pienso esta vez en Mesarthim, si bien más en el fondo que en la forma. Cuando todo vuelve a cauces más reconocibles, éstos resultan ahora más equilibrados, menos disociados del resto del álbum, dando pie a una ristra de solos no espectacular pero sí más que resultona durante un más que notable epílogo.
Como si pretendiese dialogar con su predecesora, “Parásitos” arranca en marcada clave atmosférica desde unas teclas, ahora sí, de una personalidad nada ajena al género que las acoge. Y pese a sus buenos asideros, en especial el buen trabajo en cuanto a guitarras, no niego que es quizá el corte con el que más me cuesta conectar de todo “Yo, No Soy Yo”. Se desarrolla lenta y apesadumbrada de forma más que correcta. Acomete buenos cambios de ritmo e incluso dibuja una línea de batería interesante. Pero hay algo en su forma global que no me termina de cuajar. Quizá demasiado correcta. Quizá un tanto predecible. No lo sé. La sensación que me deja con el correr de las escuchas es la de que “Abismo Interior” hacía lo mismo pero mejor.
Qué elegante ese pequeño prólogo de una “Sombras De Los Días Venir” donde Chicote musica el poema homónimo de Alejandra Pizarnik mientras dibuja un corte acendrado, algo arisco en cuanto a arreglos, de obligado carácter triste y apesadumbrado, y donde detecto algún grado más de amargor en la voz del burgalés. Se las arregla para diferir del disco en que se encuentra sin alcanzar a sonar periférica. Arrastra una sólida carga atmosférica en algunos de sus riffs y juega lo suficiente con las estructuras como para resultar atractiva. Notable del mismo modo por la manera en que engarza y dialoga, ora al piano, ora a la guitarra, otorgándole un caminar siempre llamativo e incluso poderoso. Y si bien su tronco central, enigmático, sí, no me atrape como sí lo hacen otros dentro del álbum, su poderoso epílogo vence a la hora de exudar la cara más descarnada de Ornamentos Del Miedo, con Chicote en los que posiblemente sean los tonos más desgarrados y febriles de todo “Yo, No Soy Yo”. Fantástica por momentos y muy disfrutable en su conjunto.
“Insectos” trae de vuelta aquellos sintes en clave espacial que dibujara el tema título y los confronta a un doom que, de nuevo, se atreve a divergir con los grandes leitmotivs que pueblan el último trabajo del burgalés. Los riffs de su curioso primer tercio, por extraño que parezca, se sitúan más cerca de bandas como Reverend Bizarre o incluso Witchfinder General que de Officium Triste o Evoken, bandas estas últimas citadas como influencia directa en la info que nos adjunta el sello. En cualquier caso, toda vez superamos su curioso prólogo, todo parece reconducir hacia terrenos más reconocibles, dejando cierto regusto a los Celestial Season más canónicos y dibujando, entre el ir y venir, uno de los cortes más diversos de todo el álbum. Una evidencia de esta mayor diversidad puede hallarse de la misma forma en los alucinados guitarrazos que conducen a su larga parte central, así como en la llamativa línea de teclado que irrumpirá más adelante. Llamativa, diferente y no por ello peor. Al contrario.
Chocan esas letras en lengua de Cervantes para un proyecto de estas características. Está uno tan (mal)acostumbrado al inglés en este género que la elección se le puede llegar a atragantar a más de uno. En el fondo no es más que una mera cuestión de hábitos. En lo puramente musical éste es un disco mucho más ágil de lo que pudiera parecer en un primer momento. En una primera escucha. En sus casi setenta minutos de duración cabe el ideario suficiente como para construir un álbum que no atosigue al oyente a base de repetir la misma fórmula, una y otra vez, hasta el ahogamiento. Que hay discos que lo hacen, y muy bien por cierto, pero este, para bien o para mal, desde luego no es el caso. Si además la producción, sin llegar a ser brillante, tampoco alcanza a empañar el resultado final, estamos sin duda ante el que será uno de los grandes discos doom del año dentro de nuestras fronteras. Que buena falta hace.
Texto: David Naves